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Cala En Tortuga, paraíso playero

Oculto en el norte de Menorca, un espectacular arenal accesible a pie o en barco

Camino a la cala En Tortuga, en el norte de Menorca.
Camino a la cala En Tortuga, en el norte de Menorca. AGE Fotostock

No podíamos conmemorar mejor el año internacional del turismo sostenible que en esta idílica franja arenosa de Mahón, una de las mejores expresiones playeras de las Baleares. Y es que En Tortuga es menorquina en toda su polisemia: litoral sin intervención humana, aguas que crean destellos como el cristal, obligación de llegar a pie o en barco, y, por qué no decirlo, mayor número de bañistas del esperado. Un paraíso embolsado en el único parque natural de Menorca, el de la Albufera de Es Grau.

Para llegar a este paraje de Tramontana (Norte), hay que poner como destino el faro de Favàritx. Franqueado el portalón del predio Son Camami.la, a poco más de un kilómetro, surge a la izquierda una explanada usada como aparcamiento, pero que se desborda a eso de las 11.00. Nos sorprende un escenario pizarroso, casi lunar, entre piedras erosionadas con una incesante variedad de formas.

Seguimos unos cien metros hacia el faro hasta encontrar la barrera que indica el camino a las playas, que al mismo tiempo sirve de tramo al Camí de Cavals. Para llegar a En Tortuga, también conocida como Arenal de Morella, se tardan 20 minutos de agradable paseo, con calzado algo rígido y todos los pertrechos necesarios para pasar el día en un ecosistema genuino (intentar llevar sombrilla y gafas de buceo).

Esta costa es la primera que ve amanecer en España, y su vegetación crece erizada y almohadillada como defensa ante las condiciones extremas que impone el viento Norte: mientras se secan las hojas que soportan el vendaval, las resguardadas logran mantenerse verdes.

Amantes del naturismo

Detrás de los 200 metros de arena blanca y fina de En Tortuga, el agua de lluvia se embalsa en un prat (humedal) declarado de “protección estricta” y al que, por tanto, no podemos acercarnos. Albufera que otorga al conjunto la sensación, abrumadora y magnética, de estar en un paraje salvaje. Se explica el naturismo que algunos practican sin perder de vista el esbelto, totémico faro con dibujo en espiral y al que luego giraremos una visita.

Estas aguas, muy atractivas para los niños, son de tal nitidez, que si se nos caen las llaves al fondo, las recuperamos en un santiamén. Dejamos para otro día el desvío a la cala Presili, menos afectada por los restos de posidonia, pero en la que cubre al poco de entrar al mar.

Puede que el viento resulte insoportable –la tramontana suele castigar durante varios días seguidos: aseguran los autóctonos que múltiplos de tres. Una alternativa, antes de recurrir al Sur, es marchar al resguardado núcleo turístico de Arenal d’en Castel (Es Mercadal). Otra magnífica elección, esta vez urbanizada.

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