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Bolas de perfume helado

Leche fresca, cacao de Costa de Marfil y vainilla de Madagascar. La heladería parisiense Berthillon mantiene la misma elaboración artesanal desde hace 60 años

Heladería artesanal Berthillon, en la rue Sant Louis de París. Ampliar foto
Heladería artesanal Berthillon, en la rue Sant Louis de París.

Una pareja de jóvenes turistas bonaerenses aguarda su turno frente a la heladería Berthillon, ubicada en la isla de San Luis, en pleno corazón de París. Han llegado hasta este local, frente al que suele haber cola, gracias a una novela de amor en la que los personajes centrales se encuentran aquí mismo para tomar el té.

Lionel, administrador y uno de los herederos de la familia cuyo apellido da nombre a la heladería, explica que la fabricación de los helados de la casa es distinta a la convencional. Cuenta que utiliza técnicas diferentes a las que se enseñan en las escuelas de gastronomía. Por eso, al contratar a sus heladeros prefiere que provengan de otros oficios para que puedan absorber con mayor facilidad su savoir faire.

Berthillon no es un lugar pretencioso. Desde que abrió sus puertas en 1954 el cometido de la familia ha sido mantener los mejores ingredientes a precios justos. “Hay pastelerías de lujo, o de alta gama, donde se venden helados que están muy bien. La decoración es maravillosa y la presentación elegante”, dice Lionel Berthillon, “pero nosotros no buscamos eso. Nuestra clientela demanda otras cosas. La calidad de los productos es de primer nivel y pueden encontrar una tarta de fresa para cuatro personas por 10 euros”.

El heladero, de 35 años, explica que él mismo suele recibir la leche fresca todas las mañanas y que las frutas del día son seleccionadas con minuciosidad. El cacao viene de Costa de Marfil o de Sudamérica y la vainilla Bourbon de Madagascar.

Una de las dependientas del lugar afirma que el helado de caramelo es uno de los más pedidos. Así mismo, explica que el gran clásico de la casa es el sorbete de frambuesas del bosque y, como recomendación, sugiere el helado de avellanas, al que Berthillon no duda en calificar de mágico.

Frente al mostrador, entre tanto, Patrick, arquitecto francés de 42 años, hace un pedido para 32 personas, según las indicaciones que su esposa le dicta a través del teléfono móvil: café, pistacho, frutos rojos. Antes de salir del local recuerda que viene a esta heladería desde que era un niño: “Hay pocas cosas que disfrute tanto como un cono con tres bolas de helado de esta casa. Hay que hacerlo para sentir el cambio de perfume de un sabor a otro”.

Berthillon (29-31 rue Saint Louis, París; +33 0143543161)

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