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Ruta por Galicia con Valle-Inclán

Un recorrido por Pontevedra y A Coruña visitando los lugares del escritor, natural de Vilanova de Arousa, cuando se cumplen 150 años de su nacimiento

Dorna varada junto al faro de Punta Cabalo, al norte de A Illa de Arousa. Ampliar foto
Dorna varada junto al faro de Punta Cabalo, al norte de A Illa de Arousa.

Además de por su obra inmarcesible, al manco de Arosa tenemos que agradecerle su sentido de la ironía, esa ambigüedad gallega, ¡tan cervantina!, que gastaba don Ramón María del Valle-Inclán. La que le indujo a declararse ante el juez hijo de A Pobra do Caramiñal, que no pasaba de ser la villa que le había adoptado. De acuerdo con la partida bautismal a nombre de Ramón José Simón Valle, su natalicio aconteció en Vilanova de Arousa hará 150 años el próximo 28 de octubre. En ambas villas, sedes del sesquicentenario, han organizado un amplio programa de actividades conmemorativas.

La ruta pontevedresa tiene como epicentro la Casa-Museo Ramón María del Valle-Inclán, en Vilanova de Arousa. Totalmente reconstruida, la mansión solariega de O Cuadrante obedece a la arquitectura tradicional pacega, revelando la faceta acomodada de los abuelos maternos del eximio fabulador. El discurso expositivo gira en torno a diversos aspectos de la vida y obra del escritor, para quien las palabras eran matrices cristalinas. En cuanto a la recreación del salón y las alcobas, se tuvieron en cuenta los testimonios de los más viejos del lugar; algunos muebles tienen su correlato literario en Jardín umbrío y La lámpara maravillosa. También se cuentan aspectos de la vida y obra del vilanovés escritos entre 1866 y 1936, incluidas ediciones príncipe (primeras ediciones de una obra). De emocionante hay que calificar la visión de su cameo en la película muda La malcasada (1926), en la que Valle-Inclán, apasionado de la pintura, visita el estudio de Julio Romero de Torres.

Museo Valle-Inclán, en A Pobra do Caramiñal. ampliar foto
Museo Valle-Inclán, en A Pobra do Caramiñal.

A Illa de Arousa

Es más que una isla turística: un sentimiento. A Illa de Arousa, cuyo litoral es uno de los mejor conservados de la ría, perteneció a un ascendiente de Valle. Cautiva tanto por sus playas —Xastelas, descollando en el parque natural de Carreirón— como por el establecimiento hostelero que ocupa la vivienda de Punta Cabalo, uno de los faros más encantadores de la costa española. Tampoco es mala idea realizar una excursión en bicicleta o kayak con Piragüilla. En el restaurante A Meca (+34 986 55 15 51) guisan especialidades sobradamente rodadas, como su arroz de marisco.

A la geografía del imaginario valleinclanesco pertenece el mirador de Monte Lobeira, enclavado en el interior del término municipal de Vilanova. Deslumbra escrutar la más grande de las rías gallegas desde este balcón sombreado por los pinos con merendero y abruptas peñas. Nos separan 216 escalones de la cruz elevada 290 metros sobre las Rías Baixas.

Si la Arosa pontevedresa (sur) resalta por las densidades turísticas, la ribera coruñesa (norte) cifra su atractivo —aparte de sus fábricas conserveras— en su tranquilidad de espacios abiertos. A Pobra do Caramiñal es Viana del Prior en el territorio mítico de Valle-Inclán, quien se hacía llamar Señor do Caramiñal. De 1916 a 1925 vivió en este puerto en el que uno no puede por menos que buscar los personajes de Divinas palabras entre las callejas o rodeando la torre plateresca de Bermúdez, casa hidalga donde vivieron sus padres y que incorpora en su estructura el Museo Valle-Inclán. El centro custodia fondos bibliográficos, mientras que diversos enseres personales guardan la presencia del dramaturgo, sea su estudio con el mobiliario, sea su escribanía original.

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Compra de conservas

Hora de callejear por la plaza del Cantón de Leña, decorada con una estatua en bronce que perpetúa la memoria del “flaco hasta la momificación” (Pío Baroja), dejándonos caer después por la Casa Grande de Aguiar. Irse sin llevarse de recuerdo alguna conserva Luis Escurís Batalla sería un gran error. Buscar la tienda en el polígono industrial.

De nuevo en el coche, activaremos el navegador para embocar el desvío a la torre-pazo A Xunqueira. Al final del paseo de plátanos orientales surge el volumen pétreo de la fortaleza como un cortinaje de teatro. Originaria del siglo XV, conserva la torre, un gracioso balcón esquinero y un jardín cuidado primorosamente (bien lo saben los fotógrafos de bodas). Solo se puede apreciar exteriormente. Todo estrechamente relacionado con la Sonata de otoño y el Marqués de Bradomín, alter ego del autor y personaje literario cuyas memorias ficticias componen las sonatas valleinclanescas, publicadas entre 1902 y 1905.

Otra posibilidad es acercarse a una playa de ría, la de Cabío, dotada con pinar y restaurante. De paso que pernoctamos en el turismo rural Entre os Ríos, podremos pasear por las piscinas naturales del río Pedras; pozas atiborradas en verano que se alcanzan a pie caminando durante media hora.

El itinerario debería acabar en el cielo. O lo más cerca posible. En esta cumbre de A Curota que tanto gustaba a Valle-Inclán —en días despejados; y mejor por la tarde, con el sol a nuestras espaldas—. Su busto con gafas pétreas barre con la mirada bateas e islas arosanas desde el miradoiro de A Curotiña, a 514 metros de altitud, el primer mirador que en ascenso nos regala la sierra del Barbanza.

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