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Elba, 10 tentaciones napoleónicas

Playas espectaculares, pueblos encaramados en la montaña y animados puertos donde regatear el precio de las sardinas. Napoleón huyó de su destierro, pero cualquiera quisiera quedarse es esta isla toscana

Napoleón fue desterrado a Elba en 1814. Ver fotogalería
Napoleón fue desterrado a Elba en 1814.

Un paraíso con palmeras donde estuvo desterrado Napoleón. Elba es una preciosa isla en la costa de la Toscana italiana, perfecta para hacer senderismo, tomar el sol, bucear, o, como hizo Napoleón, pensar en cómo regresar con fuerzas renovadas… incluso para conquistar un imperio.

En su segundo y definitivo destierro, una vez comprobado que Elba había sido demasiado inspiradora, a Napoleón le enviaron mucho más lejos: a la desolada isla africana de Santa Elena, en medio del Atlántico.

1. Las vistas desde el Monte Capanne

La cima del monte Capanne. ampliar foto
La cima del monte Capanne.

El Capanne (1.018 metros) es la cima de la isla de Elba y el mirador perfecto para contemplar esta isla toscana de la que hoy Napoleón probablemente no querría huir. Está bastante más abarrotada que cuando el emperador fue confinado aquí en 1814 (logró urdir una fuga en menos de un año), pero allí siguen las mismas calas, playas, aguas azules, retorcidas carreteras de montaña e increíbles vistas, todo complementado por una excelente cocina marinera, algunos vinos de primera y una orografía abrupta perfecta para el senderismo, el ciclismo de montaña y el kayak de mar. Vamos: una especie de paraíso pintoresco a lo Robinson Crusoe, con solo 28 kilómetros de largo y 19 de ancho, siempre que evitemos la temporada alta (agosto).

2. Callejear en Portoferraio

Portoferraio desde el mar. ampliar foto
Portoferraio desde el mar.

Los romanos lo llamaron Fabricia y después fue conocido como Ferraia, porque desde allí se exportaba hierro. El pequeño puerto de Portoferraio fue comprado por Cosme I de Médici a mediados del siglo XVI, cuando se levantaron sus fortificaciones. Hoy es la principal localidad de la isla. En agosto un aluvión de veraneantes y excursionistas desembarcan de los ferries y procedentes de Piombino más o menos cada 20 minutos. Pese a todo, los apretujones se compensan con las calles y escaleras del casco histórico, las opíparas comidas en sus restaurantes o regateando el precio de las sardinas con los pescadores en el muelle viejo.

El casco antiguo es una telaraña de calles estrechas que remontan el promontorio desde el muelle viejo hasta las dos fortalezas de Portoferraio: Forte Ferraro y Forte Stella. Desde la plaza central de la ciudad se sube por Via Giuseppe Garibaldi hasta el pie de la monumental Scalinata Medici, un fabuloso espejismo de 140 inestables escalones de piedra que, iluminados por el sol con todos los tonos del ámbar, asciende hasta la oscura Iglesia de la Misericordia, del siglo XVII, donde se guarda la máscara mortuoria de Napoleón.

3. Perseguir a Napoleón en San Martino

Palazzo dei Mulini. ampliar foto
Palazzo dei Mulini.

Para ir tras las huellas de Napoleón en Elba, hay que irse a unos 5 kilómetros del suroeste de la capital, a las colinas sobre las que se alza San Martino, una especie de alquería reformada con una terraza en la azotea donde campan águilas de piedra napoleónicas, y que fue la residencia de verano de Napoleón. En su base se construyó en el siglo XIX una galería que hoy es un museo con exposiciones temporales. Desde la azotea se contemplan unas vistas preciosos.

Una entrada combinada permite ver este museo y el Museo Nazionale Della Residenza Napoleonica, en el Palazzo dei Mulini de Portoferraio, donde vivió Napoleón cuando fue emperador es esta pequeña isla. La visita deja claro que incómodo no estaba: muebles estilo imperio, una biblioteca fantástica, unas vistas del mar que quitan el hipo…

4. Regatear el pescado en el puerto

Pesca del día en Elba. ampliar foto
Pesca del día en Elba.

