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Caracoles chicos o picantones en Córdoba

35 puestos se reparten por toda la ciudad hasta el 31 de mayo, fin de la temporada caracolera

Uno de los 35 puestos de caracoles instalados en la ciudad de Córdoba.
Uno de los 35 puestos de caracoles instalados en la ciudad de Córdoba.

Mientras lees este artículo decenas de cordobeses están comiéndose un caracol con una cucharilla o un trozo de pan. Se manchan los dedos, sorben con ímpetu y se relamen. Las temperaturas amables multiplican los puestos que los sirven por toda la ciudad de Córdoba, con su ambiente popular y su limitada pero sabrosa oferta: caracoles, caracoles, caracoles y, como mucho, una bolsa de patatas fritas. Con cerveza, agua, vino o refresco, este gasterópodo es el rey.

Los caracoles se preparan con recetas típicamente locales según su tamaño. Los más pequeños, que deben pedirse al grito de “una de chicos”, se cuecen con hierbabuena y una pizca de guindilla, y su degustación se remata regresando a la barra para pedir un vasito de caldo solo; los intermedios, las cabrillas, ya se sumergen en un acompañamiento más espeso. También se ofrecen los picantones, cuyo nombre y sabor no engañan, y los caracoles gordos, se preparan guisados en salsa. Algunos puestos abren sus cazuelas y bandejas a la cocina creativa y presentan caracoles a la romana, a la plancha, explosivos, carbonara —riquísimos— e incluso arroz con caracoles como reclamo de fin de semana.

Un total de treinta y cinco puestos remueven ya sus ollas esta temporada. Destaca la solera de los instalados en los Jardines de los Patos, la Torre de la Malmuerta, la Plaza de la Magdalena o, ya lejos del centro, los de Noreña, Cruz de Juárez o el Caracolexpress de Carlos III con Agrupación Córdoba, trofeo de oro en 2013. La ración de esta tradición primaveral cordobesa va desde los 1,10 o 1,20 euros—precios de un vaso de chicos— a los 2,20 que suele cobrarse por uno de gordos, y el horario para degustarlos es generoso: desde las 11.30 de la mañana hasta casi medianoche.

Aseguran los entendidos que el bichejo alcanza su esplendor después de Semana Santa y son dos fiestas las que marcan el calendario caracolero: los puestos abren el Día de Andalucía (28 de febrero) y cierran tras la Feria (este año, el sábado 31 de mayo). El punto álgido de la temporada, una auténtica rave del caracol, es la caracolada popular (y gratuita), que este año se celebra el domingo 18 de mayo (13.00 horas) en las setas de Noreña. En ella se distinguirán los mejores caracoles chicos —con caldo, especifican—, los más sabrosos caracoles gordos en salsa y se reconocerá el mejor puesto de caracoles de 2014, aunque en esto ya se sabe: para gustos, caracoles.

 

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