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Fuera de ruta

El desfile de los mil samuráis

Templos patrimonio mundial y un festival con personajes históricos medievales en la ciudad japonesa de Nikko

Desfile de samuráis en la localidad japonesa de NIkko. Ampliar foto
Desfile de samuráis en la localidad japonesa de NIkko.

Ahí llega el intrépido sa­mu­rái, a galope tendido en veloz corcel avanzando sobre una pista entre altos cedros de más de 400 años. En la mano izquierda sostiene el arco, con la derecha extrae la flecha del carcaj, la coloca, tensa la cuerda y dispara al pasar como una centella ante la primera diana. Sin aminorar el galope, repite la operación ante otras dos dianas. Un ejercicio dificilísimo, emocionante y peligroso. Otros caballeros, uno a uno, le siguen. Aunque casi todos aciertan la primera diana, pocos consiguen la segunda, y en cuanto a la tercera, llegan ya muy desequilibrados. Son frecuentes las caídas, pero ninguno renuncia a mitad de la carrera. La Vía del arco y del caballo, primer código samurái, exige que toda batalla entablada debe ser ganada.

El festival Shuki Taisai se celebra en la localidad de Nikko en mayo y en otoño. El entorno es un ejemplo del Japón celosamente preservado de los budas majestuosos, los ancestrales ritos y símbolos sagrados del sintoísmo, recogido en el bosque, al abrigo de las montañas y ajeno a los tumultos del desarrollo y la cibernética de los microchips. Por su belleza y significado, el templo de Toshogu domina a todos los demás de Nikko. Declarado patrimonio mundial por la Unesco en 1999, fue construido a principios del siglo XVII para acoger, por su propio deseo, el mausoleo de Tokugawa Ieyasu. Fue el gran shogun (gobernador) con el que acabó la era de la guerra en la historia de Japón: cuatro siglos de luchas e intrigas entre los ejércitos de samuráis (guerreros) de los señores feudales, en disputa continua sobre el dominio de tierras y castillos. Batallas y asedios descritos como inacabables poemas visuales por el gran cineasta Akira Kurosawa en sus premiadas películas Ran y Kagemusha.

Veteranos samuráis en Nikko (Japón). ampliar foto
Veteranos samuráis en Nikko (Japón).

A media tarde, los descendientes de la familia Tokugawa se presentan ante el bello puente rojo de madera lacada que atraviesa el río −entre la estación de ferrocarril y el Toshogu−, abierto solo para esta ocasión. La leyenda cuenta que, hace mil años, unos monjes en peregrinación se vieron incapaces de cruzar la garganta cortada por el río entre las montañas. Entonces surgió Jinja-Daio, el terrorífico dios del río, pero en lugar de atacarlos, prometió ayudar a los monjes. Colocó dos serpientes sagradas sobre el río, que se transformaron en un puente. Cruzaron los monjes y, al volverse para dar las gracias, dios y serpientes habían desaparecido. El puente de ­Shinkyo, construido en 1936, es uno de los más bellos de Japón.

Tras atravesar el puente, los Tokugawa presentan sus ofrendas ante los altares del templo. Luego se consagran los palanquines-sarcófagos, lo que les transfiere los espíritus de los tres grandes shogunes: Ieyasu, Hideyoshi (su antecesor) y Yoritomo (primer shogun japonés), y se trasladan en procesión, acompañados por decenas de monjes vestidos de luminosos hábitos blancos o amarillos, al templo de Futara, donde, tras una ceremonia sintoísta, pasarán la noche.

Guía

Información

  • El festival Shuki Taisai se celebra dos veces al año en Nikko: en primavera, los días 17 y 18 de mayo, y en otoño, los días 16 y 17 de octubre. Comienza a las once de la mañana del primer día.
  • Nikko se halla a dos horas en tren al norte de Tokio.
  • Turismo de Japón (www.turismo-japon.es).
  • Turismo de Nikko (http://nikko-travel.jp/english).

A la mañana siguiente, unas 1.200 personas participan en el Sennin Gyoretsu o desfile de los mil samuráis: cientos de guerreros en uniformes de época completos con corazas, yelmos y armas (lanzas, arcos y sables). Además, desfilan sacerdotes portando las banderas y estandartes de los diferentes clanes y familias, dignatarios y cortesanos a caballo, cazadores con presas disecadas y otros personajes con máscaras de zorro para honrar a los espíritus de estos animales que protegen al templo de todos los peligros. Completan el desfile músicos con tambores y campanillas. Componen el despliegue más suntuoso de indumentaria y armas antiguas que pueda contemplarse en Japón.

El atuendo más original es el samurái. Su armadura era su marca. Debía otorgar protección al tiempo que les aseguraba libertad de movimientos. Se compone de pequeñas láminas de metal ligeramente superpuestas y fuertemente unidas con cuerdas.

Cuando el desfile llega al patio del Toshogu, se celebra una representación de danzas antiguas por actores vestidos con amplias túnicas de seda y el rostro cubierto con máscaras similares al teatro No. La belleza del lugar, la de los edificios y santuarios y la magnificencia del desfile han dado origen a un proverbio célebre en todo el país: “No digas que nada es hermoso antes de haber contemplado Nikko”.

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