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Amor y coco destilado

Brianda Fitz-James Stuart viajó a Bali con su madre. La joven diseñadora, modelo y 'dj', nieta de la Duquesa de Alba, conoció durante el viaje a su actual pareja

La primera vez que Brianda Fitz-James Stuart viajó a Bali tenía 12 años. Hace un lustro, la diseñadora, modelo y dj, que pinchó en el Fringe Madrid, volvió a la isla indonesia acompañada de su madre. Durante el viaje, conoció a su actual pareja.

Brianda Fitz-James Stuart.
Brianda Fitz-James Stuart.

Comience por el principio…

Fuimos tres semanas, una mezcla de trabajo y placer. Mi madre tenía que buscar unas telas y hablar con unos proveedores y aprovechamos. Unos amigos de ella nos prestaron una casa al norte de Canguu.

¿Por dónde fueron?

Estuvimos en muchos mercados. El de Kumbasari me encantó. Tiene de todo: bolsos, comida, ropa, y es uno de los más auténticos.

Y... ¿cómo conoció a su novio?

Era un conocido de la familia. Vivía en la misma calle que mi hermano en Madrid. Nos lo encontramos de casualidad en Bali, donde resulta que se había criado. Se ofreció a hacernos de guía y nos llevó a lugares muy auténticos.

¿Por ejemplo?

Desde una playa preciosa a la que había que bajar en ascensor, la del hotel Karma Kendara, cerca del impresionante templo Pura Gunung Payung, hasta el restaurante Nasi Kedewatan, donde nos pusieron un arroz con pollo muy picante.

Conquista a golpe de planazos.

La verdad es que fuimos a millones de sitios: templos, arrozales, restaurantes... Una noche, cenamos en un lugar muy loco: Made’s Warung, donde sirven comida tradicional, de la que se come con las manos, y te reciben con un espectáculo de tango en el que una balinesa practica el baile argentino con una botella en la cabeza.

Una propuesta entre original y extravagante.

La mezcla de gente que hay allí es muy curiosa y genera situaciones divertidas. Sobre todo después de probar el arrack.

¿Qué es?

Un destilado alcohólico, típico del sur de Asia, que se elabora a partir de la savia del cocotero. Allí lo beben todo el rato, pero es un poco fuerte. Nos tomamos varios y ¡madre mía!

¿Cómo quemó el alcohol?

Tuve cuidado porque me avisaron que subía mucho, y es cierto. Tras las copas nos fuimos a la discoteca Bounty, un megalocal decorado como el barco británico del mismo nombre. Allí te puedes cruzar con cualquier tipo de personaje. Bali es un lugar maravilloso, un poco raro, pero muy divertido. Me gusta. Además, ahora, creo que volveré un montón de veces. Al fin y al cabo, mi novio se ha criado allí.

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