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Bajando a la mina, tomando aspirina

En Langreo está la única fábrica de ácido acetilsalicílico de Bayer. Junto con Mieres, es la capital de las cuencas mineras. Un recorrido por el pasado industrial de Asturias

Iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena. Ampliar foto
Iglesia prerrománica de Santa Cristina de Lena.

Preñados de carbón, en la superficie de los valles mineros asturianos pelea la exuberante vegetación con los vestigios de un glorioso pasado industrial: minas que van quedando en el olvido, construcciones oxidadas y vías de ferrocarril que son como un esqueleto mecánico de las comarcas. Las cuencas mineras, las de los ríos Caudal y Nalón, tienen a sus espaldas un pasado de duro trabajo, luchas, huelgas y, a veces, cierta prosperidad. Y por delante, con el fin de la minería, fuente de su economía, un futuro incierto, tal vez negro como el negro mineral. Por eso hay quien quiere potenciar la arquitectura industrial y los valores turísticos, naturales o gastronómicos de esta zona, cuyos centros urbanos más importantes son Mieres y Langreo.

El centro deportivo de Langreo, obra de Javier Pérez Uribarri y ACXT Arquitectos. ampliar foto
El centro deportivo de Langreo, obra de Javier Pérez Uribarri y ACXT Arquitectos.

10.00 Misterio ramirense

Si uno entra en las cuencas por el sur, procedente de la meseta, la primera población importante con la que se topa es la de Pola de Lena. Allí se encuentra Santa Cristina de Lena (1). Aupada en una colina y rodeada de hermosas montañas, es uno de los más importantes ejemplos del prerrománico asturiano (junto con otros como Santa María del Naranco (2) o San Miguel de Lillo (3), en Oviedo, con los que guarda similitudes), un estilo arquitectónico único. No existe referencia a esta construcción en los documentos de la época, ni se conoce su finalidad (¿iglesia?, ¿capilla de la realeza?), pero se considera la última del periodo ramirense, el de mayor auge del arte asturiano, durante el reinado de Ramiro I (842-850), y es patrimonio mundial (visitas llamando al 985 49 05 25). La célebre naturaleza asturiana, exagerada, frondosa y verde oscuro, se encarama aquí a las montañas. Para conocerla de cerca está el parque natural de Ubiña (4), en Lena, reserva de la biosfera de la Unesco. O el parque natural de Redes (5) (Prau la Feria, s/n. Campo de Caso; www.parquenaturalderedes.es/), en el que, además de flora y fauna, encontramos la Casa del Agua, el Museo de la Apicultura, y el de la Madera y la Madreña, ese calzado autóctono, fabricado en madera, que permite caminar por senderos embarrados y caminos sin asfaltar. Otra forma de conocer la zona es pedalear en el anillo ciclista (6), que recorre seis municipios: Aller, Lena, Mieres, Morcín, Ribera de Arriba y Riosa.

12.00 La jaula de oro

Hubo un tiempo en que los grandes empresarios, motivados por su piedad cristiana, quisieron dar una vida decente a sus trabajadores. El poblado minero de Bustiello (7) (a unos 12 kilómetros de Lena), terminado de construir en 1925 por el marqués de Comillas para sus obreros de la Sociedad Hullera Asturiana, es el epítome de este paternalismo industrial. En esta jaula de oro vivían los mejores mineros (y los más obedientes). La iglesia, en lo más alto; después, las casas de los ingenieros, y, abajo del todo, las de los trabajadores. En la taberna no se servía alcohol y solo podía leerse la prensa del marqués. Esta curiosa y perversa utopía se recrea en el Centro de Interpretación de Bustiello. La experiencia se puede completar bajando a la antigua mina del Pozu Espinos.

