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Argentinos y valencianos

El actor Juan Echanove cree que Buenos Aires "es canalla y huele a asado" y adora los quesos de París

El actor Juan Echanove. Ampliar foto
El actor Juan Echanove.

Está pasando el verano practicando algo así como el teatro extremo. Se estrena como director en Mérida con La asamblea de las mujeres, de Aristófanes, y anda metido en ensayos en plena canícula madrileña. “No podemos abrir las ventanas porque se quejan los vecinos ni poner el aire acondicionado porque se me quedan afónicos los actores”, dice el actor. Así que en estas condiciones le parece un tanto cruel ponerse a pensar en viajes.

¡Ya lo sentimos! Pero haga un esfuerzo. ¿Cuál es su destino fetiche?

Hay dos ciudades que me fascinan y me cuesta mucho escoger: París y Buenos Aires. La primera tiene algo sobrecogedor y la segunda es esa ciudad a la que uno le gustaría pertenecer. Pero Buenos Aires es mucho más canalla que yo, así que no me atrevo.

Hablemos de lo que importa, la comida.

Buenos Aires es la ciudad que huele a asado. Tanto que cuando llevas dos meses allí sólo quieres volver a España a comer arroz blanco. Los amigos, como Darío Grandinetti, siempre me llevan a las parrillas, pero en realidad no es una ciudad gastronómicamente tan interesante como otras, como México D.F., por ejemplo. Donde mejor se come en Buenos Aires es encasa de los amigos. Un argentino es como un valenciano, que empiezan la paella a las diez de la mañana y la acaban a la una de la noche. Pues ellos igual con el asado.

¿Tiene sus rituales?

Lo primero que hago al llegar a la ciudad es dejar la maleta y acercarme al Múnich, el restaurante del barrio de la Recoleta al que iban Borges, Bioy Casares y el compositor de tangos Aníbal Troilo, que dicen que se comía una bandeja entera de milanesas a caballo. Yo me pido siempre lo mismo: milanesa, puré de patata y ensalada de remolacha. El puré no es el de Jöel Robuchon pero casi. Espectacular.

¿Y en París, qué es lo primero que hace?

Me planto debajo de la torre Eiffel como un turista, lo mismo que cuando voy a Nueva York, que subo al Empire State. Siempre pienso en el actor Antonio Gamero, que falleció. Él iba a París cuatro o cinco veces al año para ver ópera y luego me traía quesos y recomendaciones de bistrós que iba encontrando. Ahora cuando voy a París parece que lo estoy oyendo: “Juanito, tengo un camembeeert…”.

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