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La selva de La Habana

Paseo por el parque Almendares, un bosque tropical en medio de la capital cubana que pasa desapercibido para muchos turistas

Una pareja camina por el Parque Almendares. Ampliar foto
Una pareja camina por el Parque Almendares.

El agua del río, que baja espumosa y templada, atraviesa el bosque urbano más grande de toda Cuba: el parque Almendares. Este gran pulmón que surte de oxígeno a La Habana está compuesto por miles de árboles y plantas tropicales.

Encajado entre los municipios de Vedado y Playa, el Parque Almendares alberga restaurantes, recintos recreativos, caminos de tierra donde pasear integrado en la naturaleza y una academia militar con su cancha de béisbol donde no es difícil ver partidos entre policías jaleados por sus familias.

La idea de modernizar la ciudad con un gran espacio verde se fue madurando durante mucho tiempo, cuando la urbe comenzó a expandirse hacia el oeste. No fue hasta 1959 cuando se inauguró este parque que en los últimos años trata de recuperarse de la dejadez que ha sufrido. 

Varios proyectos ambientales y un vuelco turístico han marcado los últimos tiempos. Además de diferentes exposiciones y restaurantes, existe un anfiteatro para marionetas y actuaciones, unas instalaciones de mini golf y un alquiler de barcas para surcar el río en este inmenso parque que linda con varios barrios de diferentes municipios de La Habana.

Los aborígenes cubanos, que bautizaron al río con el nombre de Casiguaguas, realizaban ritos religiosos en él. En la actualidad se pueden contemplar entre inmensos algarrobos y jagüelles algunas ceremonias de santería, religión que surgió de la mezcla de tradiciones europeas y africanas. Ritos con bailes al ritmo de los tambores y los cánticos, así como ceremonias de purificación durante las cuales los asistentes se bañan en el Almendares.

El Parque Almendares no es el destino turístico más concurrido, pero merece la pena adentrarse más allá de la carretera que lo bordea y sentir los latidos en torno a la vida de un río que José Lezama Lima, autor de Paradiso, calificó como uno de los cuatro grandes ríos junto al Ganges, el Amazonas y el Sena.

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