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Extra Exremadura

Los escenarios del césar

Del teatro romano y el templo de Diana, en Mérida, al puente de Alcántara o la muralla de Coria, una ruta bimilenaria por Extremadura en el año de César Augusto

Escena de la ópera 'Salomé' en el teatro romano de Mérida (Badajoz), dentro del Festival de Teatro Clásico, con la Orquesta de Extremadura dirigida por Álvaro Albiach. Ampliar foto
Escena de la ópera 'Salomé' en el teatro romano de Mérida (Badajoz), dentro del Festival de Teatro Clásico, con la Orquesta de Extremadura dirigida por Álvaro Albiach.

El símil puede ser un tanto osado, pero podríamos decir que en 2014 celebramos el bimilenario de la muerte del primer responsable de planificación urbana de Extremadura. César Augusto, el emperador que rigió durante 40 años la suerte de Roma y que transformó la vieja República en un Imperio, fue también el impulsor de la municipalización de Hispania y renovador de estructuras urbanas que 2.000 años después aún se revelan fundamentales en la vertebración del territorio. Extremadura tiene una honda raíz romana y se lo debe en parte a Augusto, en cuyo honor se fundaron ciudades como Emérita Augusta (la actual Mérida) o Augustóbriga (cerca de Navalmoral de la Mata), y de cuyo mandato salió la ampliación y mejora de un eje de calzadas sur-norte que ligaban Itálica (Sevilla) con Asturica Augusta (Astorga) que aún hoy —en forma de autopista— vertebra la red de comunicaciones de la comunidad. No es de extrañar por tanto que el año Augusto se celebre por todo lo alto en la comunidad extremeña. El Museo Nacional de Arte Romano de Mérida conmemora la efeméride con un ciclo de conferencias más una exposición (Augusto y Emérita) que podrá visitarse desde julio hasta final de año. Mientras que el Festival de Teatro Clásico (www.festivaldemerida.es) de la capital extremeña —que además este año celebra su 60ª edición— hace honores al mandatario que decidió que en cada una de las ciudades por él fundadas debía existir un teatro que elevara el nivel cultural de sus habitantes.

Este año, Roma está más de moda que nunca en Extremadura (www.turismoextremadura.com). Estos son algunos de los legados que aún quedan de aquella presencia romana en Lusitania:

Cáparra

Arco tetrapilón de Cáparra. ampliar foto
Arco tetrapilón de Cáparra.

 Solitario en medio de la llanura del río Ambroz, al norte de la provincia de Cáceres, se eleva el arco tetrapilón de Cáparra. Es una visión mágica, casi irreal. Por debajo se ven aún las losas originales de la calzada XXIV, la Vía de la Plata, y, a ambos lados, restos de los almacenes, tiendas y tabernas que daban servicio a los caminantes. No hay que tener una bola de cristal para imaginar cómo era la red viaria en aquella lejana época y deducir que tampoco se diferencia tanto de lo que ahora podría ser una carretera nacional atravesando la zona de servicios de una pequeña ciudad. Los arcos tetrapilones (cuatro pilares de sillares graníticos que soportan otros tantos arcos de medio punto cubiertos por una bóveda de arista) marcaban en las polis romanas el cruce entre las dos principales vías urbanas: el Cardo y el Decumanus. El de Cáparra es el único que ha llegado a nuestros días casi intacto en toda España. El municipium romano de Cáparra, quinta mansio de la calzada romana XXIV, llegó a tener una extensión de entre 14 y 16 hectáreas y notables edificios, entre ellos un anfiteatro y dos grandes templos cuyos restos son hoy visitables.

Todo esto lo explican en el centro de interpretación construido a la entrada de las ruinas, donde mediante paneles, fotografías y vídeos se recrea de forma virtual cómo fue la ciudad. Los historiadores coinciden en señalar que Cáparra ya fue un asentamiento vetón anterior a la llegada de los romanos.

