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Aventura en el Manu

La librera Lola Larumbe relata su aventura al parque nacional peruano durante la cual vio, entre otros animales, todo tipo de monos, desde aulladores hasta cariblancos

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Lola Larumbe lleva 36 años al frente de la legendaria librería Rafael Alberti de Madrid. Como contraste radical con su día a día, pasó unas vacaciones en uno de los territorios vírgenes selváticos más extensos del mundo: el peruano parque nacional del Manu.

¿Cómo llegó hasta un lugar tan remoto?

Hay que ir a Cuzco para luego bajar hasta el río Madre de Dios. Estuvimos unos 10 días. Desde Cuzco hasta el río el descenso lo hicimos por unas pistas de arena en unos camiones rusos muy resistentes. Una vez en el río, viajas en barcas con motor que llaman peque-peques y que tienen cabida para unas ocho personas. Todo esto te lo tiene que organizar una agencia de las que hay en Cuzco.

¿Cómo es la vida cotidiana para los viajeros?

Siempre íbamos en grupo, unas 12 personas. Tu día transcurre principalmente en la barca a lo largo del río. En ocasiones bajas a un embarcadero y haces noche en campamentos, en los márgenes del río. Dentro del parque nacional también hay alojamientos. Son de madera: tú tiras ahí tu saco y duermes.

¿Se dejan ver los animales como en un safari park?

Son muy caprichosos y hay que ir a buscarlos. Por ejemplo, a los guacamayos se les puede ver a las cinco de la madrugada en las colpas, que son unos barrizales verticales ricos en minerales en los que miles de pájaros azules y amarillos inmensos van a comer. También encontramos nutrias enormes en una zona en la que el río va haciendo eses y se forman una especie de lagunas. Se pueden ver de cerca, pero siempre si vas con tu guía. Después están los monos: los aulladores, que te despiertan por la mañana, el cariblanco, el mono araña…

¿Y conoció a la gente local?

Solo entras en contacto con los que han salido de la selva y viven en las orillas de los ríos, donde hay barcos y por tanto intercambio comercial. Pero cuando te vas adentrando en la selva nunca ves a nadie. Allí viven comunidades como los machiguengas, pero hay gente trabajando para que se preserve su territorio y su intimidad.

Para el periplo, ¿se disfrazó de Indiana Jones?

No, pero sí llevaba siempre camisa de manga larga, pantalón largo de algodón y botas de senderismo. Y hay que rociarse de antimosquitos. Me habían dicho que me iban a comer los bichos, pero luego no había tantos.