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Lección de arte en el Barrio de las Letras

Entramos en las galerías y los talleres más interesantes de esta zona madrileña con larga tradición literaria

Un hombre pasea por una calle del Barrio de las Letras frente a un mural de Zaida Escobar. Ampliar foto
Un hombre pasea por una calle del Barrio de las Letras frente a un mural de Zaida Escobar.

Sylvie Fiachetti vende artesanía en el número 31 de la calle Echegaray, donde antes hubo una tienda de adornos japoneses, y mucho antes una imprenta. "Estamos en el Barrio de las Letras, aquí han vivido muchos escritores. Necesitaban imprimir su trabajo", cuenta esta francesa de apellido italiano que desde hace ocho años está al frente de este negocio. "Todo está hecho a mano”, dice. En las estanterías de Tado, su tienda, hay cuencos, vasos, cántaros y cestas, de gres, arcilla o esparto. "Entran muchos extranjeros curiosos. Es muy divertido tratar de explicarles qué es un botijo"

El Barrio de las Letras es uno de los destinos predilectos de los turistas que visitan Madrid por su historia y sus ilustres vecinos: Lope de Vega, Cervantes, Quevedo y Góngora vivieron aquí. El primero cuenta con una casa museo (Cervantes, 11), se cree que el segundo está enterrado en el Convento de las Trinitarias (Lope de Vega, 18), aunque todavía sus restos no hayan sido definitivamente identificados. Pero el vecindario también atrae al público por su gastronomía, sus hoteles de cinco estrellas y su situación estratégica. Está rodeado por Cibeles, Gran Vía, Sol, Atocha, lugares emblemáticos de la capital, y a la vera de tres museos de relevancia internacional: El Prado, Reina Sofía y Thyssen. Casi cuatro millones de personas visitaron alguno de estos tres centros culturales durante el primer semestre de 2016, según datos recogidos por Europa Press.

Interior de Tado, el negocio de artesanía española de Sylvie Fiachetti. ampliar foto
Interior de Tado, el negocio de artesanía española de Sylvie Fiachetti.

"Notamos su influjo", afirma Concha Ortega, portavoz de la Asociación de Comerciantes del barrio y dueña de una tienda de antigüedades y restauración en la calle de Moratín 14. Muchas galerías de arte contemporáneo se han establecido "en el corazón de la milla del arte”, como lo define Álvaro Matías, director general de La Fábrica (Alameda, 9), por su intensa vida cultural. Precisamente, la institución que dirige Matías es conocida por organizar Photoespaña, el festival nacional de fotografía más importante. La empresa comenzó como editora de la revista Matador en 1995, pero hoy es un conglomerado de proyectos culturales que organiza todo tipo de eventos. Incluso cuenta con un certamen de cortos propio —Notodofilmfest—, una sala de exposiciones, una librería especializada en fotografía y una tienda de objetos diseñados por artistas españoles, "donde puedes encontrar algo exclusivo para regalar”, añade el director. La Fábrica ha crecido a la par que su barrio se reconfiguraba. Matías ha visto cómo las calles se llenaban de talleres de artesanía, estudios de diseño, anticuarios y galerías. “La presencia del arte es muy importante, contamos con espacios consolidados y otros emergentes muy sorprendentes que exponen todo tipo de artistas", relata Helena Schneider, gerente de la Asociación de Comerciantes.

Concha Ortega, restauradora y anticuaria en su local del número 14 la calle de Moratín. ampliar foto
Concha Ortega, restauradora y anticuaria en su local del número 14 la calle de Moratín.

Leandro Navarro se instaló con sus esculturas de Gargallo y Baltasar Lobo, sus tesoros de Picasso y Miró y sus pinturas realistas de César Galicia o Carmen Laffón en el número uno de la calle Amor de Dios en 1983. “El realismo español contemporáneo es un movimiento que comenzó en los años cincuenta y que en España tiene como referente a Antonio López”, apunta Íñigo Navarro, hijo del fundador, a cargo del negocio que acaba de inaugurar una muestra del escultor Pablo Gargallo que permanecerá hasta marzo. Julio López Hernández, el creador de la escultura de Federico García Lorca frente al Teatro Español, también forma parte de la cartera de artistas de este negocio, que se estableció en el barrio diez años antes de que se inaugurasen los museos Thyssen y Reina Sofía.

Espacio de Blanca Soto en la calle de Almadén, 13. ampliar foto
Espacio de Blanca Soto en la calle de Almadén, 13.

"Al llegar a Madrid en 1999 me instalé en Hermosilla pero en cuanto pude me cambié a aquí, donde esta lo más interesante”, explica Blanca Soto cuyo espacio, dedicado al arte contemporáneo, ocupa el número 9 de la calle de Almadén, justo detrás de Caixaforum y Medialab Prado. Durante mucho tiempo ha expuesto pintura figurativa de José Luis Serzo, Jesús Zurita o Santiago Talavera y ahora apuesta por proyectos apoyados en investigaciones científicas. "Uno de nuestros autores, Che Marchesi, ha llevado a cabo un estudio sobre la piel humana en colaboración con el hospital Ramón y Cajal de Madrid para mostrar que la piel es celularmente idéntica en todos los humanos”, dice Soto, para quien el barrio se ha convertido en un lugar de culto. "Hay librerías únicas y tiendas de muebles de todo tipo: nórdicos, estilo Bauhaus, franceses, españoles… Pero siempre con mucho criterio”.

