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Fin de semana

El pueblo de Adolfo Suárez

El Museo de la Transición y buenas tapas en Cebreros, al sureste de Ávila

Panorámica de Cebreros, el pueblo abulense donde nació Adolfo Suárez y se celebró su funeral el pasado mes de marzo. rn Ampliar foto
Panorámica de Cebreros, el pueblo abulense donde nació Adolfo Suárez y se celebró su funeral el pasado mes de marzo.

´¿Qué tiene Cebreros que no tengan otros pueblos de Castilla y León? Pues básicamente que en él nació Adolfo Suárez, primer presidente de la España democrática, y esta efeméride dio lugar a la apertura del Museo Adolfo Suárez de la Transición (MAST). La segunda atracción principal del pueblo sería El Rondón, un establecimiento hostelero donde reponer fuerzas.

Un extranjero septentrional le encontraría su encanto a Cebreros; incluso un urbanita sin abuelos dotados de una comarca en la que pasar veranos con banda sonora de chicharras y música verbenera. Cebreros tiene bares de pueblo cuyas puertas de acceso son cortinas de fideos de plástico que anuncian ruidosas la entrada de los parroquianos; bares como el Central, donde sirven tapas de conejo de campo, y bares donde el producto estrella son los choricillos del tío Juanillo, tal como figura, grabado a fuego, en el cristal de la entrada del Bar Cebreros.

Todo pueblo español es un homenaje involuntario al pasado, ya sea en forma de abueletes con boina, de romerías o de niños endomingados al salir de misa. Pero Cebreros le rinde homenaje de manera voluntaria: en la plaza de España, gracias a un poste indicador, nos enteramos de que el cortejo fúnebre de Isabel la Católica pasó por aquí de camino a Granada. Las celebrities de la política española de todos los tiempos están, como vemos, vinculadas al pueblo, que cuenta con una calle de Juan Carlos I y otra, por supuesto, de Adolfo Suárez. Su casa natal, en el número 54 de la calle que hoy lleva su nombre, propiedad de unos familiares de Suárez, es un mero santo lugar laico ante el que pasar.

Fachada del Museo de la Transición de Cebreros (Ávila). ampliar foto
Fachada del Museo de la Transición de Cebreros (Ávila).

Además de esta profusión de nombres y lugares emblemáticos, el visitante puede entrar en la iglesia de Santiago (siglo XVI), en estilo herreriano, con planos de Alonso de Covarrubias. Como no podía ser menos, en ella se celebró el funeral de Suárez el pasado mes de marzo. También se puede callejear por las inmediaciones en busca de dinteles de piedra y de algunas casas enjalbegadas —aún en Castilla y León, en verano el sol aprieta— y acercarse a los límites del pueblo por la calle de Toledo para ver la Picota, la columna de piedra que daba fe de que la localidad era villa y no aldea, y que data del reinado de Felipe II.

La Iglesia Vieja (siglo XIV) fue elegida para albergar, desde 2009, ese homenaje museográfico a Adolfo Suárez y, de paso, a una época esencial para la historia de España. No tan lúdico o tan pop como otros museos centrados en una etapa histórica reciente —por ejemplo, el berlinés dedicado a la RDA, que hasta emite los programas infantiles de más éxito al otro lado del telón de acero—, el Museo de la Transición de Cebreros pretende ser, ante todo, didáctico, si bien no le falta el guiño costumbrista al Seat 600 y a los sillones del Congreso de los Diputados. También desea ser neutral, y su neutralidad es, en cualquier caso, afín a las ideas de consenso y concordia del político al que homenajea, de ahí que entre sus eventos encontremos charlas sobre la labor del PCE durante la Transición, así como acerca de los Pactos de la Moncloa.

El pueblo de Adolfo Suárez

El MAST no posee una pieza-fetiche que destaque entre todas: es más bien un mosaico de imágenes, objetos, sonidos y conceptos, y así hay que concebirlo para disfrutar de la visita. Desde hacer el test sobre constitucionalismo español y descubrir lo poco que sabemos sobre las cartas magnas españolas del siglo XIX, hasta meternos en las cabinas —“Entra y disfruta”, nos dice el cartelito— donde suenan canciones populares de la época como Habla, pueblo, habla, del grupo Vino Tinto, o Libertad sin ira, de Jarcha. Pero también escuchar a los padres de la Constitución hacer declaraciones sobre ésta, o votar por los tres personajes de la Transición más representativos, pues el voto era el deporte nacional de aquellos años, de ahí que se expongan varias urnas y una cabina de votación.

Algunos encontrarán placer en ver las correcciones a rotulador de los discursos de Suárez; otros, los pocos que todavía no hayan visto las imágenes de archivo de esa época, disfrutarán al reconocer las caras de esos hombres —porque eran casi todos varones— con sus grandes gafas de montura de pasta, hoy consideradas hipster, y podrán comprar imanes para la nevera y llaveros de recuerdo con la figura de un Adolfo Suárez joven y apuesto.

Interior del Museo de la Transición, en Cebreros. ampliar foto
Interior del Museo de la Transición, en Cebreros.

Y al finalizar la visita, tanto de la exposición permanente como de la temporal programada en ese momento y siempre relacionada con la época, la mejor idea es encaminarse hacia la carretera de Villacastín, donde se encuentra El Rondón, la escuela de hostelería que además cuenta con hotel y restaurante. El lugar es otro de los iconos actuales de la villa, con sus cuatro estrellas y mismo número de tenedores. En el restaurante, la experiencia de comerse un risotto con sal de aceitunas, una dorada al horno y una quesada pasiega servida primorosamente en rectángulo de pizarra, todo ello a precio de menú (12 euros), merece la pena.

Tras la comida, la vista descansa en las colinas abulenses mientras uno se toma un café en los cómodos sofás de un salón cercano. Y probablemente nos entren ganas de siesta, pero hay que volver a la realidad, que la Transición terminó hace décadas y no conviene quedarse anclado en el tiempo. Eso lo sabe el personal del museo, que, debido a los sucesos de 2014, está modificando las secciones dedicadas a Juan Carlos I y al propio Suárez, así como purgando el archivo de Diario 16 que han heredado, y es que la historia no se detiene.

Mercedes Cebrián es autora de la novela de El genuino sabor (Literatura Random House).

Guía

Comer

  • El Rondón (www.elrondon.es). Carretera de Villacastín, 6. Cebreros (Ávila). Precio menú entre semana, 12 euros. Precio menú fin de semana, desde 27 euros.

Información

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