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Amberes, colección de primavera

Lo primero, la moda, con su gran museo, tiendas de segunda mano y jóvenes diseñadores. Después Rubens, con su casa familiar. Y por último, una ruta de cerveza belga

El restaurante De Bomma (abuela en el dialecto de Amberes).
El restaurante De Bomma (abuela en el dialecto de Amberes).

Hay algo en Amberes que siempre le recuerda a uno que está en el centro de Europa. No es la ciudad más grande de Bélgica, sino la segunda (tiene unos 500.000 habitantes), lo que implica una mayor informalidad y que muchos de sus atractivos no estén orientados para los visitantes. En los últimos años se ha convertido en un imán para la gente joven y los amantes de la moda.

10.00 Hora de desayunar, con tartas caseras

La casa-museo de Rubens, en Amberes. ampliar foto
La casa-museo de Rubens, en Amberes.

Para empezar el día es necesario un café. Barnini (1, pinche sobre el número para ver el mapa ampliado) en la plaza del Teatro, es el sitio ideal para tomar unos bagels o tartas caseras. Si hace buen tiempo, uno puede sentarse en la terraza y distraerse con los mercadillos que se montan los sábados y domingos. Caffènation (2), en el 16 de la calle Mechelsesteenweg, es famoso por servir uno de los mejores cafés de la ciudad. Coffeelabs (3), en el 19 de Lange Klarenstraat, tiene un ambiente más moderno, con una terraza de césped artificial.

11.00 El ‘descendimiento’ en la catedral

En la plaza Wapper está la casa de Rubens (4). Rubens nació en Alemania, pero se crió en Amberes. Se llamaba Peter Paul y su estatua está en la plaza Verde, o Groenplaats. Una de sus obras maestras es El descendimiento de la cruz, un óleo sobre tabla de cuatro metros por tres. La pintura pertenece a un tríptico que le encargaron en 1611 sobre la vida de Jesús. La terminó en 1614 y está expuesta en la catedral (5), construida entre 1352 y 1521. La iglesia es una de las máximas exponentes de lo que se ha denominado gótico brabanzón. La torre más alta mide 123 metros.

12.00 Pasarela urbana

La tienda 'vintage' Think Twice, en Kammenstraat, 85. ampliar foto
La tienda 'vintage' Think Twice, en Kammenstraat, 85.

La reputación de Amberes como ciudad de la moda, a partir de los años ochenta, hace que la gente joven explore las boutiques de los diseñadores locales, así como las tiendas de ropa vintage, que en Amberes abundan, como la cadena Think Twice (6), ubicada en Kammenstraat, 85, o la exclusiva Jutka & Riska (7) (Bilderdijkstraat, 194). Episode (8), que está en el 26 de Reydenstraat, lo que hace es reciclar la ropa para ponerle su sello particular. Comprar ropa usada en Amberes es de lo más entretenido. El Museo de la Moda (9), conocido como el MoMu, ubicado en el 29 de la Nationalestraat, es imprescindible para saber su historia. El Sussies Café, en el antiguo Koornmarkt, es ideal para tomarse algo mientras se mira ropa de segunda mano.

13.00 La ciudad frente al mundo

Una visita recomendable es el Museo en la Corriente (Aan de Stroon, MAS) (10) (Hanzestedenplaats, 1), el más grande de Amberes e inaugurado en 2011 en un interesante edificio obra del equipo Neutelings Riedijk Architects. El museo relaciona en su colección la historia de la ciudad con el mundo y presenta también exposiciones temporales (el 13 de mayo se inaugurará una muestra dedicada a Luc Tuymans).

14.30 Una imprenta con historia

Museo Plantin-Moretus, en Amberes.
Museo Plantin-Moretus, en Amberes.

En Amberes también se respira música clásica, arte y literatura. Aquí se habla y se escribe en neerlandés. Uno de los primeros en editar e imprimir libros fue Cristóbal Plantino. Su imprenta y casa editora fue la primera en los Países Bajos y una de las pioneras en Europa. Plantino, como buen editor, era un hombre ávido de hacer negocios. Publicó más de 2.000 libros, muchos de ellos científicos y de medicina, además de varias ediciones de la Biblia políglota, una de ellas encargada por Felipe II. Todo esto se puede apreciar en el Museo Plantin-Moretus (11), ubicado en plena plaza de los Viernes o Vrijdamarkt. Aquí, todos los viernes, se celebra un mercado de segunda mano que tiene una tradición de más de 400 años y donde se pueden encontrar verdaderas reliquias.

16.00 Talladores de diamantes

Pero, además, Amberes también es conocida por sus joyas. La ciudad es un importante centro de tallado y comercialización de diamantes. Aproximadamente el 85% del negocio mundial se encuentra aquí. Los talladores de la comunidad judía siguen estando considerados como los mejores. Ellos fueron los que iniciaron el negocio de los diamantes en Amberes. El barrio judío (12) empieza en Harmone y termina en el Stadpark.

18.00 La mano del río Schelde

En el centro de la plaza del Mercado (13) hay un monumento en el que se ve a un hombre lanzando una mano en dirección al río. Es la misma mano que se ve también en la calle Meir. El hombre del monumento es el romano Silvio Brabo, y la mano es la del gigante Druon Antigoon. La leyenda cuenta que Brabo, al ver los abusos que el gigante cometía con los habitantes de la ciudad, logró cortarle la mano a Antigoon. Después la lanzó al río Schelde. Si se quiere tener una vista panorámica de la ciudad hay que cruzar el río. El puente de Amberes en realidad es un túnel que cruza por debajo del agua el ancho río.

20.00 Hora de la cena y una cerveza

Amberes, colección de primavera pulsa en la foto

De Bomma (14) (Suikerrui, 16) significa abuela en el dialecto de Amberes, y es el nombre de un restaurante de comida casera típica. El estofado de carne vale la pena probarlo. Si se prefiere comida vegetariana, el Eten Vol Leven (15) y el Bites & Wines (16) son buenas opciones. Los belgas aseguran haber inventado las patatas fritas y la verdad es que hay que saborearlas. Están muy ricas. Beber cerveza belga es otro de los pasatiempos favoritos en Amberes. No por casualidad Bélgica tiene más de 1.300 tipos de cerveza. Está la De Koninck, está la Chouffe, está la Duvel, está la (Kriek) Belle-Vue, y… mejor no seguir bebiendo. Pero no hay que alarmarse. Lo mejor es encontrar bares con buen ambiente como el Hypothalamus (17) (Gasthuistunnel, 16), donde hay un piano en el que cualquier espontáneo puede hacer cantar y bailar al bar entero. O, justo al lado, el Korsakov. De Muze (18), en la calle Melk­markt, 15, era una antigua capilla que se convirtió en un bar de música de jazz, mítico porque en 2014 sus más asiduos clientes, ante un inminente cierre, ayudaron económicamente para que continuase abierto. El centro cultural Kavka (19), en la calle Oudaan, es un lugar que organiza eventos, entre ellos algunas de las mejores fiestas de la ciudad. Música electrónica, hip-hop y rhythm and blues. Het Bos (20), en Ankerrui, 5, es otro espacio cultural que experimenta con el arte y la música. Sus fiestas también son muy populares.

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