Soto se refiere a anticuarios como Concha Ortega, conocida por los muebles que restaura y vende en su local de la calle de Moratín. Actualmente se centra en el mobiliario del siglo XX, "que combina muy bien con muebles clásicos”, cuenta. Entre estos comercios también está Tesla, en la calle de Santa María, 17, donde Gustavo Gorostegui y sus dos socios se han especializado en mobiliario de los siglos XVII y XVIII. "Una de nuestras piezas más preciadas es un biombo español de cuero pintado que tiene tres siglos", reconoce. Este entorno también ha atraído a los decoradores como Belén Domecq (Lope de Vega, 13), Pascua Ortega (Lope de Vega, 24) y Pablo Paniagua (Lope de Vega, 18). Los hermanos malagueños Pablo y Gustavo Paniagua han establecido su estudio de interiorismo dentro del Convento de las Trinitarias. “Las monjas nos alquilaron la planta baja, parte de la torre Este y el sótano. Es un sitio alucinante”, relata Pablo Paniagua, cincuenta por ciento del estudio que lleva su nombre.

Juan Carlos Fernández junto a 'Lorca' en su taller en el 25 de la calle de Moratín. ampliar foto
Juan Carlos Fernández junto a 'Lorca' en su taller en el 25 de la calle de Moratín.

En Moratín, a dos bloques de Leandro Navarro y muy cerca de la tienda de Concha Ortega, hay un local lleno de marcos. Algunos encuadran pinturas, otros están vacíos. Es el espacio Heredero de Crispín (Moratín, 25), un taller-tienda donde Juan Carlos Fernández restaura y enmarca lienzos, láminas y tablas en compañía, la mayoría del tiempo, de su galgo Lorca. Su especialidad es la enmarcación en papel, una técnica del siglo XIX. "Se utilizaba en fotografías para no restar protagonismo a la imagen y volvió a ponerse de moda en la posguerra porque era barato", apunta Fernández recuperador de esta técnica en desuso que, paradójicamente, proporciona a las obras "una apariencia muy contemporánea".

Raquel Ponce junto a la obra de Esther Pizarro en la calle de Alameda, 5. ampliar foto
Raquel Ponce junto a la obra de Esther Pizarro en la calle de Alameda, 5.

Borja Díaz es uno de los chicos nuevos del vecindario. Abrió su galería The Goma (Fúcar, 12) en 2011 porque allí “hay un gran tejido artístico”. Abraza todas las disciplinas en sus colecciones siempre que “utilicen lenguajes contemporáneos que digan algo del contexto actual”, argumenta. Para Díaz las galerías del barrio destacan por su eclecticismo. "Tienen buenos discursos sobre temas actuales. Me gustan especialmente Formato Cómodo y Ponce+ Robles". Estos últimos aparecieron en el vecindario en 2013 como la fusión de los espacios de Raquel Ponce y José Robles. Después de colaborar durante muchos años, Robles cerró su local en Chueca y se instaló con Ponce en el en el número cinco de la calle de la Alameda. “Aquí tenemos más visibilidad”, explica José Robles desde su sala, presidida por una instalación de Esther Pizarro. Se trata de una reproducción de las redes de Internet que se han tendido por debajo de los océanos desde 1994. "La gente habla de la nube, pero toda esa información circula por el subsuelo. La globalización ha hecho que, al menos con la expansión de Internet, todo el mundo se ponga de acuerdo”, concluye Robles.

'Mahoudrid' recomienda

Taberna La Daniela Medinaceli (Calle de Jesús, 7)

El Nuevo 31 (Calle de Jovellanos, 5)

El Azul de Fúcar (Calle de Fúcar, 5)

Los Gatos (Calle de Jesús, 2)

Mentidero Café (Calle de Huertas, 68)

El Barril de las Netras (Calle de Cervantes, 28)

Alta Burgersía (Plaza de Matute, 5)

Cervecería Cervantes (Calle de Cervantes, 38)

Cardamomo (Echegaray, 15)

El Diario de Huertas (Huertas, 69)

Baldosas de autor

El artesano Iván Alvarado en su tienda de mosaicos. ampliar foto
El artesano Iván Alvarado en su tienda de mosaicos.

Un vecino de Las Letras ha convertido un objeto tan corriente y funcional como el azulejo en una obra de arte. Hace cuatro años, Iván Alvarado estableció su negocio de mosaicos en la calle del Gobernador, 1. Y le ha ido tan bien que hace tres meses abrió otro local en la calle de San Pedro, 16. Allí tiene un amplio muestrario de 300 diseños. Entre ellos están los que ha creado junto a su padre Antonio Alvarado, el creador de moda de la Movida cuyas prendas lucieron Alaska, Tino Casal y los personajes de las películas de Pedro Almodóvar. Padre e hijo han concebido una colección de baldosas inspiradas en tejidos. “Reproducimos patrones como la pata de gallo, la espiga o el burberry”, añade Alvarado, hijo, que espera impartir cursos de manera regular para quien desee adentrarse en el mundo del azulejo. El mosaiquista equipara el barrio a otro gran núcleo cultural de Europa. ”Aquí como en Le Marais de París se respira arte y placidez”, concluye el dueño de Mosaísta.

Esta noticia, patrocinada por Mahou, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.

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