Teatro de Regina

 Casas de Reina es un pequeño pueblo blanco y silente perdido en la llanura cerealista de Badajoz. La sorpresa es que a kilómetro y medio de sus tapiales encalados se alza un imponente teatro romano. Era un teatro secundario (apenas 1.200 butacas frente a las 6.000 del de Mérida), pero su ubicación, solitario en medio de la campiña, magnifica su esplendor. La estructura formaba parte de la vieja ciudad romana de Regina, una polis que creció durante el periodo de los Flavios (del 70 al 96 después de Cristo) gracias a la minería y a la agricultura de regadío.

Regina es uno de los mejores representantes de la arquitectura hispanorromana de la segunda mitad del siglo I en Extremadura y llevaba 20 siglos esperando que sonaran de nuevo en su cávea el aplauso del gran público. Una oportunidad que puede verse cumplida este verano porque con motivo del 60º aniversario del Festival de Teatro Clásico de Mérida se va a representar, el día 2 de agosto, Los gemelos (de Plauto).

Teatro romano de Medellín

Puente y castillo de Medellín. ampliar foto
Puente y castillo de Medellín.

La última gran incorporación al catálogo romano de Extremadura es este teatro que permaneció casi 20 siglos oculto en las laderas del castillo de Medellín, una población de 2.500 habitantes al norte de la provincia de Badajoz en la que nació Hernán Cortés. Aunque la existencia del teatro ya se conocía desde hacía décadas, las excavaciones en serio empezaron en 2007. Para sorpresa de los arqueólogos, la cávea apareció casi intacta, con más de 800 sillares colocados aún en su posición original. La capa de tierra que fue cayendo desde lo alto del cerro lo selló y lo protegió durante todo ese tiempo. Tenía capacidad para unos 1.700 espectadores.

Fue Premio Internacional de Patrimonio Europa Nostra, el mayor galardón que se concede en el continente a proyectos de conservación del patrimonio. Este año además va a ser una de las sedes del Festival de Teatro Clásico de Mérida. Entre el 25 y el 27 de julio su pulpitum acogerá las obras Ayax (de Sófocles), la Odisea (de Homero) y Los gemelos (de Plauto).

Vía de la Plata

Escena de 'La Iliada', que se representa en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. ampliar foto
Escena de 'La Iliada', que se representa en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

La gran empresa conquistadora de los romanos necesitaba de infraestructuras sólidas sobre las que asentarse y perpetuarse. Una de ellas fueron las calzadas, el hilo vertebrador del Imperio. Los caminos principales de la red viaria romana fueron construidos para ser eternos. Y a ciencia cierta que algunos llevan camino de conseguirlo, pues 2.000 años después todavía aguantan el envite del tiempo. Uno de esos ejes fundamentales fue el constituido por las calzadas número XXIII —que iba desde Itálica, actual Santiponce, hasta Emérita Augusta (Mérida)— y XXIV —que enlazaba Emérita Augusta con Asturica Augusta (Astorga)—, lo que hoy conocemos como Vía de la Plata, la columna vertebral del oeste de Iberia. El eje que permitió la romanización y más tarde la arabización del noroeste peninsular, la Reconquista de Extremadura y Andalucía o el tránsito de peregrinos mozárabes desde el sur hasta la tumba del apóstol Santiago. Su topónimo no tiene nada que ver con el mineral argentífero; unos historiadores proponen que deriva del término árabe al b’lata (caminos empedrados, enlosados o en buen estado) y otro del latino delapidatae, que era como en Roma se denominaba a las vías públicas principales rematadas con piedra pulida. Provenga de uno o de otro, la Vía de la Plata se ha convertido hoy en uno de los grandes recorridos senderistas y cicloturistas de España para llegar a Santiago de Compostela y un filón para el sector turístico extremeño. Todavía son visibles tramos originales de ambas calzadas, puentes, miliarios y otras estructuras menores. Sus mansios (estaciones de servicio) derivaron en grandes ciudades como Cáceres, Salamanca o Zamora.

