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Escapadas

Covilhã, historias de lana e hilanderas

La comunidad judía convirtió la ciudad portuguesa en un gran centro textil, cuya arquitectura industrial se mantiene a duras penas a la búsqueda de nuevos usos

El puente de Carpinteira en Covilhã, obra del arquitecto João Luís Carrilho da Graça y los ingenieros António Adão da Fonseca y Carlos Quinaz. Ampliar foto
El puente de Carpinteira en Covilhã, obra del arquitecto João Luís Carrilho da Graça y los ingenieros António Adão da Fonseca y Carlos Quinaz.

En la sierra da Estrela, en el lugar de Penhas da Saúde, me alojo en el Luna Hotel dos Carqueijais. La habitación se encuentra en el piso más alto, desde el cual se divisa una amplia y grata naturaleza. Estas montañas han proporcionado, a lo largo del tiempo, pastos para los ganados, maderas, minerales, fuerza hidráulica, caza, pesca y viajeros contemplativos ante la majestuosidad de una naturaleza casi virgen y generosamente dotada para la autosubsistencia. La ciudad más cercana desde este promontorio es Covilhã, una urbe con una gran historia. El rey don Sancho le concedió los primeros foros en el año 1186, que darían origen a la provincia que hoy se conoce como Beira Baixa. Aquí nacieron navegantes y cosmógrafos como Pêro da Covilhã, organizador del viaje de Vasco de Gama a la India y primer portugués en pisarla; los hermanos cosmógrafos Francisco y Ruy Faleiro, el primero autor del Tratado del Esphera y del arte del marear; o el astrólogo y médico de João II José Vizinho. Pero también escritores y artistas importantes como Heitor Pinto, Eduardo Malta, Costa Camelo o Alçada Baptista. El infante D. Henrique, el iniciador de las navegaciones, fue señor de Covilhã.

Algunas de las viejas fábricas han perdido prestancia; ahora son centros evangélicos o super­mercados

Covilhã, historias de lana e hilanderas

Covilhã, que no llega a los 100.000 habitantes, es una ciudad universitaria y fue siempre muy relevante por su gran industria textil derivada de la lana. Lana cortada, lavada, cardada, hilada, tejida, teñida. La oveja como materia prima, los pastos, la trashumancia. Las primera fábricas se levantaron en el siglo XVIII. Tiempos de esplendor y tiempos de profundas crisis. Aún hoy esta renovada tradición sigue siendo fuente fundamental de trabajo y riqueza. En el Museu de Lanifícios da Universidade da Beira Interior, cuyo anterior uso fue un cuartel, se explica muy bien esta historia industrial a través de documentos, máquinas de cada época, fotos, vídeos y restos de objetos como tijeras de esquilar que han podido conservarse. En Covilhã y alrededores hay un curioso e interesante paisaje de arqueología industrial. Muchas fábricas abandonadas son ahora como buques espectrales, como iglesias desamortizadas y dejadas a su suerte. Y una de las labores de la Universidad, el Ayuntamiento y el Estado ha sido rehabilitar, reconstruir y conservar este inmenso patrimonio buscándole además otras utilidades que no son fáciles. Las antiguas oficinas, talleres, máquinas, hornos, lavaderos y chimeneas yacen a su suerte. La deslocalización los vació, los dejó detenidos en el tiempo, los abandonó y se fueron lentamente arruinando. Aquellas máquinas otrora ruidosas se fueron silenciando, así como la vida de miles de personas que vivían de este trabajo. ¿Arqueología del pasado, del presente o ya del futuro? Todos estos espacios, alguno de los cuales visito, se han convertido en un lugar teatral del drama o la tragedia humana conformada a lo largo de la historia. Pedro Ortuño fotografió y documentó todos estos espacios en su libro Arqueología do presente: lanifícios. Otro libro realizado para documentar esta arquitectura industrial abandonada, de Carlos Madaleno y Sandra Ferreira, recorre las fábricas en desuso más contemporáneas. Magníficas fotos de cactus entre las ruinas, las altas chimeneas de ladrillos rojos apagadas, la naturaleza posesionándose de nuevo de la antigua soberbia industrial. La reutilización para otros menesteres por lo general les ha robado su antigua prestancia. Ahora algunos son centros evangélicos, supermercados o lugares de recreo público. Da tristeza ver los grandes portalones de hierro antes altivos ahora carcomidos por el óxido.

