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Un refrescante paseo por la costa guipuzcoana

La estimulante senda acantilada que descubriera Víctor Hugo enlaza el puerto de Pasajes y la playa donostiarra de la Zurriola

Mirador sobre la punta de Monpás, cerca de San Sebastián.
Mirador sobre la punta de Monpás, cerca de San Sebastián.

No advierte uno lo hermosa que resulta la costa guipuzcoana hasta que no recorre sendas acantiladas como la que une las bahías de Pasajes y San Sebastián. Nueve kilómetros de delicioso e irregular trayecto en el que se invierten unas dos horas y media.

La etapa arranca dejando el coche en el aparcamiento gratuito de Trintxerpe, en Pasajes de San Pedro. Después bordeamos esa suerte de fiordo que da entrada a la ensenada y con cuyo tránsito de barcos -de hasta 180 metros de eslora- realizaremos fotografías de impacto. En Albaola podremos ser testigos del trabajo de carpintería de ribera tal cual era en el siglo XVI, gracias al proceso de construcción de la réplica de la nao San Juan, hundida en Canadá en 1565. Se están labrando las cubiertas, aunque la botadura no se espera antes de 2020. En el resto del astillero se exponen desde chipironeras hasta una réplica de txalupa ballenera. Para que el sol no castigue, quizá sea buena opción posponer esta factoría marítima para la tarde.

Buscamos la pendiente de escaleras que nos sube al faro de Senokozulua, con perspectivas aéreas de la bocana pasaitarra. Y enlazamos con el vial al insólito faro de la Plata, cuya blanca mole trasciende a castillo medieval acusando el dominio de la moda romántica imperante en 1855. Asombroso.

Víctor Hugo

¿Qué decir del sendero Talaia GR 121 de señales blanquirrojas? Pues que es un subibaja a media ladera, de embrujo natural, coincidente en la mitad del trayecto con el Camino de Santiago. Es la vereda que en sentido contrario recorrió el novelista Víctor Hugo, la que le llevó a pernoctar en Pasajes de San Juan, imbuido del síndrome de su coetáneo y compatriota Stendhal.

La playa de Zurriola, en San Sebastián. ampliar foto
La playa de Zurriola, en San Sebastián. Getty Images

Tras los vestigios del acueducto que suministraba agua potable a Donostia avistaremos la punta de Animeta. Más abajo veremos caminantes pululando cerca de las olas, pero resulta peligroso emularlos. Especialmente hermoso es el mirador de madera, rodeado de genuinos y jugosos cantiles, frente a la batería de costa construida durante la Guerra de Cuba. Ya en el monte Ulía, negociaremos los escalones labrados desinteresadamente por Josetxo Mayor, fallecido en abril. Que nos detengamos en la fuente de Kutralla no quita para que hayamos comprado una botella de agua.

Conforme descendemos a Donosti, nos acompaña la estampa del arenal de la Zurriola, que en bajamar resulta formidable, y bajo los últimos rayos del sol, digna de los mejores instagramers. La bordeamos para que, en la calle Okendo, el autobús E9 nos devuelva a Pasajes.

Queda subir a la motora para degustar las raciones del restaurante Ontziola de Pasajes de San Juan, pueblo que pide excursión aparte. Contar con la exposición de la gloria local, Paco Rabanne.

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