Para charlar con los vecinos del lugar no hay nada mejor que acercarse al puerto de Portoferraio y esperar a que lleguen las barcas de pesca. La gente empieza a congregarse en el muelle sobre las 09.30 y cuando atracan las primeras barcas, a las 10.00, ya hay una nutrida clientela deseosa de cambiar los arrugados billetes por las capturas del día.

Los barcos de pesca industrial, con unos 10 tripulantes, atracan entre la terminal del ferry y el puerto de la ciudad vieja, en Banchina d’Alto Fondale (frente a Piazza del Popolo): de vez en cuando pescan un atún, lo que atrae a un verdadero gentío, y no digamos a las autoridades del puerto, pero lo que más se suele vender, desde el costado del barco, son sardinas, caballas y boquerones.

Las barcas más pequeñas, con uno o dos pescadores, echan amarras junto a la Caleta Giacomo Matteotti, en el muelle viejo, todas las mañanas a partir de las 08.00. Si no nos apetece regatear, siempre se puede comprar el pescado en la Pescheria del Porto, allí mismo.

5. Tenuta La Chiusa

Tenuta La Chiusa.
Tenuta La Chiusa.

Esto sí que es estilo: una finca a orillas del mar con una alquería del siglo XVI, una villa del siglo XVIII, casi 8 hectáreas de viñedos que descienden hacia la costa, olivares, palmeras y diez apartamentos con cocina, algunos en la playa, en las antiguas casas de los braceros. Cuando Napoleón desembarcó en Elba en 1814, fue aquí donde pasó la noche antes de dirigirse a Portoferraio para ser recibido por la multitud.

La Chiusa es la bodega más antigua de Elba, verdaderamente única, 8 kilómetros al este de Portoferraio, que organiza catas de vinos y ofrece alojamiento. Los huéspedes pueden comprar aceite de oliva y vino en la recepción: y si no les apetece cocinar, el Hotel e Ristorante Mare queda a dos minutos andando por el litoral de guijarros, en el pequeño puerto de Magazzini.

6. Recorrer la isla a pie y en bicicleta

Ciclistas en Elba. ampliar foto
Ciclistas en Elba.

Otra opción es recorrer la isla a pie o en bicicleta por la tupida red de senderos la cubren. Muchos parten de Portoferraio, pero algunos de los mejores caminos tienen su cabecera en puntos más remotos. Entre los mejores:

  • El camino de Santa Lucía a San Martino (unos 90 minutos, muy sencillo), que parte de las afueras de Portoferraio, atraviesa prados y antiguas tierras de labor, y termina en la villa de Napoleón en San Martino.
  • El sendero de 15 kilómetros (ida y vuelta) que va desde Colle Reciso a San Martino, perfecto para ir en bicicleta de montaña.
  • La caminata de 12 kilómetros que parte de Marciana, desciende monte abajo pasando por iglesias antiguas, vistas del mar y peñascos graníticos y se termina en la costa de Chiessi.
  • El Gran Circuito de Elba (de tres a cuatro días y 60 kilómetros de recorrido) que atraviesa la isla de este a oeste (incluido el monte Capanne, su punto más alto), con noche en la costa, pues no se permite acampar en los caminos. Lo mejor es el tramo final desde Poggio hasta Pomonte, pasando por el Santuario Della Madonna del Monte y las rocas del Masso dell’Aquila.

7. Playa, playa y más playa

Rocas cerca de Sant Andrea en Elba. ampliar foto
Rocas cerca de Sant Andrea en Elba.

Elba tiene 147 kilómetros de litoral y un montón de spiaggie (playas) y las hay de todo tipo. Las playas de arena están en la costa sur y, por el lado opuesto, en el golfo de la Biodola y entre el cabo de Enfola y Portoferraio. Las más bonitas y tranquilas se esconden en calas rocosas y a menudo obligan a bajar por cuestas pronunciadas.

