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Emulando ‘Titanic’ en Gran Canaria

Ruta a vela a bordo de una fragata cuya proa permite imitar a DiCaprio y Winslet en la famosa escena de la película de James Cameron

Proa de la fragata 'The Secret', en Gran Canaria Ampliar foto
Proa de la fragata 'The Secret', que ofrece travesías turísticas en la isla de Gran Canaria.

Es noche cerrada. Han pasado cuarenta minutos desde que el sol se ocultó detrás del Teide en la vecina isla de Tenerife, sorteando una compacta masa de nubes sobre el horizonte. A medida que el sol caía, el perfil del volcán se definió mejor en lo alto y el añil del mar fue mudando a negro. A las diez de la noche atracamos en el puerto deportivo de Pasito Blanco, en Maspalomas, en el sur de Gran Canaria. La aventura a bordo del The Secret comenzó tres horas antes.

Zarpamos a las siete de la tarde. Nos acompañan una pareja de novios que grabará su invitación de boda durante la travesía, así como los abuelos de él, una pareja septuagenaria originaria de León que celebra también sus bodas de oro. Los 60 euros que Guacimara, Ancor, Rafael y Dolores han pagado incluyen el barco entero a disposición, más bebida y comida. Pero The Secret no es uno de los party boats (barcos festivos) que ofrecen desenfreno multitudinario por la zona. Aquí sonarán estándares internacionales, pero como explica la propietaria, Leonor Navarro, “nunca a un volumen que distorsione la experiencia. The Secret es una comunión con el mar”.

El barco, una fragata de 24 metros de eslora, tres mástiles de 16 metros de altura y cuatro velas, tiene espacio para doce personas más una tripulación de cuatro. La navegación se realiza a vela, silenciosa, aunque para salir y aproximarse a puerto cuenta con dos motores de 150 caballos. Funciona los siete días de la semana. Las rutas habituales son de 11.00 a 17.00 horas, o desde las 19.00 hasta la puesta de sol. “Nos adaptamos al cliente. Hay familias que han embarcado un fin de semana completo”, explica Navarro. Las reservas se realizan a través de la web, o bien por correo electrónico o teléfono.

Mar rizada y almogrote gomero

Avistamiento de delfines durante la travesía en velero, en Gran Canaria. ampliar foto
Avistamiento de delfines durante la travesía en velero, en Gran Canaria.

Suena Mediterráneo, de Serrat, aunque navegamos por el poderoso Atlántico, que hoy presenta mar rizada. Más tarde oiremos Aguas de março , de Tom Jobim y Elis Regina, aunque estemos en julio. En una salida habitual se fondea cerca de una costa azocada (Anfi del Mar, El Pajar, Taurito o Maspalomas) y los pasajeros se dan un remojón. Saltar a esta piscina inabarcable no se olvida. De nuevo a bordo, almorzaremos paella o fideuá. Durante el recorrido, además, la tripulación dispone para los clientes una degustación de productos locales, como quesos, mermeladas y almogrote gomero. Refrescos, cerveza, agua y vino blanco de Lanzarote tampoco faltan.

El casco de The Secret es de madera y plastificado de fibra de carbono. En la popa, una mesa con bancos enfrentados con capacidad para doce. Sobre los camarotes, colchonetas blancas con cojines permiten disfrutar de la travesía recostados. En la proa, cuatro grandes pufs blancos; otro banco ocupa la manga del velero. El mástil de proa es perfecto para alongarse emulando a Leonardo DiCaprio y Kate Winslet en la famosa secuencia de Titanic.

Aquí no hay icebergs. Desde que soltamos amarras apenas nos hemos cruzado con algunas barquillas. Una falúa de la guardia civil nos adelanta a lo lejos brincando sobre las olas delante de un pesquero que avanza rodeado de pardelas y otras aves. El barco enfila dirección suroeste. José Luis Navarro, el patrón, da orden de parar los motores. Navegando a vela el vaivén del mar se aprecia menos. El silencio solo se rompe con el chapoteo del mar contra el casco. Con suerte, veremos parejas de peces voladores persiguiéndose de puntillas sobre las aguas. O nos rodearán delfines o algún cetáceo.

Ocaso en el Manhattan canario

Vista aérea de la fragata 'The Secret', en Gran Canaria. ampliar foto
Vista aérea de la fragata 'The Secret', en Gran Canaria.

Navarro invita a colaborar en la navegación. Los pasajeros pueden coger el timón, halar velas y atar cabos. Héctor Rodríguez, segundo patrón, toma fotos desde la proa. Mientras los ancianos contemplan el mar cogidos de la mano bajo la mesana, los novios han bajado a los camarotes. The Secret dispone de seis camas individuales en literas, además de una king size, y un baño. El sol cae. El cielo enrojece, la luz cubre las montañas del suroeste de Gran Canaria como si les adhiriera encima un celo semitransparente. La lejanía a la isla hace que emerjan los macizos de la cumbre. El barco avanza orzando destino el atardecer.

En el trayecto de regreso, la cementera de Arguineguín dibuja, en primera línea de costa, un skyline de gran ciudad, el Manhattan canario lo llaman. Venus y Júpiter tiemblan altos y muy cercanos en el cielo. Si el fulgor amarillo de la primera es intenso, el azul de Júpiter podría confundirse con cualquiera de los cientos de estrellas que empiezan a hacer su ronda nocturna por el firmamento.

Gregory Porter interpreta Be Good sobre un fondo de piano, contrabajo y saxo. Visto del revés, desde la perspectiva de este mar y este cielo negros, The Secret es una mota de polvo en un edificio repleto de valiosos muebles viejos. La joven pareja sigue filmándose en los camarotes. Los turistas empiezan a encender las luces de sus habitaciones en los complejos hoteleros. Otro destello, el del faro de Maspalomas, nos guía para que regresemos sanos y salvos a Pasito Blanco.

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