La trashumancia

El Museo de Lanificios está en el casco histórico de la ciudad junto a la Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, que es quien lo rige. Dada las dimensiones del mismo, también hay espacios en otras naves destinados a talleres de artistas. Estas tierras siempre estuvieron dedicadas al desarrollo agropecuario. El ganado lanar fue su fuente de riqueza. La trashumancia era compartida por España a través de Extremadura y Andalucía. Los judíos convertidos al cristianismo, los cristianos o católicos nuevos, tuvieron una acción decisiva en el desarrollo industrial. Muchos llegaron a estas tierras de difícil acceso huyendo de las persecuciones, de la Inquisición, sobre todo en los siglos XVII y XVIII. De todo esto se habla en un volumen muy interesante sobre la comunidad judía de Covilhã escrito por María Antonieta García. Durante el siglo XVIII, la política ilustrada del marqués de Pombal fomentó la industria de las lanas. Construyó en Covilhã, cerca de la Ribera da Goldra, la Real Fábrica de Panos en el año 1764. Además, el marqués, con buen tino, promocionó las escuelas de aprendizaje: para los sastres, diseñadores, tintoreros, maquinistas, tejedores, etcétera. Poco a poco, del consumo interno se pasó a las exportaciones a las colonias. Las diferentes revoluciones tecnológicas se fueron asentando hasta nuestros días y, a pesar de las dificultades, esta industria permanece en activo y competitiva. Covilhã fue parte activa en los movimientos sociales y la llegada de la República, y también sufrió al Estado Novo que desconfió de estas élites industriales, de estos comerciantes y artesanos. Llegada la democracia, la pérdida de los mercados coloniales produjo una gran crisis y poco después hubo que afrontar otra debido a una nueva revolución tecnológica. Pero Covilhã y toda la zona en estos últimos tiempos han logrado remontar de nuevo el vuelo, convirtiéndose en una de las mayores empresas de lanas de Europa.

Antiguas fábricas textiles en Covilhã (Portugal). ampliar foto
Antiguas fábricas textiles en Covilhã (Portugal). Getty

Además, en Covilhã hay otros tesoros artísticos, como la iglesia de São Martinho, del siglo XII, o la de la Santísima Trinidad. También son bellísimos los palacetes de la burguesía industrial, datados en el siglo XIX y principios del XX. Y un curioso edificio racionalista que fue una importante compañía de transportes, en cuya fachada luce un gran mapa de la península Ibérica con los nombres de todas las ciudades de destino.

Las hilanderas de Covilhã eran muy famosas. En la industria textil siempre trabajaron muchas mujeres. En la mitología griega, Aracne tenía una extraordinaria pericia para tejer y era un tanto soberbia. Desafió a una poderosísima diosa, Atenea, la protectora de las artes textiles. Cuando Atenea se enteró del asunto que había tejido, montó en cólera y la convirtió en una araña. Aracne se había atrevido a tejer nada menos que las complejas aventuras amorosas de los dioses, sus infidelidades, entre ellas las del supremo Zeus. Hay muchas recreaciones pictóricas de esta historia, como la de Tintoretto en los Uffizi o las más conocidas Hilanderas de Velázquez en el Prado. Aracne está en todos estos edificios industriales abandonados de Covilhã pagando aún su pena. Las telas de araña abundan posadas sobre cualquier materia, incluso en nuestras mentes.

César Antonio Molina, exministro de Cultura, es autor de Todo se arregla caminando (editorial Destino).

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