Puente de Mérida

Una de las mayores obras de ingeniería de esa Vía de la Plata fue el puente que salvaba el río Guadiana y daba acceso a la colonia Emérita Augusta. Una obra que aún hoy impresiona por su elegancia y solidez. El vado de piedra se alza sobre los 792 metros de anchura del cauce mediante 60 arcos. Para su ejecución fue necesario construir primero una isla artificial en el centro del cauce rodeada por un poderoso muro de piedras y hormigón de más 150 metros de perímetro. Su forma de cuña (tajamar) impedía que las violentas crecidas del Guadiana arremetieran contra los pilares maestros del puente. Estuvo en uso para el tráfico rodado hasta 1991, cuando se inauguró el nuevo puente Lusitania.

Teatro y anfiteatro de Mérida

El teatro romano de Mérida, en la capital extremeña. ampliar foto
El teatro romano de Mérida, en la capital extremeña.

El teatro de Mérida es uno de los más importantes y mejor conservados de todo el mundo romano. Lo mandó construir el cónsul Marco Agripa en el año 18 antes de Cristo, pero la escena fue reedificada por Trajano y finalizada en tiempos de Adriano, en el año 135. La cávea, gigantesca para un teatro de provincias, mide 86,63 metros de diámetro y daba cabida a 5.500 espectadores, demasiados para la corta población de Emérita, lo que hace suponer que a las representaciones acudían también los campesinos de los alrededores. El escenario es una joya arquitectónica reconstruida a partir de las excavaciones de José Ramón Mélida entre 1910 y 1915. Consta de dos pisos de orden corintio de 13 metros de altura con siete pórticos, tres de ellos más profundos para disimular las puertas que comunicaban el escenario con los vestuarios. El conjunto sirve de marco cada verano para el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida (www.festivaldemerida.es). Una de las estrellas del programa es la Ilíada, de Homero, que se representará en forma de drama por primera vez en España. Durante casi dos meses el teatro acogerá ópera, danza, cine y otras representaciones teatrales

El anfiteatro queda separado del teatro por una avenida. Se terminó de construir en el año 8 antes de Cristo y aprovecha también el relieve del cerro San Albín. Tiene capacidad para 14.000 espectadores y, pese al saqueo de sus piedras de mármol, aún permite distinguir los vomitorium, el acceso de los gladiadores, las jaulas de las fieras y toda la tramoya de pasadizos y estancias que requería un espectáculo de semejante calibre.

Templo de Diana

Templo de Diana de Mérida, y el edificio perimetral proyectado por el arquitecto José María Sánchez. ampliar foto
Templo de Diana de Mérida, y el edificio perimetral proyectado por el arquitecto José María Sánchez.

Pasear por Mérida significa tropezar en cada esquina con vestigios de la Emérita Augusta original. Pero si hay una de esas evidencias que llama la atención del visitante es el templo de Diana, construido en la época de Tiberio (14 a 37 después de Cristo) y dedicado al culto imperial. No era el templo principal de la ciudad (honor que correspondía a otro instalado en el foro provincial, en la actual calle Holguín) pero sí el único que ha llegado hasta nuestros días. Y lo hizo de una forma truculenta: parte de su estructura, incluidas las enormes columnas, fueron aprovechadas como pilares por un palacete del siglo XVI que lo ocultó de la vista, pero también de su destrucción. Tras cinco años de obras, un ambicioso proyecto a cargo del arquitecto José María Sánchez ha dado nuevo esplendor al templo. Sánchez diseñó un edificio de líneas puras —construido con cemento y piedra del mismo color que el templo— que abraza en forma de L al recinto arqueológico. Así lo aísla del entorno urbano que antes lo acogotaba y magnifica la belleza de sus formas. A todo lo largo de la fachada corre una plataforma-andador elevada que permite ver las ruinas desde la misma altura que tiene el pódium.

