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ESCAPADAS

Aquí yace Nueva York

Los cementerios del estado de Nueva York ofrecen tumbas de famosos, paseos verdes y colinas para hacer picnic

Vista de Manhattan desde el cementerio Calvary. Ampliar foto
Vista de Manhattan desde el cementerio Calvary.

Nunca me iría de picnic a un cementerio europeo. Y menos a uno español, con todas esas tumbas agresivas como farallones. Sin embargo, a uno gringo me llevaría la tortilla sin problemas. Sus oleadas de hierba pulcramente cortada y punteada dulcemente por los túmulos y las estelas de piedra, incitando a que te vayas acostumbrando a la eternidad. Para los degustadores confesos de los camposantos, el llamado “necroturismo“, en el estado de Nueva York hay todo un abanico de posibilidades.

Woodlawn Cemetery

El cementerio Woodlawn. ampliar foto
El cementerio Woodlawn.

En Woodlawn Cemetery -mi favorito-, situado en el Bronx profundo, encontramos más de 1300 mausoleos de todas las formas, materiales y colores. Evidentemente, el Bronx ya no es el territorio comanche que era gracias a las políticas de Bloomberg, y quien espere encontrar un reino gótico de atmósferas líricas y alucinadas a lo Ligotti o Villiers de L´Isle Adam, con nieblas movedizas y escenarios propensos a apariciones, se verá defraudado. A cambio, Woodlawn ofrece un sereno paseo a una hora en metro del centro de Manhattan, entre arcádicas colinas y jardines repletos de artísticos mausoleos, que compiten entre sí para demostrar que incluso más allá de la muerte sigue habiendo clases. Se nota que fue el cementerio habitual de los moguls (magnates).

Las tumbas de Herman Melville y su esposa Elizabeth en el Woodlawn Cemetery. ampliar foto
Las tumbas de Herman Melville y su esposa Elizabeth en el Woodlawn Cemetery.

Este es el lugar donde Herman Melville sigue persiguiendo a su protervo cetáceo albino, una tumba modesta en comparación con los templos tanáticos que hemos visto: apenas una piedra con un papiro y una hiedra tallada. Duke Ellington descansa bajo una lápida aún más sencilla, y si pegas el oído a la piedra, puedes escuchar las notas del mismo piano que ponía patas arriba el Cotton Club. Otro inquilino ilustre que podría darle unos toques de azúcar a su ragtime es Celia Cruz, con su mausoleo con ventanita para mirar dentro que seguramente escandalizaría a tycoons (más magnates) como el mismísimo Roland Macy, fundador de los archiconocidos almacenes, los Vanderbilt, o el mismísimo Joseph Pulitzer, cuyos ostentosos catafalcos pretenden seguir proclamando que “los ricos son gente diferente“, como decía Scott Fitzgerald. Nadie sabe lo que pensará Miles Davis del tema, enterrado bajo un bloque de mármol azabache que refleja el entorno, incluidas las omnipresentes ardillas.

Sleepy Hollow

La verja del cementerio Sleepy Hollow. ampliar foto
La verja del cementerio Sleepy Hollow.

El cementerio de Sleepy Hollow, “el agujero para dormir“, tan metafórico aunque un poco más tristón, fue rebautizado en honor a uno de sus más ilustres moradores: Washington Irving. Localizado en el condado de Westchester, río Hudson arriba, todos recordamos las tétricas escenas del jinete sin cabeza en la película de Tim Burton, y ciertamente es un escenario que se presta a la pavorosa imaginería del escritor. De hecho hay tours nocturnos por 25 dólares, hecho que seguramente no concierne a inquilinos como Thomas Watson, el creador de IBM, Andrew Carnegie, el titán de la industria del acero -cuya filantropía hizo posible multitud de bibliotecas públicas-, o George Jones, uno de los co-fundadores de The New York Times.

Green-Wood

Cementerio de Green-Wood.
Cementerio de Green-Wood.

En un estilo neogótico, majestuoso, ya en Brooklyn y cerca del Prospect Park, podemos deambular por Green-Wood. Como decía Paul Goldberger en The New York Times: “Es la aspiración de todo neoyorquino vivir en la quinta avenida, darse un garbeo por Central Park y dormir con sus padres en Green-Wood“. Dicen que atrae casi tantos visitantes como las cataratas del Niágara, y es otra explosión de estatuas, mausoleos, caminos, colinas y árboles centenarios, fruto de su inspiración en los parques ingleses. Históricamente, durante la guerra de Secesión, la batalla de Long Island tuvo lugar en sus predios. El lugar tiene sus particularidades: si usted desea ser enterrado aquí, no puede haber sido ejecutado por un crimen o haber muerto en prisión. La lista de acreditados habitantes es larga: Henry Steinway, el fundador de la famosa marca de pianos; Leonard Bernstein, que hizo un uso provechoso de ellos; Basquiat, aún arrepentido de aquel malhadado último pico de heroína que se metió con solo veintisiete años; el mafioso Albert Anastasia, que llevó eficazmente durante muchos años una empresa llamada Murder Inc., o Samuel Morse, cuyo código, cuenta la leyenda, que fue utilizado por primera -y última vez- en el Titánic.

Cementerio de Calvary

Y llegamos al paraíso de los fetichistas cinéfilos: el cementerio de Calvary, en Queens. Quién no recuerda la famosa escena del entierro de Vito Corleone, con las filas de vehículos negros y Pacino con cara de póquer vigilando quién de los condolientes sería el siguiente en darle una puñalada trapera. Pues aquí mismo, con una de las más espectaculares vistas del skyline manhatteño -con el permiso de Brooklyn Heights-, encontramos las laderas más pobladas de todos los cementerios de Estados Unidos, con cerca de tres millones de enterrados. Deambulando entre las lápidas, mucho apellido italiano e irlandés de principios del siglo veinte, debido a las epidemias de gripe y tuberculosis. Soldados y oficiales de la guerra civil, se mezclan con gente del crimen organizado como Joe Masseria, entreverados con jugadores de béisbol, políticos, atletas, algún escritor que pasaba por allí, para mí absolutamente desconocido, e incluso un tipo que saltó del puente de Brooklyn, Steve Brodie, y sobrevivió.

Tumba del General Grant en Morningside Heights

Mausoleo del General Grant. ampliar foto
Mausoleo del General Grant.

Siguiendo con esta afición por la parca, y al margen de cementerios, en Morningside Heights se levanta un poco desmesurada para mi gusto la tumba del general Grant. Un mausoleo de finales del siglo XIX de formas clásicas rodeado por un cinturón de bancos de coloridos mosaicos añadidos en 1972 no sin cierta polémica porque no pegan nada.

St. Mark's in the Bowery

St. Mark's of the Bowery. ampliar foto
St. Mark's of the Bowery.

Si es usted un recalcitrante de las últimas moradas, todavía le puedo recomendar una pequeña iglesia en el East Village, St. Mark's in the Bowery. Es la segunda iglesia más antigua de Manhattan y en ella está enterrado, entre otros personajes, Peter Stuyvesant, último gobernador holandés de Nueva Amsterdam, más conocida hoy como Nueva York.También, en un último guiño cinéfilo, es la iglesia donde Sidney Lumet rodó varias escena de su film El grupo. Pues amén, o lo que usted profese.

Ignacio del Valle es autor del libro de cuentos Caminando sobre las aguas.

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