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Tailandia cunde mucho

La modelo Verónica Blume conoció al padre de su hijo en unas cabañas perdidas al sur del país asiático

La modelo Verónica Blume. Ampliar foto
La modelo Verónica Blume.

La modelo y yogui acaba de inaugurar en Barcelona su propio centro de yoga, un espacio en lo que era una antigua cochera en el barrio barcelonés del Poble Sec, The Garage (Magalhaes, 2). Recuerda cuando dejó de viajar por trabajo y empezó a hacerlo también por placer. Fue en el año 2000, en unas vacaciones que, como ella dice, le resultaron muy aprovechadas.

Así que no es verdad eso de que “las modelos viajan mucho”.

Para mí no. Yo he estado en Nueva Zelanda pero nunca se me ocurriría decir que conozco Nueva Zelanda. Estuve exactamente 36 horas para hacer dos fotos.

¿Y cuándo empezó a cambiar?

Cuando estuve en Tailandia por primera vez. En ese momento se me abrió una perspectiva nueva. Primero me fui tres semanas y poco después volví para dos meses. Fui con la mochila y cero glamour. Nada más aterrizar me planté en Khao San Road, la famosa calle de los mochileros, pero allí no aguanté ni 24 horas. ¡El ambiente es mucho más que alternativo!

Huiría a la playa.

Sí, me fui al sur y allí me impactó el turquesa del mar, los peces de colores… Nos quedábamos en cabañitas en medio de la nada por cuatro duros. Era toda una inmersión. Además, en ese viaje conocí al padre de mi hijo, así que me cundió mucho.

¿Cómo fue eso?

Pues una historia muy básica y entrañable. Él vivía allí y trabajaba como instructor de buceo, y yo pasaba cada día por delante de su negocio.

Y a su hijo, Liam, ¿lo ha llevado ya a su país preferido?

Sí, fuimos hace un par de años, con un ritmo distinto, claro. En lugar de ir a retiros de yoga, que es lo que suelo hacer, subimos a barcos, hicimos snorkel, moto acuática… de todo. Disfruté muchísimo también. Los niños te hacen redescubrir las cosas desde una perspectiva muy inocente.

Tailandia también tiene fama de destino fiestero. Pero a usted que no la esperen en las raves

Uy, no. También viví dos años en Ibiza y ni me enteré de la fiesta. Estaba en una zona en la que los móviles perdían la cobertura. En el sureste asiático, cada vez está todo más explotado, por desgracia. Me han dicho que en mi isla preferida, Ko Tao, ya hay hasta un McDonald’s, así que siempre voy buscando rincones vírgenes. El año pasado descubrí unas islitas, las Gili, que pertenecen a Bali. Aquello sí que es un paraíso.

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