A las familias les gusta ir a Enfola, un pequeño pueblo de pescadores a 6 kilómetros al oeste de Portoferraio, donde hay botes de pedales, escuela de buceo y un fácil sendero circular de 2,5 kilómetros. Otra opción es Procchio es un bullicioso pueblecito playero, 10 kilómetros al oeste de Portoferraio. Tiene una de las playas de arena dorada más largas de Elba y los mejores gelato y granita siciliana de la isla en el café-heladería Scalo 70. Es perfecto también para alquilar una bicicleta y darse una vuelta por la isla.

Para los que quieren bucear, están las playas gemelas de Samson y Sorgente, cerradas por acantilados, con unas magníficas aguas cristalinas color turquesa. Y para los que prefieran el kayak y remar mar adentro, un trío de caletas de guijarros y arenas, rodeadas por pinos y eucaliptos: Morcone, Pareti e Innamorata. Y por último Colle d’Orano y Fetovaia, dos maravillosas fajas de arena rubia en la costa oeste de Elba. Lo mejor es el espectacular viaje en coche entre ambas por la carretera litoral del suroeste. Cuenta la leyenda que Napoleón iba con frecuencia a Colle d’Orano para sentarse a contemplar su Córcega natal, visible al otro lado del mar.

8. Empaparse de tradición en Marciana

Puerto en la Marciana Marina. ampliar foto
Puerto en la Marciana Marina.

Es todo un placer deambular por las calles de piedra de Marciana, el pueblo más antiguo y alto de la isla, presidido por una fortaleza casi en ruinas. Hay que caminar entre sus arcadas y sus balconcillos sobre precipicios que descubren anchas vistas de la costa. Pero lo mejor de todo es la corta caminata de medio día que hay desde el pueblo hasta el Santuario Della Madonna del Monte, el lugar de peregrinación más importante de la isla.

Su paseo marítimo, la Marciana Marina, es perfecto para disfrutar de la clásica costumbre Toscana de la passeggiata (el paseo vespertino): terrazas con restaurantes para tomar algo al atardecer, palmeras que dan un toque fresco, y una escapada rápida a la plaza Vittorio Enmanuele, que es con mucho, la piazza más bonita de Elba. Si se tercia, la passegiata puede terminar con una cena en alguna marisquería romántica con terraza junto al mar.

9. Capoliveri y Porto Azzurro

Mercado en Capoliveri. ampliar foto
Mercado en Capoliveri.

En la costa sur, otro pueblo que saca partido de su emplazamiento es Capoliveri, en lo alto de una empinada cresta en el extremo suroriental de la isla. Sus callejuelas empinadas y sus casas encajonadas son muy atractivas, pero lo mejor tal vez es el panorama de tejados y mar que se despliega desde la terraza de piedra de su plaza central, la Piazza Matteotti.

Al este de la cresta queda Porto Azzurro, un agradable pueblo costero presidido por un fuerte (hoy prisión) que mandó construir Felipe III en 1603. Su laberinto de calles peatonales está lleno de restaurantes y terrazas, y tiene buenas playas accesibles en bicicleta.

10. Buscando al conde de Montecristo

Islote de Montecristo. ampliar foto
Islote de Montecristo.

Alejandro Dumas era amigo del hermano de Napoleón, Jerónimo Bonaparte, a quién acompañó en un viaje a Elba. Fue entonces cuando el escritor supo de la existencia de otra isla, la desierta Montecristo, más adentrada en el Mediterráneo, y decidió escribir una novela en recuerdo del viaje.

La famosa historia de Edmundo Dantes y del tesoro que encontró en la isla de Montecristo y que le permitió cobrarse su venganza, es, por supuesto, pura invención (nadie ha encontrado tesoro alguno en Montecristo) pero el relato ha hecho famoso el nombre de este islote al sur de Elba, completamente deshabitado. Está catalogado como reserva natural de caza y sólo se puede acceder en embarcación privada y con permiso. La única construcción que hay en la isla son las ruinas de un monasterio del siglo XIII destruido por piratas en 1553 y una villa del siglo XVIII. O sea que el verdadero tesoro es su ecosistema único y su biodiversidad. Sólo pueden visitarla mil personas al año, en pequeños grupos guiados por expertos, y no se puede acampar ni pernoctar en ninguna zona. Se puede enviar una solicitud de visita aquí.

 

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