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Xilografía en Pekín

En 2014, cuando todavía estudiaba Bellas Artes en Valencia, la artista visual Coco Esteve pasó un semestre inolvidable en Pekín

Coco Esteve es imparable: desarrolla proyectos que combinan arte contemporáneo y educación, explora las posibilidades del bordado botánico e imparte talleres de esta disciplina por toda la Península. En 2014, cuando todavía estudiaba Bellas Artes en Valencia, pasó un semestre inolvidable en Pekín con una beca.

¿Cómo se busca piso en Pekín?
Siendo insistente. Los estudiantes chinos estaban muy interesados en conocer a otros alumnos extranjeros, así que cuando hablaban conmigo, yo enseguida les decía: “Hola, soy Coco, ¿sabes de algún piso?”. Conseguí uno frente al campus, en una planta 18 y compartido con un chico suizo y una chica de Hong Kong.

¿Se sintió aislada por no hablar chino?
La primera semana, sí: lloré bastante; renegaba de estar allí y también de tanta contaminación. Había días que llevaba mascarilla. Pero pronto nos montamos nuestra familia postiza, con el gato Bruno. Nuestros vecinos de enfrente eran chinos: vivían allí los padres con sus hijos y también los abuelos. A veces nos íbamos a cenar con ellos a unos barecitos que había cerca. La madre nos intentó enseñar medicina china en inglés y compartir lo que sabía sobre técnicas de masaje.

Cuéntenos alguna aventura de sus días allí.
Salir a la calle ya era una aventura para mí. También lo fue ir de excursión a la Gran Muralla y dormir sobre sacos de arroz en un poblado con caballos. Me invitaron los compañeros chinos del taller de xilografía a base de darme unas cuantas palabras clave, porque apenas hablaban inglés: “Mañana, montaña, caballo, granja”. Solo con esa información decidí acompañarles.

La imagino comprando pinceles y papel de arroz.
Así fue. Además, la ciudad está dividida en distintos gremios y todas las tiendas de arte estaban más o menos juntas, por lo tanto había donde elegir. Me traje mucho material: papel, tintas, pinceles y unos cuños de piedra que graban allí para hacerte tu sello personal. Yo quería diseñar los míos y compré las piedras y las herramientas. En total, me traje 80 kilos de equipaje.

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