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Los seis mejores bancos para sentarse y contemplar el mar

Desde el famoso banco coruñés de Loiba hasta el que se asoma a la playa cántabra de Los Tranquilos, seis bellas panorámicas de la costa norte

Panorámica desde el banco en el acantilado de Loiba, en la provincia de A Coruña. Ampliar foto
Panorámica desde el banco en el acantilado de Loiba, en la provincia de A Coruña. Getty

La pretensión de un mecánico de Loiba (A Coruña) por dar a conocer los acantilados de su diminuta parroquia desató un fenómeno viral. Sugirió la colocación de un banco en un enclave único para que nos demoráramos en la contemplación marina, para que nos apropiáramos con la mirada de un trocito de costa sin barandilla que entorpeciera la visión. Pero el de Loiba no es el único banco de estas características en la costa norte.

“El mejor del mundo”

Loiba, Ortigueira (A Coruña)

Rafael Prieto limpia y mantiene el banco de Loiba desde 2009 con el celo de quien lo ha engendrado. No fue hasta 2010 cuando apareció tallado en la madera la frase “The best bank of the world” (el mejor banco del mundo), y con este apelativo se quedó. El vial ha sido ensanchado y el otoño es, sin duda, un buen momento para acercarse sin colas de coches. La vista panorámica incluye desde el plano más cercano —la isla Gavioteira y la playa de Coitelo— hasta el horizonte con el puerto de Cariño y el cabo Ortegal. Después de disfrutar del paisaje es recomendable acercarse en coche a la Peña Furada (hay mirador), un farallón horadado en sus flancos, esto es, doblemente espectacular.

El banco que mira hacia la playa de Los Tranquilos, en la costa de Cantabria. ampliar foto
El banco que mira hacia la playa de Los Tranquilos, en la costa de Cantabria.

Irresistiblemente playero

Los Tranquilos, Ribamontán al Mar (Cantabria)

Al tocar a su fin la kilométrica playa de Somo-Loredo, el acantilado de baja cota gira hacia el mar generando una excelsa perpendicularidad a la línea de costa. Uno de los bancos sobrevuela la cala de los Tranquilos, de toponimia muy gráfica. Un lugar donde deleitarse; sin duda, las vistas invitan a ello. El banco gemelo no quiere saber de sosiegos, puesto que se orienta a la isla de Santa Marina, donde en otoño podemos observar un spot surfista con olas de hasta cinco metros. Los días proclives a la ola de Santa Marina coinciden con el viento del noreste, el que arrecia los días soleados.

Luz de otoño

Busto, Luarca/Valdés (Asturias)

A 1,1 kilómetros de la capilla de la aldea de Busto surge el aparcamiento (no señalizado) del mirador del Tiro, en plena cara occidental del cabo de Busto. Es recomendable comprar antes la tartaleta Asturias —compota de manzana, mazapán de avellanas y una inyección de mermelada de sidra— en la pastelería artesanal Cabo Busto, para degustarla en estas bancadas de piedra desde las que se fija la mirada en la cala de Bozo, así como en unos roqueríos de donde sube, sincrónico, el sonido del mar. Acudir con los últimos rayos del sol desvaneciéndose y la luz del otoño en el aire.

El más occidental

Cabo de Touriñán, Muxía (A Coruña)

Emulando a Loiba, el consistorio muxiano fijó en 2015 un banco de granito junto al faro del cabo de Touriñán por razones estéticas y simbólicas. Estéticas, por el escenario de naturaleza bravía que seduce con sus acantilados clamorosos. Simbólico, por las coordenadas que lucen en el respaldo exterior del asiento: 43º 03’ N - 9º 18’ O. Ello porque Touriñán, dos veces al año, es el punto que recibe el último rayo de luz en el continente europeo. La última vez, del 13 de agosto al 22 de septiembre, día en que pasó el testigo a Noruega; luego será Portugal la agraciada, para regresar a Touriñán del 21 de marzo al 25 de abril. Escenario agreste que atrae principalmente durante el crepúsculo.

El banco de la península de la Magdalena, en Santander. ampliar foto
El banco de la península de la Magdalena, en Santander.

A la sombra del palacio

La Magdalena (Santander)

Lugar de descanso y reflexión de turistas, locales y estudiantes de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, el banco se halla junto al palacio de la península de la Magdalena, cuyo acceso rodado está restringido. La considerable distancia que separa el mueble público del acantilado evidencia la descomunal —y traicionera— hidrodinámica del Cantábrico. La isla farera de Mouro es objeto de atención preferente, con pequeñas embarcaciones buscando su abrigo. También nos situamos ante el ángulo exacto para disfrutar del tráfico al puerto santanderino con el cabo de Ajo a lo lejos. Durante los grandes temporales es posible fotografiar esa ola de más de diez metros que cubre toda la isla.

Lekeitio perfilándose

Paseo marítimo de Mendexa (Bizkaia)

La faz del puerto cada vez menos pesquero de Lekeitio, la imponente iglesia de Santa María. La playa de Isuntza. El tránsito de surfistas a remo, deporte que marca tendencia. Los visitantes a la isla de San Nicolás esperando que la marea les franquee la entrada. Todas estas imágenes se fijan desde los bancos situados en la curva previa a la playa de Karraspio, una de las más atractivas del País Vasco, dotada con hotel de trato excelente, el Metrokua (www.metrokua.com), y donde deberemos aparcar para luego desandar el camino. La fina balaustrada apenas daña la vista. Un día soleado y nubes estéticas: ¿qué más se puede pedir?

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