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Noticia patrocinada

Cinco rutas otoñales en los parques naturales de Cataluña

Recorrer en kayak los paisajes que inspiraron a Dalí, pedalear entre hayedos bermejos o asistir a la brama del ciervo

El otoño en los parques naturales de Cataluña, frente al Mediterráneo o en lo alto de los Pirineos es todo un espectáculo

Parque natural del Montseny (Barcelona). Ampliar foto
Parque natural del Montseny (Barcelona).

Si durante el verano el litoral atrapó la mirada de los turistas, ahora son los bosques los que atraen la atención pintados con los colores del otoño. De Portbou a Alcanar y de Barcelona a El Pla de la Font, montes y valles se extienden para que el visitante pueda entregarse al turismo ecológico en Cataluña antes de que llegue el invierno.

El bosque oxidado

Parque natural del Alt Pirineu (Lleida). ampliar foto
Parque natural del Alt Pirineu (Lleida).

El de Virós, en medio del parque natural del Alt Pirineu, es un bosque que ha servido durante mucho tiempo para producir el carbón que abastecía a las fraguas de la Vall Ferrera. Por eso se le conoce como el "bosque de hierro". En la actualidad, este lugar, que en otoño parece oxidarse con la caída de las hojas, es un destino poco habitual en comparación con el cercano parque nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, pese a que cuenta con itinerarios interesantes.

Virós es el espacio mejor conservado del parque natural del Alt Pirineu, el más extenso de la comunidad catalana y comprende las poblaciones de Pallars Sobirà y el norte de l'Alt Urgell. La ruta, de unos 12 kilómetros, comienza en el pueblo de Araós en la comarca de Alins; desde allí se abre un camino señalizado entre hayas, pinos y abedules que llega hasta el refugio Gall Fer, primera parada con unas vistas envidiables de las montañas (el bosque se encuentra a unos 1.500 metros de altitud). Si se continúa por la vereda que pasa junto a la población de Buiro puede visitarse la pequeña ermita de Santes Creus. Con suerte, y si no se hace mucho ruido, algún urogallo o algún rebeco se cruzarán por el camino. Programar la salida al atardecer permite apreciar mejor la variedad de sonidos del bosque. Al tratarse de un destino de alta montaña, sus caminos requieren cierta pericia por parte del senderista.

Ciervos y bicicletas

Montes del parque natural de Cadí-Moixeró, en los prepireneos de Lleida. ampliar foto
Montes del parque natural de Cadí-Moixeró, en los prepireneos de Lleida.

La sierra del Cadí y Moixeró, que da nombre al parque natural que le rodea, ejerce de preludio de los Pirineos catalanes. Por su cara sur se extiende un bosque caducifolio que cubre el valle de Gresolet: su policromía aumenta su encanto cuando llega octubre. En la cara norte se produce la espectacular berrea del ciervo. A primera hora de la mañana o a última hora de la tarde los cérvidos machos entrelazan sus astas, luchando por conseguir el control de la manada y atraer a las hembras. “Escuchar sus bramidos en el silencio de los valles es como trasladarse a la prehistoria y escuchar a los dinosaurios rugir”, explica Xavier Cazorla, experto en ecoturismo.

Varias empresas locales, como Taigà, organizan excursiones guiadas al atardecer que incluyen caminatas de unos 45 minutos hasta los parajes donde tiene lugar el ritual. También se pueden realizar rutas en bicicleta eléctrica por las sendas de la sierra del Cadí-Moixeró: negocios como Burricleta ofrecen paseos a dos ruedas por 18 caminos diferentes con salida desde Alt Urgell o Cerdaña.

En kayak entre el gato y el águila

Parque natural del Cap de Creus (Girona). ampliar foto
Parque natural del Cap de Creus (Girona).

Las aguas del parque natural de Cap de Creus, que rodea al pueblo costero de Cadaqués (en la Costa Brava), aún se mantienen templadas. Su agradable temperatura invita a recorrer el litoral en kayak si la tramontana no lo impide. Este viento, frío y turbulento, es el que proporciona su singularidad a las formaciones rocosas costeras que toman los nombres de las figuras que evocan: el león, el camello, el águila o el gato. Partiendo de Llançà, la ruta se convierte en una auténtica lección de arte; los riscos y acantilados que contempla el navegante son los mismos que inspiraron a Dalí en obras como El gran masturbador.

