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Protocolo playero (con o sin bañador)

Sentido común y ecológico. Y al desnudo, centremos la mirada en la cara o los pies

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Ir a la playa es todo un arte que requiere de normas no escritas, regulaciones municipales, sentido y sensibilidad. Apuntamos algunas estrategias para pisar fuerte sobre la arena.

1 Buscar las playas menos concurridas

Los alérgicos a las hordas de turistas y domingueros deben sacrificar alguna comodidad para poder disfrutar de la playa sin masificaciones. Todo es cuestión de ceder y la primera regla dice que cuanto más lejos y más difícil sea el acceso a la misma menos gente encontraremos en ella. Lo que entraña, a veces, andar bajo el sol para poder llegar al paraíso. Es el caso de la Playa de Cañuelo, en el Parque Natural del Estrecho (Cádiz), que requiere de una ruta a pie de dos kilómetros para llegar a esta joya natural.

Playa de Cañuelo, en Cádiz. ampliar foto
Playa de Cañuelo, en Cádiz. iStock

Que no tenga arena es otra cualidad que aleja a las masas, como ocurre en la playa de Sakoneta, en Itziar, toda de piedra, a la que solo se puede llegar con marea baja. O la Playa de las Nieves, en Gran Canaria, de cantos rodados y arena gruesa pero rodeada de escarpadas montañas. Aquellas en las que el sol se va rápidamente suelen despejarse con la llegada de la sombra, como la pequeña Cala Comtessa, en el municipio de Calviá (Mallorca), con aguas transparentes. Otras, como la de Camposancos, en A Guarda (Pontevedra), pocas veces está abarrotada debido a la fría temperatura de sus aguas, que convierten el baño en un acto de valentía. Y, como última opción, siempre existe la posibilidad de acercarse al mar fuera de las horas punta y disfrutar del lujo de estar solo.

 2 Normas de urbanidad playera

Empezaron siendo reglas no escritas, puesto que entraban dentro del sentido común. Claro que al ser este el menos común de los sentidos, algunos municipios han empezado a regular lo que antes entraba en el apartado de las buenas maneras. La idea de levantarse temprano o aprovechar el insomnio del abuelo para que coja sitio y deje los bártulos en primera línea de playa está mal vista. Tanto que algunos lugares lo prohíben, como el ayuntamiento de Torrevieja (Alicante). Lo mismo ocurre con los juegos de pelota, ya que algunos no tienen reparos en montar un campo de fútbol en medio de los que toman el sol y empezar a pegar patadas al balón como si estuvieran en la final de la Eurocopa. La consecuencia es que pagan justos por pecadores, y algunas playas prohíben ya hasta las inocentes palas en la orilla, como las más concurridas del ayuntamiento de Chipiona. La música es otro problema, aunque no siempre hay normas para hacer que el improvisado Dj acabe su sesión o se la reserve para él solo, y las fiestas, cumpleaños y celebraciones también están restringidas en muchas playas.

La 'app' iMar informa sobre el estado del mar. ampliar foto
La 'app' iMar informa sobre el estado del mar.

3 Para saber como está el agua, incluso antes de bañarse

Hacer kilómetros para llegar a una playa y comprobar que está nublado, hace frío o que el viento es insoportable es una experiencia familiar para los que hemos nacido en el norte de España. Pero ahora, gracias a diferentes aplicaciones, uno puede saber de antemano las condiciones con las que va a encontrarse, una vez que aterrice en la playa, y decidir si el viaje merece o no la pena. MedJelly, desarrollada por el CSIC y la Mediterranean Science Commission, informa si hay medusas o no en las aguas de Cataluña y Baleares, mientras Infomedusa lo hace en la provincia de Málaga. Para los preocupados por su piel y los perniciosos efectos de los rayos UVA, Solare proporciona el índice UV de la zona en la que se está, el tiempo máximo de exposición (si te pasas te avisa) y un sistema para calcular el nivel de protección que cada piel necesita. Inservible si lo que se busca es un chamuscado al más puro estilo Brexit. iMar, obra de Puertos del Estado, proporciona información fiable sobre oleaje, nivel del mar, viento, presión atmosférica o temperatura del agua. Claro que si lo que se pretende es hacer windsurf, BuscaViento permite saber dónde sopla el viento a favor.

4 Protocolo nudista

Además de los beneficios del sol y el agua en todo el cuerpo, la opción nudista suele estar menos concurrida y, generalmente, es children free (a salvo de niños). En países como Estados Unidos, donde estas playas están especialmente delimitadas o se trata de resorts, las normas son claras y precisas, pero en España la frontera es más difusa. Aquí conviven naturalistas convencidos de que el mal de la humanidad reside en el tejido, nudistas ocasionales, textiles y hasta mirones.

