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Atracón de nieve en las pistas de esquí

De la falta de nieve al exceso de ella, las estaciones de esquí del norte preparan sus pistas para reabrir en una temporada de extremos

Una máquina quitanieves en la estación de Cerler este lunes. Ampliar foto
Una máquina quitanieves en la estación de Cerler este lunes.

La ola de frío polar ha inundado de nieve las estaciones de esquí del norte de España. En cuestión de horas hemos pasado del “no se puede esquiar” por falta de nieve al “no se puede esquiar” por exceso de ella. Esta vez la borrasca ha entrado de norte, con fuerza, y ha dejado entre 60 y 80 centímetros en Grandvalira, en Andorra; 70 centímetros en 24 horas en Baqueira Beret, en Lérida, y en torno a un metro en Cerler, Huesca, donde después de dos días seguidos sin parar de nevar alcanzan ya espesores de entre 1,20 metros y 1,50 metros en las zonas más altas. “Está siendo una nevada excepcional", dice Gabi Mur, director de la esta última estación. "Aquí nos afectan normalmente las borrascas de sur y no tanto las de norte porque no pasan las crestas de los Pirineos y nosotros estamos en el lado meridional. Pero esta vez, si. Ha sido tan intensa que ha saltado por encima de la cordillera y ha dejado nieve incluso en cotas bajas; en el pueblo de Benasque, por ejemplo, que está a 1.138 metros de altura”.

Un hombre intenta desenterrar su coche en Benasque, tras la gran nevada caída en el Pirineo. ampliar foto
Un hombre intenta desenterrar su coche en Benasque, tras la gran nevada caída en el Pirineo. EFE

Durante el domingo 15 de enero, Cerler ha estado cerrada; la mayor parte del personal que trabaja en la estación ni siquiera ha podido subir este lunes a las pistas y de momento solo se ha conseguido limpiar parte de la carretera y los aparcamientos de la zona baja; a la zona del Ampriu, a 1.912 metros de altura, una de las entradas principales, al final del lunes aún no se había conseguido llegar. Las máquinas tampoco han podido alcanzar todavía la cota más alta, la cumbre de El Gallinero, a 2.700 metros de altura, de donde parten algunas de las pistas más bonitas de la estación y de todo el Pirineo.

Situación similar se ha vivido en Formigal, Huesca, cerrada también durante el domingo, y en Grandvalira, Andorra, donde el lunes solo se ha podido esquiar en las partes más bajas. “Hacía mucho tiempo que no teníamos una nevada como ésta", asegura Enric Barbier, director técnico de Grandvalira. "No se ha podido ni sacar las sillas de los garajes; el viento ha impedido utilizar las máquinas pisa-pistas porque levanta una ventisca muy fuerte y los conductores no ven nada. A las partes más altas aún no hemos podido subir. No sabemos lo que hay ahí”, dice. Pero el caso es que es nieve lo que quieren las estaciones (y los esquiadores), han rezado para que caiga y están preparadas para recibirla. Entonces, ¿por qué se colapsan cuando cae de forma abundante y qué hacen para remediarlo? Aquí van algunas pistas.

Ante todo, la seguridad

La razón fundamental por la que se cierran las estaciones después de una nevada intensa es por seguridad, por el riesgo de aludes. “El problema es que cuando hay tanta nieve el peso acumulado es muy alto, hay falta de cohesión con las capas inferiores y la propia inclinación del terreno provoca el desprendimiento”, explica a EL PAÍS Enric Barbier. A veces también son los propios esquiadores de fuera de pista quienes, ávidos de estrenar la nevada, cortan con sus esquís las placas de nieve y desencadenan el alud. No se pueden abrir las pistas hasta que se conoce cuál es la situación en la montaña y el peligro que entraña para los usuarios; si es necesario, hay que provocar avalanchas de forma controlada para evitar que caigan sobre la gente. “Aquí utilizamos el sistema Gazex", explica Gabi Mur. "Tenemos distribuidos por las zonas de más riesgo unos cañones que desencadenan explosiones de gas propano y oxígeno; los activamos por control remoto y la onda expansiva hace que la capa de nieve se rompa y caiga el alud”.

En Grandvalira combinan este sistema con la actuación de personal especializado sobre el terreno incluso con el uso de helicópteros cuando las condiciones lo permiten, como sucede también en Formigal. Asegurada la estación, es el turno de las máquinas pisa-pistas; su labor, compactar la nieve, preparar los descensos y ayudar también a limpiar los remontes. A menudo las sillas están semi sepultadas por la nieve al igual que las pinzas que las sujetan y los sensores de seguridad de cada pilona, ¡y hay muchas pilonas repartidas por la montaña!.

¿Cuánto tiempo se tarda en poner a punto una estación? Depende de la cantidad de nieve y de las condiciones climáticas. Si, como está ocurriendo estos días, el viento sopla por encima de los 20 metros por segundo la cosa se complica, las máquinas no pueden trabajar y los remontes tampoco. En estos momentos, por ejemplo, hay más de un metro sobre las terrazas de las cafeterías al aire libre de Cerler; eso no se podrá limpiar antes de dos días. 24 horas, al menos, para habilitar las pistas. También hay que limpiar los accesos y los aparcamientos. A las tres de la madrugada del lunes empezaron a retirar la nieve de estas zonas en la estación del valle de Benasque y a última hora del día aún estaban trabajando en eso.

Una máquina quitanieves retira la nieve acumulada en la estación de Baqueira a causa del temporal que azota la región. ampliar foto
Una máquina quitanieves retira la nieve acumulada en la estación de Baqueira a causa del temporal que azota la región. EFE

Hora de disfrutar

Con la estación preparada, sin riesgo de aludes, remontes en funcionamiento y accesos abiertos es el momento de empezar a disfrutar de este regalo. La nieve recién caída, la nieve polvo, es muy seca y ligera y deja esquiar con mucha facilidad. Un metro cúbico de este tipo de nieve pesa 150 kilos; un metro cúbico de nieve pisada, más de 800. Si la temperatura se mantiene por debajo de cero en los próximos días la nieve polvo aguantará en esas buenas condiciones, en terreno abierto, durante bastante tiempo. Y la que pisen las máquinas en las pistas también resistirá.

En Cerler creen que prácticamente está asegurado el resto de la temporada, que este año es larga porque la Semana Santa cae tarde, en abril. Pero, sorprendentemente, seguirán haciendo nieve artificial. Con la nieve que producen los cañones se reforzarán las zonas más bajas y se tapará la que ha caído del cielo con una capa más dura que conservará los espesores durante los próximos meses.

En Grandvalira no lo tienen tan claro y ponen de ejemplo lo que ocurrió en los Alpes a principios de temporada: nevó mucho pero luego las altas temperaturas y la lluvia se llevaron todo por debajo de 2.000 metros. Por eso en la estación andorrana también van a seguir utilizando los cañones, por si acaso.

Gran parte de los aficionados que han esquiado en Navidades con más penuria que gloria están deseando volver lo antes posible a la montaña y disfrutar de esta abundancia. Para ellos, Gabir Mur tiene algunas recomendaciones. “Por ahora conviene no salir fuera de pistas hasta que el manto de nieve se estabilice, esquiar preferiblemente en zonas de bosque y pistas ya pisadas y seguir siempre las recomendaciones de los especialistas de la estación”. También José María Ciria, presidente de la Asociación Turística del Valle de Benasque, ofrece un consejo: “En estos momentos no hay nieve solo en la montaña, también en el pueblo hay un metro, así que lo mejor  es pasear por zonas seguras, resguardarse al calor de una chimenea y disfrutar de la gastronomía del valle”.

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