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Revista de verano

Pisa en cuatro plazas

La ciudad toscana ofrece mucho más que su famosa torre inclinada. Un paseo por sus 'piazzas' descubre su cara más bella y universitaria

Mercado en Piazza delle Vettovaglie, en el centro de Pisa (Italia). Ampliar foto
Mercado en Piazza delle Vettovaglie, en el centro de Pisa (Italia).

En las rutas por la Toscana, Pisa es una parada habitual. “¿Y qué tal?”, pregunta el interlocutor. A lo que el visitante suele responder: “Bien, vimos la torre y poco más”. ¡Error! La ciudad en la que nació Galileo Galilei tiene mucho que ofrecer más allá de la explanada en la que se amontonan los turistas que se retratan sosteniendo el famoso monumento inclinado. Las plazas de la ciudad articulan un reconfortante recorrido con mucha vida.

Justo al lado de la torre, en la misma Piazza dei Miracoli, hay otras tres construcciones que no tienen nada que envidiar a su compañera torcida, aunque no hayan adquirido tanta fama. El baptisterio, la catedral y el cementerio antiguo. Este último es el más desconocido del conjunto arquitectónico, pero sus arcadas ciegas esconden varios tesoros y la mayor parte de los visitantes suelen obviarlo.

La iglesia de Santo Stefano en la plaza dei Cavalieri de Pisa. ampliar foto
La iglesia de Santo Stefano en la plaza dei Cavalieri de Pisa.

El centro de la auténtica vida de Pisa se encuentra en la Piazza dei Cavalieri, un lugar que alberga leyendas y que es, en la actualidad, es el lugar anhelado por miles de estudiantes cada año. Allí se ubica la Scuola Normale, un centro de estudios universitarios de altísimo nivel. La plaza recibe su denominación por la orden del mismo nombre, fundada en el siglo XVI para defender las costas del Tirreno de los ataques de piratas sarracenos.

Aquí se puede disfrutar del Palazzi degli Anziani, una construcción del siglo XI que albergaba la sede de los representantes del Gobierno de Pisa. La torre del Orologlio, antigua prisión, es el escenario de uno de los pasajes de la Divina Comedia de Dante Aligheri. La historia dice que Ugolino della Gherardesca, uno de los notables de la ciudad, fue acusado en el siglo XIII de traición por el arzobispo de Pisa. Fue encerrado allí junto a sus hijos en una celda, cuya llave se arrojó al río Arno. Murieron de hambre. Por último, también en la plaza dei Cavalieri está la iglesia de Santo Stefano, que alberga los botines de guerra obtenidos por la orden de los caballeros tras años de lucha con los corsarios turcos.

Tres pistas que no salen en las guías

Una parada dulce

Las crepes de Nutella de Dolce Notte, en la oculta Piazza La Pera son un pecado que el visitante se puede permitir para endulzar el paseo.

Una pizza memorable

La Bersagliera es uno de esos establecimientos auténticos con mayúsculas. A medio camino entre Pisa y Lucca, un lugar nada atrayente desde el exterior pero en el que siempre hay clientes esperando en la puerta. Las pizzas son de un tamaño considerable y con un gusto casero. La dueña es argentina  y su simpatía es inversamente proporcional a la exquisitez de sus platos. No intenten hacerle bromas.

El plan tranquilo

Hay que coger el coche, pero el espectáculo lo vale. El Sunset Café está en Marina di Pisa, una pedanía de la ciudad. Es un bar ubicado en una pequeña cala donde los asientos son esterillas en la arena y las luces, velas. En este punto se puede contemplar uno de los atardeceres más bellos de la Toscana.

La universidad de Pisa es una de las más prestigiosas del país. Estudiantes de toda Italia acuden a ella. Por eso, la ciudad se llena de vida y movimiento. Una visita a su edificio principal, la Sapienza, (del siglo XIII), en la plaza Dante, es más que aconsejable. Su biblioteca esconde un manuscrito original de Galileo. Después se puede hacer un alto en el camino y tomar un café en alguno de los locales de la misma plaza como un universitario más. A las tres de la tarde, está repleta.

A última hora de la tarde, el aperitivo nos lleva a Piazza delle Vetovaglie. En Italia se denomina  aperitivo a la bebida que se toma en torno a las ocho de la tarde y que se suele servir con un surtido de alimentos que van desde la pasta hasta los canapés. El aperitivo puede convertirse en cena, porque el único freno para rellenar el plato es el sentido común y la cara que ponga el camarero.

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