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Miguel Ángel en el andamio

El actor Alberto Jiménez vivió una situación curiosa en la cúpula de San Pedro del Vaticano

El actor Alberto Jiménez. Ampliar foto
El actor Alberto Jiménez.

El actor Alberto Jiménez pasa sus tardes de marzo en el Matadero de Madrid encarnando al expresidente del Fondo Monetario Internacional Dominique Strauss-Kahn en Dios K, basada en la novela Karnaval, de Juan Francisco Ferré. Aquí nos cuenta sus episodios vaticanos en su segundo viaje a la ciudad eterna.

¿Por qué volver a Roma?

Esta segunda vez fui con Juan Loriente, también actor, y con mi pareja y la suya a visitar a una amiga artista que estaba en la Academia de España con una beca. Me impactó el lugar: hasta pensé en pedir yo una también.

Empezaron muy píos ya desde el alojamiento…

Sí, elegimos un convento para quedarnos por las noches. Al principio estábamos un poco asustados por el tema, pero luego no hubo problemas: podíamos dormir en parejas y llegar a cualquier hora.

¿Alguna aventura vaticana memorable?

Se nos ocurrió subir a la cúpula de San Pedro por una escalera que cada vez se estrechaba más y se transformaba en un túnel por el que había que pasar de uno en uno. Llegó un momento en el que todos estábamos apoyados en la pared inclinada y yo solo pensaba en los cientos de metros que nos separaban del suelo. Mi pareja, Rosa, me dijo: “Asómate”, y al mirar hacia abajo me entró tal vértigo que solo pude arrastrarme literalmente por el suelo agarrado a la pared para seguir subiendo. Los españoles que había por allí decían: “Pero mira, si es el actor de El Bola. ¿Por qué se arrastra por el suelo?”.

¿Pasó mucha vergüenza?

No más que la de mi pareja al verme en esa situación. Por suerte, al bajar fue todo más fácil. Además, hay una terraza o azotea a medio camino a la que salí a tomar un poco el aire para poder continuar el descenso. No soy la persona idónea para el alpinismo, desde luego.

A pesar del vértigo, ¿mereció la pena el día?

Por supuesto, en especial porque también entramos en la Capilla Sixtina: recuerdo que me quedé bastante tiempo dentro. Aunque había vigilantes instando a la gente a salir rápido, Juan y yo nos hicimos los locos. Yo estaba preparando mi proyecto Nada es casual, donde reflexionaba sobre el arte, y no hay mayor representación de lo artístico que la capilla, pintada toda por un hombre allí solo, en lo alto de un andamio.

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