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Madrid, con muchas tablas

Las salas alternativas articulan una ruta teatral por la ciudad que sirve como termómetro cultural

Momentos antes del comienzo de la representación en la sala Nave 73. Ver fotogalería
Momentos antes del comienzo de la representación en la sala Nave 73.

Recordemos a los actores. Hablemos de los actores, esta especie tan rara y entusiasta que no solo comete la insensatez de subirse a un escenario, sino que además emprende a ciegas la ruta suicida de montar escenarios para otros actores. En los últimos años han abierto en Madrid un buen número de salas (hay alrededor de un centenar en la capital), a pesar de que muchas no cuentan con ningún tipo de ayuda del ministerio y están obligadas a pagar unas licencias desmesuradas y poco o nada realistas.

Fernando Sánchez Cabezudo, promotor de la sala Kubik, en el barrio de Usera. ampliar foto
Fernando Sánchez Cabezudo, promotor de la sala Kubik, en el barrio de Usera.

La mayoría se encuentra en Lavapiés, la niña bonita de los mil novios en cuanto a número de locales. En la calle de la Primavera, número 11, hace poco menos de dos años Viviana Doynel, actriz argentina hija del corralito, abrió El Umbral de Primavera con aquel bombazo que fue La realidad, de Denise Despeyroux, y desde entonces no ha dejado de sorprendernos. El local es acogedor como el patio de tu casa, con una lucernaria por la que entra la luz a raudales, un espacio que da paso a la sala donde esta primavera podremos disfrutar de George Dandin, dirigido por Hernán Gené, o Los caminos de Federico, de Samuel Blanco. Hay cabida también para laboratorios en los que imparten talleres Lucas P. Condró y Fernanda Orazi, entre otros.

A esta Red de Teatros de Lavapiés pertenece también Mínima, en la calle de Mallorca, 4, en un sótano más blanco que nuestra reputación. No ha cumplido el año aún y apuesta por la danza y el teatro performativo. Óscar Pastor y Antonio Morcillo ofrecen una propuesta experimental y arriesgada que este mes de marzo traerá, entre otros, Caballo negro sobre fondo negro, de Pastor, y el ciclo Teatra, que da acogida a la mujer en las artes escénicas.

Representación en el espacio Labruc. ampliar foto
Representación en el espacio Labruc.

En Malasaña pega fuerte Espacio Labruc (Palma, 18), con derechazo de Eva Caballero y gancho de Ángel Málaga, y un criterio muy meditado en cuanto a su propuesta de educación emocional y experimental. Ofrece un programa de fin de semana dirigido a niños (¡los sábados esto se llena de bebés!) y otro entre semana para adultos. En febrero se ha podido disfrutar de Escena Lunch, de Snomians, una compañía de danza teatral con la que se comparte allí mismo catering y charleta después de cada representación (volverán en mayo con la obra de improvisación Mary).

Algo más alejado, detrás del circo Price, se encuentra La Nave 73 (Palos de la Frontera, 5). Trasplantado de su ubicación original, una nave en Mesón de Paredes, 73, este nuevo local de las proporciones de un buque abrió hace casi tres años por empeño de Alberto Salas (artista visual), Álvaro Moreno (actor) y Rocío Navarro. Con una programación de menú largo, ofrece los miércoles teatro clásico, y los jueves danza y teatro físico. Viernes y sábado, la opción es más alternativa, con piezas de alumnos salidos de la cantera de Juan Mayorga, junto con producciones como Brotada, de Iván Bilbao, o Los perros, del Teatro La Plancha. Los viernes contamos también con el bonus track de las sesiones golfas, y los domingos, conciertos teatralizados. Y como plato fuerte, en julio y agosto, el Classic-off, un festival que reinterpreta a los clásicos y que el año pasado trajo Calderón cadáver, en la que participaron los últimos ganadores del Premio Calderón. También ofrece un programa formativo de módulos anuales con profesionales de la talla de Grumelot, Nouveau Colombier, Alberto Conejero y Pilar Almansa, y el mismo Álvaro Moreno. Y los que echábamos de menos el antiguo CineKino de Lavapiés, aquí lo encontraremos, con los mismos sofás y luces bajas de boite de los sesenta.

Madrid, con muchas tablas

Luces de neón

Los Teatros Luchana (Luchana, 38), en Chamberí, abrieron hace menos de un año de la mano de Jorge de las Heras y Ventura Gil. Con la intención de llevar el teatro alternativo a salas grandes (dispone de cuatro) y también de hacer más accesible el teatro comercial, aquí deslumbraron Las princesas del Pacífico, de José Troncoso, y estrenan La distancia, de Pablo Messiez, en marzo. Aloja también la escuela de formación de Víctor Ullate, y programa desde teatro infantil y familiar a cabaret en horario nocturno, un horario que aprovecha otro ingrediente fundamental del proyecto, el restaurante y bar donde siempre hay fiesta a la luz del neón de los cines Luchana originales.

Y finalmente, una sala de próxima apertura aunque ya veterana: La Kubik Fabrik (Primitiva Gañán, 5). A día de hoy lleva seis años en el barrio de Usera, donde el actor y dramaturgo Fernando Sánchez-Cabezudo abrió esta antigua nave para reconvertirla en un espacio de referencia. Un proyecto que arrancó con la idea de partir de lo local y vecinal, de que el barrio se apropiara del teatro, y que pronto acabó atrayendo a público de toda la ciudad. Aquí se han programado taquillazos como El gran atasco, de los hermanos Sánchez-Cabezudo, o El minuto del payaso, de Juan Ramón Fernández, y se articula el Story Walker, una experiencia única y sorprendente con la que cerrará la sala en el mes de junio antes de trasladarse a no sabemos dónde aún, pero ahí donde sea le deseamos mucha mierda. Mucha mierda para todos estos actores y sus locos cacharros. Recordemos a los actores. Vayamos al teatro.

Esther García Llovet es autora de la novela Mamut (Editorial Malpaso).

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