Museo de Arte Romano de Mérida

Interior del Museo de Arte Romano de Mérida (Badajoz), obra del arquitecto Rafael Moneo. ampliar foto
Interior del Museo de Arte Romano de Mérida (Badajoz), obra del arquitecto Rafael Moneo.

El Museo de Arte Romano (museoarteromano.mcu.es) ocupa un singular edificio con forma de basílica clásica levantado en 1986 por el arquitecto Rafael Moneo para mostrar de forma muy didáctica cómo fue la vida en los siglos de esplendor de Emérita Augusta. Bajo el gran volumen de arcos de mampostería de ladrillo rojo —que recuerda a las enormes termas romanas— se custodian los hallazgos arqueológicos de la antigua Emérita Augusta, desde esculturas a mosaicos. Es muy didáctica también la gran maqueta de la ciudad en los primeros siglos de nuestra era.

Termas de Alange

Cúpula de una de las piscinas del balneario de Alange, cerca de Mérida. ampliar foto
Cúpula de una de las piscinas del balneario de Alange, cerca de Mérida.

Veinte siglos llevan las termas de Alange dando placer y bienestar a los ciudadanos de las llanuras pacenses. Las termas ya existían en el siglo III de nuestra era, según atestiguan un ara votiva aparecida en las excavaciones, dos termas con cúpulas originales que aún se conservan y las numerosas estructuras del balneario original (tuberías, desagües, piletas, termas) que aparecen en cada reforma o ampliación.

Por desgracia, su historia fue calcada a la de otros muchos balnearios hispanos. Ignorados en tiempos visigodos, recuperados y mejorados en época árabe (son ellos los que le dan nombre: Alange, agua de Alá), casi todos cayeron en el absoluto abandono cuando la puritana cultura católica se hizo cargo del terruño tras la Reconquista. Las termas siguen en uso y cuentan en la actualidad con dos hoteles. Uno de ellos, el Gran Hotel Aqualange, inaugurado en 2006, mantiene la estética y la decoración de un alojamiento termal del siglo XIX.

Puente romano de Alconétar

Los escenarios del césar ampliar foto

Cuando en 1969 se inauguró el embalse de Alcántara, bajo sus aguas quedó todo vestigio de la calzada romana de la Plata a su paso por esa zona del valle del río Tajo. En tiempos pasados la travesía del cauce se efectuaba por el puente de Alconétar, un vado de piedra levantado en época del emperador Trajano cuyos restos se salvaron de la inundación al ser trasladados río arriba. Llegó a tener unos 290 metros de longitud y 16 arcos de medio punto a base de sillares de granito, de los que solo han sobrevivido dos arcos y cinco pilares. Fue construido en el siglo II después de Cristo, en el gobierno de Trajano, uno de los grandes impulsores de la Vía de la Plata. El puente y el río Tajo fueron una frontera natural de gran importancia entre el mundo árabe y el cristiano durante las refriegas de la Reconquista. El mismo Tarik y sus ejércitos musulmanes cruzaron por él en los primeros años de la invasión de la Península. El lugar que ocupa ahora coincide con la confluencia de la Vía de la Dalmacia y la Vía de la Plata. La Dalmacia fue otra importante calzada romana de la Lusitania que llegaba hasta Coria y Ciudad Rodrigo.

Calzada romana y termas de Baños de Montemayor

En la ladera sur de la sierra de Béjar, justo antes de empezar la subida que culmina en el collado que separa Extremadura de Castilla, aparece Baños de Montemayor, donde algunos autores ubican la mansio Caelionicco, descrita por el Itinerario de Antonino (el principal mapa de carreteras romano que ha llegado a nuestros días). La pequeña laguna natural de aguas sulfurosas que emergen a 50 grados centígrados de la montaña no pasó inadvertida para los romanos, quienes levantaron en torno a ella una estación termal muy frecuentada por los ciudadanos de Cáparra, de la que dista 29 kilómetros. En el pequeño museo del actual balneario pueden verse aras votivas, exvotos de barro cocido y ofrendas con dedicatorias a las ninfas que protegían la fuente, firmadas por ciudadanos de Cáparra o Mérida.