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14.00 La ‘huelgona’

Mieres (unos 42.000 habitantes) es, junto a Langreo (unos 44.000), la ciudad más poblada de las cuencas mineras, una especie de capital. Su ajetreada historia la convierte en centro neurálgico de las luchas mineras, desde la revolución de 1934 hasta la huelga de 1962: la huelgona, que desde el pozo mierense Nicolasa se contagió a toda Asturias y, de ahí, a España. Allí hay una estatua en homenaje a todos los mineros muertos del mundo y otra dedicada a un escanciador de sidra. En Mieres (8) se puede disfrutar por doquier de platos asturianos como la fabada, el pote, el cachopo (filetes de ternera rebozados con jamón y queso, de moda en la región) en lugares como El Cenador del Azul (Aller, 51), L’albar (Teodoro Cuesta, 1) o Casa Flora(San Juan, 7).

16.00 Mineros al tren

Si Mieres es la cabeza de la cuenca del Caudal, a 8,5 kilómetros, Langreo (9) cumple un papel similar en la del Nalón. Aquí está el famoso pozo María Luisa (10), uno de los seis todavía en activo, cuatro de cuyos mineros muertos se recuerdan en la famosa canción Santa Bárbara bendita. En Langreo hay múltiples museos sobre lo que aquí antes daba de comer a la gente y ahora no tanto. En el Ecomuseo Minero Valle de Samuño (11) uno puede montarse en un tren minero, pequeñito y amarillo, y adentrarse en la montaña hasta la primera galería del pozo San Luis. Luego, en superficie, se conocen el resto de instalaciones, de estilo modernista, y cómo eran las difíciles relaciones laborales en la mina. Armando Palacio Valdés publicó en 1903 la novela La aldea perdida, donde narra cómo un idílico paraíso campesino se convirtió en un duro escenario industrial. En su pueblo natal, Laviana (12), a 15 kilómetros de Langreo, una Casa Museo y Centro de Interpretación recuerdan su figura y se documenta el traumático cambio.

18.00 Una historia contra el dolor

El Museo de la Siderurgia (13) (MUSI. Ciudad Tecnológica de Valnalón en Langreo) ocupa lo que era una enorme torre de refrigeración, ahora pintada en vivos colores, de una antigua fábrica siderúrgica. El museo fue reinaugurado el pasado diciembre y cuenta el proceso de fabricación del acero y el origen de la minería en las cuencas desde mediados del siglo XIX, cuando se empezó a explotar el carbón masivamente. Como complemento, visita a un barrio obrero y a una de sus viviendas, o la ruta La máquina y el tiempo, centrada en locomotoras de vapor. La línea ferroviaria que conectaba Langreo con el puerto de Gijón, fundada en 1846, fue la cuarta creada en España y la primera de carácter industrial. Otra exposición, cedida por la empresa Bayer, cuenta la historia de la aspirina, pues, actualmente, Langreo es el único productor mundial de ácido acetilsalicílico. Mientras que en El Entrego se puede visitar el Museo de la Minería y la Industria (14) (MUMI. El Trabanquín, s/n), un acercamiento más al mundo de la extracción subterránea.

Museo de la Minería y de la Industria, en El Entrego. ampliar foto
Museo de la Minería y de la Industria, en El Entrego.

21.00 Bajo el puente atirantado

Pitu de caleya, merluza del pinchu a la sidra o ragú de pixín son algunos de los platos de Casa Adela (15), en la cercana Lada. Otros restaurantes para comer en Langreo son La Toscana (Ramón Bautista Clavería, 10), atención a su premiado cachopo; la sidrería Olimar (Gregorio Aurre, 33), recomendable su arroz con bogavante, o Casa Olivo (Celestino Cabeza, 14), donde destacan las fabes con almejas o el lechazo. Después de la comilona, paseo por la ribera del Nalón para observar el gran puente atirantado (16), diseñado por Javier Manterola, e imaginar mejores tiempos vividos en esta tierra; cuando, decían, el Nalón bajaba negro, teñido del negro carbón. 

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