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Los volcanes de La Garrotxa

La comarca gerundense esconde en su ondulado paisaje verde 40 conos volcánicos que invitan al senderismo

El paisaje volcánico de la Garrotxa, con el volcán de Santa Margarida en primer plano.
El paisaje volcánico de la Garrotxa, con el volcán de Santa Margarida en primer plano. AGE

Cuando a uno le hablan de volcanes, lo primero que imagina son conos humeantes, llamaradas que espantan al cielo y vómitos de lava incandescente que se deslizan ladera abajo, con la pegajosidad de una plastilina anaranjada. Pero claro, si llegas 100.000 años tarde al espectáculo, lo que queda después de la fiesta ígnea no es más que un paisaje manso y suave, en el que cuesta reconocer esa figura volcánica que todos pintamos algunas vez de niños en nuestro cuaderno escolar.

Es lo que ocurre cuando visitas la comarca catalana de La Garrotxa, una de las regiones volcánicas más representativa de la península ibérica y una de las más importantes de la Europa continental. A primera vista la suavidad de los relieves y el sorprendente orden del paisaje no parecen guardar relación con las actividad volcánica. Pero los cráteres, haberlos… haylos. Concretamente más de 20 coladas basálticas y unos 40 conos bien disimulados por la erosión y la densa vegetación en el entorno de Olot, la capital comarcal.

Existen varios senderos señalizados por los responsables del parque natural que conducen al caminante de cono en cono, es decir, de sorpresa en sorpresa. Por ejemplo, el itinerario 1 conduce a la fageda d’en Jordà, a Can Xel y al volcán Santa Margarida.

Un globo aerostático de Vol de Coloms en La Garrotxa (Girona). ampliar foto
Un globo aerostático de Vol de Coloms en La Garrotxa (Girona).

La fageda (hayedo) es una verdadera selva de carrocería verde pero corazón de claroscuros. El especial microclima húmedo de la zona ha permitido la existencia de hayas en esta escasa altura. Durante unos minutos el caminante se sumerge en un mundo de luz matizada, entre troncos desnudos y rectilíneos de hayas de casi algunas decenas de metros de altura que crecen sobre antiguas coladas de lava del volcán Croscat. Un paisaje cautivador y misterioso.

El Santa Margarida, el cono más famoso del parque es –los expertos dixit– un volcán de tipo mixto que registró fases eruptivas de carácter explosivo, una de las cuales abrió un amplio cráter circular. Una senda permite descender hacia el fondo del cráter, ocupado por verdes prados y una pequeña ermita románica. Una de las imágenes más encantadoras del parque. El cráter circular tiene un diámetro de 330 metros y las laderas aparecen tapizadas por encinas y especies caducifolias.

Si desde aquí encamina los pasos al aparcamiento de Santa Margarida puede empalmar en ese punto con el itinerario 15, que le llevará hasta el volcán Croscat, el mayor y más joven volcán de la península ibérica. Su última erupción se registro hace 11.000 años. La intensa explotación como cantera de greda a la que fue sometido hasta 1991 dejó un enorme corte de 100 metros de altura que permite contemplar los materiales piroclásticos de tonos negros y rojizos emitidos por la bocanada de magma.

Pero quizá el cráter más singular de esta zona volcánica sin apariencia visual de tal sea el Montsacopa, un volcán estromboliniano que tuvo su última actividad hace 100.000 años y que está, literalmente, en el centro del casco urbano de Olot. De hecho la senda que sube a la cima, presidida por la ermita de San Francisco, parte de una de las calles del pueblo.

Y es que La Garrotxa es una comarca tan ligada a sus volcanes que hasta tiene uno urbano.

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