Uno de los peores pecados para un nudista convencido es que lo tachen de pervertido, por eso hay una barrera invisible que evita, cuando se está frente a otro en la playa, mirar por debajo de las axilas (en el caso de las mujeres) y por encima de las rodillas (en ambos sexos), con lo que la vista se centra en cara y pies. Hay que huir de las posturas raras y las manifestaciones de afecto desmedidas. Quedan prohibidas también las fotos, e incluso los selfies, si la playa está muy concurrida y puede salir alguien detrás. Ese ejercicio tan sano de dejar que la vista vague a su antojo e, incluso, se quede anclada en alguien interesante puede ser malinterpretado; por lo que, una vez más, el libro puede ser el mejor amigo.

Los reductos nudistas viven horas bajas y en ellos se ven más cuerpos fofos y sometidos a la fuerza de la gravedad que jóvenes y turgentes. Pero si, aun así, se produce una manifestación física del entusiasmo, el hombre tiene dos opciones: permanecer en el agua o echar cuerpo a tierra. Estos lugares tal vez sean los únicos en los que la sexualidad masculina está más penada que la femenina.

Un surfista con su perro en la playa de Sitges (Barcelona). ampliar foto
Un surfista con su perro en la playa de Sitges (Barcelona). iStock

5 Si vas con tu mascota

No hay muchos perros a los que le guste tostarse al sol, pero sí los hay partidarios de nadar y refrescarse en el mar. El problema es que hay leyes que acotan su esparcimiento en aras de la salud pública, al mismo tiempo que permiten que animales de dos patas campen a sus anchas. Pero el movimiento pet friendly gana adeptos poco a poco y muchas playas empiezan a aceptar al mejor amigo del hombre o a poner horarios, lejos de las horas de mayor afluencia, para que las mascotas puedan chapotear. En srperro.com hay una guía de las playas españolas que admiten canes, como la de Llevant, en Barcelona; la de El Ejido, en la Costa de Mijas, o la del Castillo Sohail, en Fuengirola.

Si nuestro perro tiene espíritu playero y encontramos un lugar que permita su acceso, no hay que olvidarse de llevar su cartilla veterinaria y su carnet de identificación. Además de una sombrilla, algún que otro juguete para matar el tiempo, un bebedero, bolsas de plástico por si debe hacer sus necesidades y alguna que otra galleta para que se porte bien. La operación biquini corre ya por su cuenta.

6 Genio y figura, también en la arena

No somos nadie y menos en bañador, solía decir mi padre. Pero entre los que, entonando este dicho, tiran la toalla y renunciar a estar mínimamente presentables y los que planean la operación biquini con meses de antelación, hay un amplio margen. Las mujeres son más proclives a cuidar la estética, aunque esta se va relajando con los años. No está de más recordar que la playa no es el cuarto de baño donde una aprovecha para depilarse las cejas y hasta la línea del biquini, hacerse la pedicura o descuidar el pelo como si una fuera el último superviviente del planeta tras un desastre nuclear.

Los hombres pecan más de bañadores poco favorecedores y nada acordes a su anatomía, y con la aparición de la barriga llega un momento crucial en el que hay que decidir si la cintura se sitúa por encima o por debajo del estómago. A muchos españoles les resulta extremadamente difícil buscar una posición intermedia entre la del metrosexual, con depilado integral y sucinto bañador; y la del machote con pelo en el pecho, la espalda y bañador de vuelo. No hay reglas fijas, pero para captar el espíritu no estaría de más visualizar estilismos de George Clooney, Hugh Jackman o el modelo maduro Alessandro Manfredini en sus vacaciones estivales. Todos guapos, dirán, pero para acercarse tímidamente a la perfección hay que disponer de buenas referencias.

Bañistas en la playa d’en Bossa, en Ibiza. ampliar foto
Bañistas en la playa d’en Bossa, en Ibiza. iStock

7 Ligar bajo la sombrilla es posible

Numerosas encuestas, como una Nacional de Tendencias Sexuales llevada a cabo por sexología.net en 2010, indican que la fantasía sexual más común de los españoles en verano es practicar sexo en el agua.

