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Taiwán es un paraíso ciclista

La convención internacional más importante del planeta sobre todo lo relacionado con la bici se celebra en la isla de Formosa. Proponemos una ruta sobre dos ruedas

Un ciclista en una población cercana a Kaohsiung. Ampliar foto
Un ciclista en una población cercana a Kaohsiung.

El año que viene se celebra en Taipei una nueva edición de Velo-city, la convención internacional más importante del planeta sobre todo lo relacionado con la bici. No es casualidad que la capital de Taiwán sea la anfitriona de este evento que ya ha tenido lugar en otras ciudades bike-friendly como Copenhague, Sevilla o Viena; las políticas del gobierno de la isla oriental a favor del vehículo de dos ruedas y la perseverancia de la marca de bicis taiwanesa Giant durante las dos últimas décadas han hecho de este país un paraíso ciclista.

Con semejante perfil, Taiwán ha desarrollado las infraestructuras y políticas necesarias para crear decenas de vías para el vehículo de dos ruedas. Una de ellas es la que discurre por la costa oeste de Formosa; la ruta de las grandes ciudades taiwanesas da comienzo en la capital, Taipei, y termina en la segunda ciudad en importancia de la que fuera colonia japonesa, Kaohsiung. El recorrido cubre algo más de 400 kilómetros, casi en su totalidad a través de carreteras con un perfil topográfico llano y un carril independiente solo para bicis o compartido con ciclomotores.

Taipéi, una de las metrópolis más excitantes del continente asiático, es el punto de partida de esta aventura a pedales. La capital taiwanesa, que cuenta con un eficiente sistema de alquiler de bicis, Youbike, es una seria candidata a liderar la carrera medioambiental en la región. Este mismo año el alcalde, Ko Wen-je, desvelaba una serie de planes para hacer de Taipéi una “ciudad verde”, poniendo un gran énfasis en el papel de la bicicleta. La mejor opción es empezar el viaje desde el icónico Taipei 101, el que fuera el edificio más alto del mundo hasta el 2010.

Parada en el punto donde se atraviesa el Trópico de Cáncer, en Taiwán. ampliar foto
Parada en el punto donde se atraviesa el Trópico de Cáncer, en Taiwán.

Desde aquí pondremos rumbo a Hsinchu, conocida como la ciudad del viento. Para llegar a esta localidad hay que transitar por la carretera nacional número tres hasta Guanxi y posteriormente por la carretera condal 118. Hsinchu es un lugar estupendo para comprender el complejo Taiwán actual; alejada de la cosmopolita Taipei, la ciudad ejemplifica el viaje, cultural y económico, que ha vivido la isla desde la llegada de Chiang Kai-shek hasta la moderna democracia actual. En sus calles se dan cita la tradición china con la tecnología más innovadora del continente; Hsinchu alberga uno de los parques tecnológicos con más peso del país.

En la siguiente jornada el viaje continúa rumbo a Taichung, a través de las carreteras 61, uno y 12. La primera discurre junto a la costa, a través de un paraje inundado de aerogeneradores. Durante esta jornada la ruta pasa por Dajia, el hogar de la marca taiwanesa Giant. La compañía de King Liu y Tony Lo es la principal responsable del rol privilegiado que vive la bicicleta en la región. Taichung, la tercera ciudad más grande de Taiwán, es una de las más dinámicas del continente. El contraste entre la actividad industrial de los suburbios, los pequeños negocios locales del centro y la emergente escena cultural de la localidad hacen de ella, una parada imprescindible.

Tras abandonar Taichung, la ruta de las grandes capitales pone rumbo a Tainan. Para llegar a la ciudad más antigua de Taiwán hay que cruzar algo más de 160 kilómetros, atravesando poblaciones como Changhua, Xiluo o Chiayi (esta última sirve como lugar en el que pasar la noche si uno no está acostumbrado a pedalear más de cien kilómetros al día). La carretera nacional número uno es la vía a seguir a lo largo de esta etapa. Tainan es la ciudad que más gustará a los apasionados de la historia; por la zona han pasado holandeses, españoles, japoneses o chinos, dejando una interesante mezcla cultural que se refleja en la vida actual de la localidad.

Descansando al llegar a Kaohsiung, ciudad donde termina esta ruta ciclista por el oeste de la isla de Taiwán. ampliar foto
Descansando al llegar a Kaohsiung, ciudad donde termina esta ruta ciclista por el oeste de la isla de Taiwán.

La última etapa del viaje es la más corta; de Tainan a Kaohsiung, último destino de la ruta, hay tan solo 50 kilómetros. El recorrido continúa por la carretera nacional número uno que tiene el momento más peliagudo a la entrada de esta ciudad portuaria, ya que el tráfico suele ser muy denso. Si el punto de partida fue el Taipei 101 de la capital taiwanesa, el punto final lo pone el Tuntex Sky Tower, el segundo rascacielos más alto del país. Kaohsiung, con su trepidante vida nocturna, es uno de los puntos con más color de la isla. Un buen lugar en el que disfrutar una Taiwan beer, la cerveza más popular de Formosa, después de tanto pedaleo. 

Dos consejos y una app

Moverse en bici implica viajar ligero, por lo que no es recomendable traer mucho equipaje para esta ruta. La crema solar, un pequeño botiquín y varias bolsas de plástico son los objetos que no deben faltar en las alforjas en ningún momento. Es fácil encontrar tiendas 24 horas, como 7-eleven o Family Mart, a lo largo de todo el camino, por lo que no es necesario cargar con comida. El alojamiento en la parte oeste de la isla es económico, de calidad y suele aceptar de muy buen grado a los ciclistas y sus vehículos. Es aconsejable descargarse alguna aplicación en el móvil para traducir chino (Pleco es la mejor opción).

Giant dispone de un eficiente sistema de alquiler de bicicletas por toda la isla, además de decenas de tiendas en las que poner a punto el vehículo de dos ruedas. Las estaciones de policía disponen de herramientas y zonas de descanso para los ciclistas. King Liu, presidente de la compañía, es un buen ejemplo de que todo el mundo puede hacer esta ruta: recorrió toda la isla en bici cuando tenía 73 años, hazaña que repitió a los 79. “Cuando acabé me sentí muy bien, incluso noté que mi salud había mejorado”, contaba el ingeniero a este periódico el año pasado sobre su experiencia durante su primer viaje.

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