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Leve bailarina de piedra

Una escultura del siglo II que seduce por su movimiento es la estrella del museo romano de Antalya. La ciudad turca ofrece también paseos en bici eléctrica, ‘rafting’ en un cañón de 400 metros y una buena oferta playera

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En España apenas suena, pero Antalya es una de las ciudades más visitadas del mundo, más incluso que Estambul. Son más de 15 millones los turistas que recibe cada año, la mayoría alemanes y rusos que vienen exclusivamente a esta costa sur de Turquía a torrarse en la playa y en las piscinas de hoteles todo incluido. Al lado de ese turismo masificado, sin embargo, hay sitio también para el viajero que prefiere los hotelitos con alma de la ciudad amurallada, que sabe disfrutar de una noche de ópera en un teatro romano y que vibra al descubrir una naturaleza desbordante, con saltos de agua como no se ven en ningún otro lugar del Mediterráneo.

9.00  La cascada Rompesandías

Teatro romano de Side, cerca de Antalya. ampliar foto
Teatro romano de Side, cerca de Antalya.

Es difícil de creer que, estando en la misma latitud que Almería, aquí haya ríos y cascadas como de selva tropical. Para verlo y creerlo, podemos ir haciendo footing mañanero o pedaleando en bici eléctrica (www.ebikeantalya.com) hasta la desembocadura del Düden (1, pinche sobre el enlace para ver el mapa ampliado) cerca de la playa de Lara, donde el río se lanza al mar turquesa en un salto atronador de 30 metros conocido como Karpuzkaldiran, el Rompesandías. El mismo río, 16 kilómetros más arriba, forma la gran cascada de Alejandro, donde es fama que el macedonio bañó a sus caballos. Y tampoco anda lejos (20 kilómetros) la cascada de Kursunlu (2), donde el juego es pasar sin mojarse por detrás de la cortina de agua. La proximidad de los montes Tauro, con cimas de 3.700 metros nevadas gran parte del año, explica esta plétora de aguas bravas. Fortune Rafting (www.fortunerafting.com) organiza descensos por el cañón del río Köprülü (3), el Eurimedonte de la antigüedad, atravesando 12 rápidos y un puente romano, entre paredes de 400 metros. Con los traslados y la comida (incluidos en los 30 euros del precio) se acaba echando todo el día.

10.00  Gira arqueológica

También echaremos el día, o un par de ellos, si nos empeñamos en acudir a todas las ruinas de la comarca. Como mínimo, hay que visitar las ruinas montaraces de Termessos (4) (a 34 kilómetros al noroeste de Antalya) y las de Perge (5) (a 17 kilómetros al este), que fue la capital de la Panfilia romana, donde san Pablo predicó en su primer viaje la vida y milagros de Jesús, entonces una historia novedosa y entretenida. Y también el teatro romano de Aspendos (6) (a 48 kilómetros), que es el mejor conservado del mundo, seguramente porque fue usado como caravasar por los selyúcidas y también como palacio.

Restos romanos en Turquía ampliar foto
La Bailarina, pieza escultórica del siglo II del Museo Arqueológico de Antalya.

El uso continuo es el cemento más resistente que hay. Ahora se usa como escenario del Festival Internacional de Ópera y Ballet de Aspendos (www.aspendosfestival.gov.tr), que este año fue del 1 de junio al 15 de septiembre. Más al este, a una hora de camino, está Side (7), donde las ruinas de la ciudad romana no forman un yacimiento aparte, sino que se codean con los hoteles, restaurantes y tiendas de recuerdos de la población moderna. Son unas ruinas vivas. Las altas columnas del templo de Apolo, de piedra dorada como el sol, se alzan en la orilla, junto a las barcas. Mejor así que detrás de una valla. Muchas de las obras de arte exhumadas en estos lugares pueden admirarse en el Museo Arqueológico de Antalya (8) (www.antalyamuzesi.gov.tr). La reina es la Bailarina, una estatua del siglo II procedente de Perge que es puro movimiento, con las finas ropas esculpidas en pleno vuelo, como pendientes de un hilo invisible.

13.00  Carne a la brasa y pescado fresco

Muy cerca del museo, el restaurante 7 Mehmet (www.7mehmet.com) dispone de un comedor moderno, amplio y luminoso, y de terraza con vistas al mar. Excelentes las carnes a la brasa (hay un plato en que se combinan cordero, ternera y pollo) y el postre de dulce de calabaza. Por unos 25 euros se come bien. Otro buen restaurante con vistas a la bahía es Lara Balik Evi (9) (www.larabalikevi.com.tr), que se alza sobre un acantilado al este de la ciudad amurallada. Su fuerte es el pescado fresco, casi vivo. Conviene solicitar una carta en inglés (para pedir) y otra en turco (para pagar), porque los precios de la última son menores, no para turistas. Aun así, es más caro que el 7 Mehmet.

15.00  Cabezada sobre la arena

Mapa de Antalya y alrededores, en Turquía. ampliar foto
Mapa de Antalya y alrededores, en Turquía.

Con el estómago lleno, lo que apetece es una siesta en la playa, arrullados por las olas. Si hemos comido en 7 Meh­met, ahí mismo está la de Konyaalti, de ocho kilómetros de longitud y con un decorado de montañas picudas al fondo que parece una acuarela china. No es de arena, sino de guijo: menos blando, pero más limpio. La que sí es de arena es la playa de Lara (10), que está en la otra punta de la ciudad, al este, bordada de opulentos hoteles temáticos que remedan las formas del Titanic (www.titanic.com.tr), del Concorde (www.concordehotel.com.tr) o del Kremlin (www.wowhotels.com), algo que a los rusos les debe de hacer mucha gracia. En la ciudad antigua, detrás del espigón del puerto, se esconde la pequeña playa de Mermerli (11), que es la más chic de Antalya, pero de pago. Si se quiere una playa de postal, hay que conducir una hora larga hacia el oeste hasta llegar a la de Olympos (12) (también de pago), rodeada de montañas, pinares y ruinas de la ciudad cilicia homónima. De hecho, yacimiento y playa forman un todo.

18.00  Kaleiçi, monumentos y raki

Hora de pasear por Kaleiçi, la ciudad amurallada, con tres paradas. Una, la Puerta de Adriano (13), por la que entró el emperador en el año 130. Dos, la mezquita de Yivli Minare (14), del siglo XII, con su artístico alminar de contorno lobulado. Y tres, el café Castle (15) (www.kaleicicastle.com), al lado de la torre de Hidirlik, un lugar idóneo para tomarse un raki (como la palomita española de anís) viendo cómo se pone el sol tras los montes Tauro y vuelven a puerto las goletas que pasean a los turistas, adornadas como barcos pirata. El atrezo de estas naves no puede ser más falso, pero es verdad que esta costa fue antaño un nido de piratas, que incluso secuestraron a un joven Julio César, quien según la leyenda se enfadó mucho porque pidieron un rescate muy pequeño por alguien tan grande como él.

21.00  De la mesa a la cama

Tampoco tiene malas vistas Arma (16) (www.clubarma.com.tr), un restaurante con terraza frente al puerto. Lo mejor, la brocheta de grida (mero blanco). Sale por unos 30 euros. Algo más cuesta cenar en Seraser (17) (www.seraserrestaurant.com), ideal para veladas románticas. De la mesa a la cama solo hay un paso, porque está en el hotel Tuvana (www.tuvanahotel.com), el cual ocupa seis casas de estilo otomano en una tranquila calle peatonal. Otros hotelitos seductores son el Puding Marina (18) (www.pudinghotels.com) y el Minyon (19) (www.minyonhotel.com).

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