Sin llegar tan lejos, ligar bajo el sol es otro de los deportes nacionales. Existen los métodos tradicionales para romper el hielo e iniciar conversación que todavía funcionan, como pedir que te echen crema bronceadora, preguntar por la hora o decirle al vecino/a de toalla que te vigile las pertenencias cuando vas al agua. Mientras, los más tímidos disponen ya de todo un arsenal de apps que ponen en contacto a desconocidos o a grupos con preferencias similares. Happn, una aplicación para conocer gente que ofrece el perfil de otro usuario cada vez que dos de ellos se cruzan, realizó el verano pasado una encuesta entre sus clientes sobre las playas en las que más se ligaba y el ranking lo encabezaba la Playa d’en Bossa, en Ibiza; seguida por la de Zarautz, en Guipúzcoa; Lloret de Mar (Girona), El Saler (Valencia), Benidorm y Gandía.

Montárselo en la playa, a plena luz del día, aúna el morbo de hacerlo en un sitio público con el riesgo de que te pillen, pero una cosa es el sex on the beach y otra salir en Google Earth. Yo me esperaría a la noche.

8 Un poco de conciencia ecológica

Incluso los más reticentes al color verde coincidirán conmigo en que la playa es uno de los lugares donde las conductas poco ecológicas tienen más repercusión, por lo que existen ya listados de buenas practicas playeras. Además de respetar las zonas de dunas o las que están prohibidas a los usuarios, no está de más evitar las botellas de vidrio, ya que si se rompen son peligrosas. Hay que reciclar selectivamente la basura, si es posible, y en caso de que no haya papeleras, llevarla a casa o echarla en el primer contenedor disponible.

Existen ceniceros portátiles y muchas playas ponen recipientes a disposición de los fumadores. Las colillas no son solo desagradables para los que se tumban en la arena, sino que tardan de 5 a 20 años en desaparecer o pueden ser tragadas por algunas especies como tortugas o delfines. Los más ecológicos abogan por que se usen protectores solares orgánicos, ya que contaminan menos el agua, y que se evite el uso de jabones o champús en las duchas de la playa, ya que estos productos acaban en el mar.

Las motos acuáticas no solo contaminan el agua sino que producen ruido. Si se opta por la piragua, o el stand up paddle, no solo haremos un favor a los demás sino también a nuestros músculos.

Embarcaciones en Cala Macarella, en Menorca. ampliar foto
Embarcaciones en Cala Macarella, en Menorca. iStock

9 Si se llega en barco

Algunos piensan que el barco es un taxi acuático que los deja en la orilla, y cada vez las embarcaciones tienden a acercarse más, pero hay que recordar que las normas impiden fondear a menos de 200 metros de la playa. Si se quiere entrar con una barca auxiliar o una moto acuática hay que hacerlo siempre por la zona delimitada para ello o, en caso de que no haya, por los extremos de la playa, donde se molestará lo menos posible. La velocidad de entrada, menor a 3 nudos, es algo que algunos tienden a saltarse tentados por la idea de llegar a la playa en plan Fast and Furious.

Está prohibido también lavar el barco cerca de la costa y arrojar basuras. Si hay boyas flotantes, es aconsejable amarrar la embarcación a ellas, en vez de fondear con el ancla, para así evitar perjudicar los valiosos y delicados fondos marinos o las praderas de posidonia que, entre otras cosas, actúan como depuradoras del agua del mar.

10 Chiringuitos versus beach clubs

El chiringuito legendario, hecho con tablas de madera y hojas de palmera, es una especie en extinción debido a la llegada de los beach clubs, lugares nacidos con la vocación de encarecer el, de momento, gratuito placer de estar en la playa. Algunos son tan sofisticados y caros que exigen un dress code (código de vestimenta) y uno no sabe si está en un bar junto al mar o en la alfombra roja de los Oscar. Si lo que se quiere es comer algo y descansar a la sombra, es aconsejable mirar antes los precios para no llevarse sustos o acabar fregando platos. Para los que no tengan restricciones económicas y quieran dar envidia en Facebook, las camas balinesas, las estéticas ensaladas y los cócteles multicolores dan siempre mucho juego, además de la música y la gente que circula alrededor.

Algunos chiringuitos ganan puntos al llegar la noche y celebrar la puesta de sol o alguna fiesta, en la que a lo mejor sí vale la pena vestirse para la ocasión y pagar un mojito con la tarjeta de crédito. Otros son tan legendarios que se olvida uno de que hay playa, como el de El Bigotes en Cala Mastella (Ibiza), que prepara un delicioso bullit de peix; El Chiringuito en Sitges, en pie desde 1913 y que creó y popularizó el término, o El Pirata Bus, en Formentera, donde estuvieron Bob Dylan y Jimi Hendrix.

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