Entre roca y roca, el paisaje regala calas poco transitadas, casi inaccesibles por tierra y viñedos que crecen junto al mar. Con ellos se elaboran vinos con denominación de origen de L'Empordà. En la zona operan varias empresas de alquiler de kayaks que organizan circuitos por el litoral. Para los menos diestros con el remo, cada domingo, hasta el 8 de noviembre, se programan recorridos por la ruta megalítica de Roses, al otro lado del cabo. Un itinerario de dos kilómetros que permite observar menhires y dólmenes en la región más oriental de la península ibérica.

De la montaña al delta

Parque natural de Els Ports (Tarragona). ampliar foto
Parque natural de Els Ports (Tarragona).

Por el norte del parque natural de Els Ports, en Tarragona, transcurre la Vía Verde de las Tierras del Ebro, un trayecto que sigue las antiguas vías del ferrocarril. El terreno, en su punto más alto, es abrupto y escarpado y crea un marcado contraste con las llanuras agrícolas vecinas. Esta zona, que en verano es muy calurosa y seca, se vuelve más apetecible a partir de septiembre. Curiosamente, pese a su marcado clima mediterráneo, este parque alberga uno de los hayedos más meridionales del continente, el del Retaule: húmedo y neblinoso más propio de parajes centroeuropeos. 

El parque cuenta con senderos de gran recorrido como el GR-7 que atraviesa la cordillera longitudinalmente y pasa por el refugio de Font Ferrera, Casetes Velles, Les Clotes, Sant Roc y el pueblo de Paüls. También dispone de otras vías para recorrer a pie o en bicicleta. La más famosa es la del Baix Ebre. El mejor punto para comenzar la visita al parque es el centro de información, ubicado en la carretera de Roquetes. El camino se convierte en un descenso junto al río desde las montañas hasta el Mediterráneo. En la meta, el parque natural del Delta de L'Ebre. El otoño es época de migraciones y de llegada de especies del norte, con lo que la diversidad aumenta. El birding o avistamiento de aves es una de las actividades turísticas más habituales allí. Incluso se organizan festivales para aficionados y profesionales a los que se les permite acceso a zonas normalmente restringidas, para avistar gaviotas de Audouin, flamencos, águilas pescadoras o patos cuchara.

Caminata por el hayedo

Parque natural de Montseny (Barcelona). ampliar foto
Parque natural de Montseny (Barcelona).

Los senderos del parque natural del Montseny, a 50 kilómetros de Barcelona, transcurren entre paisajes mediterráneos que se vuelven más húmedos según se asciende. Cuenta con 29 itinerarios señalizados y es famoso por el hayedo y el pantano de Santa Fe. Una de las rutas para iniciados comienza en esa zona, junto a la Font de Passavets. Hay que ascender siguiendo la ribera de Santa Fe a la derecha. El recorrido zigzaguea dentro del hayedo de mismo nombre y asciende hasta el refugio de Turó de l’Home, donde el clima es casi alpino. Allí las vistas dejan sin aliento, según muchos excursionistas: en un día claro se ven el mar y los Pirineos.

Al oeste del Montseny, el parque natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac cuenta con rutas sencillas, accesibles para todo tipo de público. Una de ellas es la de la Fuente de la Portella (desde la Casa Nova de l'Obac), de tres kilómetros y medio con un tramo de unos 600 metros para personas con movilidad reducida. Otros itinerarios más exigentes pero con gran recompensa son la travesía de La Mola y El Moncau (Sant Llorenç del Munt), el Tagament o la del Matagalls desde Collformic. Esta última consiste en un ascenso de hora y media desde el puerto de Collformic hasta el pico Matagalls a 1.698 metros sobre el nivel del mar, desde cuya cumbre se vislumbra Montserrat y donde muchas parejas declaran su amor. También se puede subir mediante una apacible caminata, que atraviesa un bosque caducifolio, desde el antiguo monasterio benedictino de Sant Marçal.

Esta noticia, patrocinada por la Generalitat de Cataluña, ha sido elaborada por un colaborador de EL PAÍS.

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