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El hayedo anti-GPS

El ganador del Tour Perico Delgado disfrutó perdiéndose en una ruta ciclista por la Garrotxa, en Girona

El ciclista Perico Delgado. Ampliar foto
El ciclista Perico Delgado.

El ciclista segoviano Perico Delgado, ganador de dos ediciones de la Vuelta Ciclista a España y de una del Tour, acaba de publicar Las escapadas de Perico (editorial Aguilar). El libro es una colección de rutas en bicicleta por España descritas al detalle con indicaciones prácticas y consejos para no despistarse. Le pedimos que nos hable de una que le gustó mucho y elige la de la Garrotxa, en Girona, una zona que tiene más de cuarenta volcanes apagados, en su mayoría ocultos por la vegetación, y una veintena de coladas de lava. En esta zona enlazan además dos vías verdes, la del Ferro y la del Carrilet Olot-Girona, viejas líneas ferroviarias habilitadas para ocio y excursiones en bici y también a pie, porque son bastante llanas.

¿Cómo descubrió la zona de los volcanes?

Estaba en Olot y me llamó mucho la atención comprobar si era viable una ruta en bicicleta por la zona, así que allí me fui.

¿La suya es una ruta especial para maillots amarillos?

Hay dos perfiles: ciclistas muy activos y viajeros que tienen una bici arrinconada en casa. En este último caso, mi propuesta es una invitación para sacarla a pasear, porque no se requiere una especial condición física y se puede hacer con niños pequeños.

¿Usted cuál elige?

En las fáciles es donde mejor lo he pasado, acompañado de mis hijos o de mi mujer. Es que en mi cuerpo ya hay muchas rutas difíciles. Eso sí, en la Garrotxa se queman algunas calorías. Yo la he hecho dos veces.

Entonces ya no se pierde…

¡Qué va! Dos veces la he hecho y dos veces me he perdido aun con GPS. Hay un hayedo tan impresionante que te descoloca, y el GPS deja de funcionar. Es porque la masa forestal es tan apretada que a los satélites les cuesta. Siempre me daba problemas.

¿Y cómo se orientó?

No hay problema porque la ruta está bien señalizada: si sigues la dirección del volcán, tarde o temprano llegas. Un amigo de la zona me tranquilizaba diciéndome: “Todo el mundo se pierde por aquí, es normal”.

¿Hizo la ruta en distintas estaciones?

Sí, y me quedo con el otoño. El paisaje de hojas caídas me recordaba a cuando era pequeño, en Segovia. Ya me tocó la parte final del otoño, con las últimas tonalidades: marrones y amarillos. El terreno estaba acolchado de hojas; me parecía ir flotando.

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