A la salida del pueblo se reconstruyó un tramo de 1.200 metros de la calzada XXIV por la que ahora caminan los peregrinos jacobeos de la Vía de la Plata. La intervención fue, según algunos expertos, excesiva, pero permite apreciar la supremacía tecnológica que llegaron a alcanzar los ingenieros romanos y su capacidad para organizar el territorio.

Puente romano de Alcántara

El puente de Alcántara (Cáceres), obra del arquitecto de la época Caius Julius Lacer y conocido como puente de Trajano en honor al emperador, que lo mandó construir entre los años 104 y 106 después de Cristo. ampliar foto
El puente de Alcántara (Cáceres), obra del arquitecto de la época Caius Julius Lacer y conocido como puente de Trajano en honor al emperador, que lo mandó construir entre los años 104 y 106 después de Cristo.

Si existe una obra que simboliza la elegancia y el buen hacer de los canteros y los ingenieros romanos a la hora de construir infraestructuras eternas es este puente sobre el río Tajo, cercano a la localidad cacereña de Alcántara. Ya lo dice una inscripción en un templo anexo al vado: “PONTEM PERPETVI MANSVRVM IN SECVLA MVNDI” (este puente permanecerá perpetuamente por los siglos del mundo). Está claro que los romanos tampoco tenían límites en cuanto a la vanidad. El puente de Alcántara lleva 2.000 años en uso (es de la época de Trajano, siglo II después de Cristo) y con un poco de cariño puede durar otros 20 siglos, aunque el tráfico de acceso a la población por la carretera autonómica EX117 sigue pasando sobre él. Y eso que a lo largo de la historia el hombre se ha empecinado en derribarlo. Hubo demoliciones parciales de sus arcos en la Reconquista, en las guerras entre castellanos y portugueses, en la guerra de Sucesión, en la guerra de Independencia. Pero tan sólida era la factoría que con las consiguientes rehabilitaciones el puente siguió ahí, elegante y esbelto, con sus 57 metros de altura y sus 8 metros de ancho; unas dimensiones desproporcionadas para la época que parecen confirmar que sí, que los romanos tenían visión de futuro y lo hicieron para que fuera eterno.

Muralla romana de Coria

Uno de los mejores ejemplos de cerca defensiva del periodo romano de toda España lo encontramos en esta localidad cacereña del valle del Alagón. La muralla es de época tardorromana (siglos III y IV después de Cristo) y, pese a todos los ataques, asedios y agresiones urbanísticas que ha sufrido, conserva buena parte de su perímetro y en relativo estado de conservación. Tiene entre 10 y 14 metros de altura y 4 metros de espesor, con muros típicos de este tipo de construcciones romanas a base de dos parámetros paralelos de sillería rellenos con mortero. Aunque algunas zonas —sobre todo las puertas— están muy alteradas por modificaciones y añadidos posteriores, dar un paseo a lo largo de esta muralla es la mejor manera de descubrir Coria y comprender la importancia histórica de esta villa monumental, que fue en sus orígenes un poblado vetón llamado Caurium.

Y además...

Otros hitos del legado romano en Extremadura: el pórtico de Curia de Augustobriga, el Museo de Cáceres (con varias salas dedicadas a Roma), el yacimiento del Campamento Republicano de Cáceres el Viejo, el resto de estructuras de Mérida (como el acueducto de los Milagros, el arco de Trajano, la casa del Mitreo, la casa del Anfiteatro o el pórtico del foro) o el Dístylo (monumento sepulcral) de Zalamea de la Serena.

 

 

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