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Fuera de ruta

El momento de Nizwa, capital árabe de la Cultura Islámica

La ciudad de Omán se erige como un ejemplo de tolerancia en una zona que fue cruce de caravanas

La cúpula y el minarete de la Gran Mezquita de Nizwa, en Omán. Ampliar foto
La cúpula y el minarete de la Gran Mezquita de Nizwa, en Omán.

Nizwa, en el sultanato de Omán, vive sin fanfarria su año como capital árabe de la Cultura Islámica. Un discreto cartel en los escaparates de los comercios anuncia durante 2015 este título honorífico que celebra la contribución de la ciudad a la cultura, la literatura, las artes y la ciencia desde la perspectiva islámica. En un momento en que lo islámico se asocia con el fanatismo y la violencia de los yihadistas, la elección de esta histórica ciudad omaní resulta especialmente significativa. Nizwa, como el resto del país, se ha convertido en un ejemplo de tolerancia en la región.

La que fuera capital de Omán durante mil años era aún a mediados del siglo pasado un villorrio tan conservador y cerrado que su imam no permitió el acceso al explorador británico Wilfred Thesiger, como él mismo relató en Arabian Sands. Hoy, es el segundo destino turístico del sultanato y sus 70.000 habitantes se muestran muy afables con quienes les visitan.

Ese cambio radical tiene mucho qué ver con la llegada al poder del sultán Qabús en 1970 y su proceso de apertura al exterior. Algunos analistas mencionan también el carácter tolerante del ibadismo, la rama del islam que siguen la mayoría de los omaníes, aunque ello no evitó frecuentes guerras internas de las que dan fe los numerosos castillos que salpican su geografía.

Exterior de la muralla construida en 1.649 en la ciudad de Nizwa. ampliar foto
Exterior de la muralla construida en 1649 en la ciudad de Nizwa.

“Nizwa ha sido elegida como capital de la Cultura Islámica debido a su profunda influencia cultural que se remonta 12 siglos y a la riqueza de su patrimonio”, declaró el vicesecretario del Ministerio de Cultura y Patrimonio, el jeque Hamad Bin Hilal al Maamary, al presentar el logotipo del evento.

El distintivo simboliza la fusión entre islam y cultura con el perfil de los dos monumentos más destacados de la arquitectura y la historia de Nizwa: el fuerte y la cúpula de la Gran Mezquita del viernes, que ahora lleva el nombre del sultán Qabús. Entre ambos aparece el nombre de la ciudad en dorado y en caligrafía Al Thulth, una de las formas más antiguas de escritura árabe.

Los vecinos se sienten orgullosos de ese pasado. Una de las salas del museo etnográfico instalado en el recinto amurallado honra a los poetas, pensadores y científicos que ha dado la localidad a lo largo de su historia. Ello unido a ser el primer bastión del islam en el sultanato influyó sin duda en su designación como capital cultural de 2015 por la Organización Islámica para la Educación, la Ciencia y la Cultura, junto a Almaty (Kazajstán) y Cotonou (Benin). Es la tercera ciudad de la península Arábiga en lograr ese honor después de la saudí Medina, en 2013, y la emiratí Sharjah, el año pasado.

El zoco de Nizwa, en Omán. ampliar foto
El rehabilitado zoco de Nizwa, a los pies de la ciudadela.

Las raíces islámicas de Nizwa son sólidas. Su mezquita más antigua, la de Shawadnah, se levantó en el año 623 (el segundo de la Hégira) y tiene vestigios de un mihrab orientado a Jerusalén, como Mahoma había instituido antes de optar porque se orara mirando a La Meca. Pero su localización en el cruce de las rutas de caravanas que unían el interior del país con el puerto de Mascate, la actual capital, y con la región meridional de Dhofar, ha dejado algo más que el aroma del incienso que desde ésta traían los camellos y ahora llega a través de imponentes autopistas.

“Aquí no es como en Irak o Siria; ibadíes, suníes y chiíes convivimos en paz, gracias a Dios”, asegura Bahariya, una locuaz funcionaria del Ministerio de Asuntos Religiosos, durante una exposición sobre la muerte de Mahoma, en el vecino castillo de Bahla.

Influencias culturales y nuevas tecnologías han logrado penetrar los gruesos muros de la fortaleza que un día protegió a los habitantes de Nizwa de los asaltos enemigos. Hoy, la ciudad se expande mucho más allá. Hace falta subir a lo alto de su torreón circular, el de mayor diámetro de Omán, para apreciar una belleza que se escapa a pie de calle y que la capitalidad cultural intenta atrapar.

La fortaleza de Nizwa, en Omán. ampliar foto
La fortaleza de Nizwa, en Omán, y, al fondo, la Gran Mezquita.

Durante todo el año, la Universidad de Nizwa, la Facultad de Ciencias Aplicadas, el Complejo de la Juventud, el Alto Instituto Judicial y la plaza del Fuerte van a acoger seminarios, conferencias y exposiciones. Destacan la V Exposición Internacional de Bellas Artes, el seminario titulado La interacción entre Omán y el Mundo o una conferencia sobre El papel del orientalismo en la difusión de la cultura islámica. También habrá muestras de fotografía y artesanía, algunas de las cuales recorrerán la red de museos del sultanato.

De momento, ni el grandilocuente centro cultural que se está construyendo en el barrio de Hay al Tourath, al este de la ciudad, ni los nuevos accesos al centro histórico, están terminados. Las autoridades han anunciado la inauguración del centro para mayo. Allí se celebrará en noviembre la reunión de los ministros de Cultura del mundo islámico con la que Nizwa culminará su capitalidad.

Abdalá, al frente de una tienda de recuerdos en el zoco, duda de que las actividades programadas vayan a traer más turistas a la ciudad. “De todas formas, tampoco nos perjudica que se hable de nosotros”, concluye satisfecho con la marcha del negocio.

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