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Un edificio de pan de oro en Milán

El arquitecto Rem Koolhaas ha convertido un viejo recinto industrial milanés en el refinado centro de arte de la Fundación Prada

Instalación de la artista polaca Goshka Macuga. Ver fotogalería
Instalación de la artista polaca Goshka Macuga.

Durante el siglo XX, Milán fue un importante laboratorio de experimentación arquitectónica, donde el uso de materiales novedosos produjo fascinantes edificios icónicos. La ciudad, apoyada por la labor de difusión de las revistas especializadas de entonces, Domus y Casabella, así como por el trabajo de los estudios de arquitectura Gio Ponti, Giuseppe Terragni y BBPR, entre otros muchos, fue el epicentro de profundos debates urbanos.

Fundación Prada de Milán ver fotogalería
Instalación 'To the son of a man who ate the scroll', de la artista Goshka Macuga.

Así, Milán dejó atrás su pasado industrial para convertirse en la capital internacional del diseño, la moda y el lifestyle. Y ha atraído inversiones de la mano de grandes arquitectos que están transformando la ciudad con distintas operaciones urbanas. Por ejemplo, la plaza Gae Aulenti, del arquitecto César Pelli, en Porta Nuova, o el ambicioso City Life (un proyecto multiuso que incluye la construcción de tres rascacielos firmados por Arata Isozaki, Daniel Libeskind y el estudio de la fallecida Zaha Hadid), situado en el vacío que dejó la Feria de Milán al trasladarse en 2005 a su nueva localización, diseñada por Massimiliano Fuksas.

En este contexto del nuevo Milán se inauguró en mayo de 2015 la Fundación Prada (un proyecto de OMA, firma liderada por Rem Koolhaas), promovida por Miuccia Prada y Patrizio Bertelli como sede para alojar su colección de arte y para la promoción de la cultura. Está situada a pocos metros del Piazzale Lodi y de la estación de metro del mismo nombre, en Largo Isarco, un barrio industrial al sur de la ciudad, entre naves rectangulares abandonadas y vías de ferrocarril.

Accademia dei Bambini, en la Fundación Prada. ampliar foto
Accademia dei Bambini, en la Fundación Prada.

El conjunto es un complejo de 19.000 metros cuadrados que ocupa una antigua destilería. Una amplia estructura de espacios expositivos donde lo viejo y lo nuevo, lo horizontal y lo vertical, lo amplio y lo angosto definen un espacio cultural contemporáneo en el que la propia arquitectura de Koolhaas pasa a ser también protagonista de la visita. Hacia el exterior, una pantalla de ledes al estilo de Jenny Holzer anuncia en la fachada de uno de sus edificios, que pasa totalmente inadvertido, las exposiciones temporales y horarios de visita.

Espacio diáfano

Guía

La visita

» Fundación Prada (www.fondazioneprada.org). Largo Isarco, 2. Milán. Entrada, 10 euros. Abre de 10.00 a 20.00; los viernes, sábados y domingos hasta las 21.00; martes, cerrado.

La Fundación Prada aloja su programa en siete edificios existentes y tres nuevos. Estos últimos son una torre que está previsto que se inaugure en primavera y que contendrá un restaurante y salas de exposiciones; el pódium, cuya estructura elimina los pilares intermedios, destinado a exposiciones temporales y espacio para danza y performance, en dos plantas, y el cine, un edificio rectangular forrado de espejos en el exterior, objetivo de todos los selfies. Las estructuras existentes organizan el recorrido desde la biblioteca hasta la recepción a través de la nave sur, el depósito, la cisterna y la nave norte. La cisterna presenta las instalaciones artísticas de forma centralizada, a modo de capillas contemporáneas con un pequeño balcón que permite visualizarlas desde lo alto. La Haunted House (casa encantada) aloja en su interior la colección permanente, y destaca el acabado exterior, un recubrimiento de pan de oro de 24 quilates.

Exterior de la Fundación Prada, con el edificio recubierto con pan de oro al fondo. ampliar foto
Exterior de la Fundación Prada, con el edificio recubierto con pan de oro al fondo.

El conjunto es una ciudad dentro de la ciudad, con espacios interiores, plazas y zonas de paso en las que el pavimento lo componen piezas de granito rosa. En las estancias intermedias, las piezas de pavimento son tacos de madera de similares dimensiones. Las diferentes texturas y colores enlazan los diferentes espacios y programas. Los detalles no pasan inadvertidos. En cada peldaño o cada barandilla la propuesta de Koolhaas es una lección de diseño arquitectónico, así como cada material, que se encuentra con otro destilando elegancia y sensibilidad: aluminio, oro, resinas, maderas, piedra, mallas metálicas, policarbonato, paneles de aluminio con oquedades que nos recuerdan al Ceppo Lombardo, la piedra característica de los bajos de los edificios de la ciudad burguesa. El color predominante en todo el recorrido es el gris, el mismo del cielo de Milán.

Al visitar los espacios, a modo de peregrinación, el disfrute por la exquisitez de la buena arquitectura se combina con el silencio, la pulcritud extrema y una sensación de respeto, como si camináramos dentro de un monasterio o de una escenografía de algo que no se sabe qué es. Impresiona la sigilosa presencia de los guardas de sala: jóvenes bellos vestidos enteramente de Prada que se asemejan a gendarmes de frontera o guardas de seguridad, con su pantalón recto negro y camisa gris con gabardina y zapatos negros de cordones. Una vestimenta austera que impone respeto al visitante y le inhibe a la hora de consultar dudas artísticas. No lo dude, porque están altamente preparados.

Mapa de Milán.
Mapa de Milán.

La cafetería, Bar Luce, diseñada por el director de cine Wes Anderson, reproduce el ambiente de los antiguos cafés de Milán, de suelo de terrazo multicolor y mobiliario de madera, formica verde y plástico. Las barras alojan neveras que dejan ver su interior. Las paredes reproducen alzados de las galerías Vittorio Emanuele, las galerías comerciales donde se instaló la primera tienda de Prada en el centro de la ciudad.

Los diferentes espacios son invadidos por visitantes vestidos de negro: plumas, cuero o paño, pero casi siempre monocolor. No hay tienda de recuerdos con gomas de borrar con formas alegóricas, o cuadernitos made in China, o merchandising típico de museo; solo una vitrina minimalista de vidrio que aloja en su interior libros y catálogos de los artistas expuestos, sin posibilidad de ser consultados.

Con la Fundación Prada, la elegante Milán vuelve a estar en la escena internacional de la arquitectura, algo que, junto con las relevantes intervenciones urbanas en curso, está modificando el paisaje urbano de la ciudad de forma determinante.

Ariadna Cantis es arquitecta y comisaria independiente de arquitectura y urbanismo.

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