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Con niños

Salto al colorido mundo de Pippi Calzaslargas

El parque temático de Astrid Lindgren, al sur de Suecia, celebra los 70 años del personaje literario

Recreación de Villa Kunterbunt, la casa de Pippi Calzaslargas, en el parque temático El mundo de Astrid Lindgren, en Vimmerby (Suecia). Ver fotogalería
Recreación de Villa Kunterbunt, la casa de Pippi Calzaslargas, en el parque temático El mundo de Astrid Lindgren, en Vimmerby (Suecia).

Tiene nueve años, dos trenzas rojas, pecas y una sonrisa pícara. Y vive con un caballo y un mono. Pippi Calzaslargas —la niña más fuerte del mundo—, icono de la literatura infantil, está de cumpleaños: han pasado 70 años desde que Astrid Lindgren (1907-2002), su creadora, publicara el primero de los libros (traducidos a unos 70 idiomas) que relatan las aventuras de esta valiente y rebelde niña.

El personaje de Pippi Calzaslargas en el parque temático El Mundo de Astrid Lindgren, en Suecia. ampliar foto
El personaje de Pippi Calzaslargas en el parque temático El Mundo de Astrid Lindgren, en Suecia.

La fecha se celebra muy cerca del lugar donde nació la escritora, en Vimmerby, al sur de Suecia. Allí se sitúa El mundo de Astrid Lindgren, un cuidado parque temático ambientado en el mundo de Pippi —perdón, de Pippilotta Viktualia Rullgardina Krusmynta Efraimsdotter Langstrump— y de otros personajes infantiles de la autora como Miguel, el travieso (que en la versión original sueca se llamaba Emil).

Entre actuación y actuación, los personajes y músicos deambulan por el parque y conversan con grandes y pequeños. Y los escenarios se abren al público. La estrella es, sin duda, Villa Kunterbunt (Villa Villekulla en sueco), la casa de Pippi. Pero también están una versión en miniatura del pueblo donde viven Annika y Tommy, la fortaleza de Ronja, la hija del bandolero y la granja de Miguel, entre otros escenarios. Construidas en madera pintada y piedra, las recreaciones se esconden entre bosques, pequeños campos de trigo, jardines con flores y prados donde pastan vacas y ovejas.

En el camino (de tierra en su mayor parte) surgen espacios para el picnic y zonas de juego como un circuito de troncos de madera, árboles para escalar, un granero en el que zambullirse al heno o una típica casa de madera sueca convertida en laberinto de toboganes. Comida casera y gofres con mermelada artesana añaden buen sabor a una experiencia campestre muy lograda. La única pega para el viajero internacional: los espectáculos de teatro (impresionante el vestuario) se representan solo en sueco.

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