Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

Un burro en la quinta planta

Lo que vio Pío Baroja en el quinto piso de las Casas Colgadas y otras historias de una ciudad volcada al arte.

Más el puente de San Pablo, la Posada de San José y la Taberna Jovi

Una sala del Museo de Arte Abstracto de Cuenca (con obras de Eduardo Chillida y Eusebio Sempere). Ampliar foto
Una sala del Museo de Arte Abstracto de Cuenca (con obras de Eduardo Chillida y Eusebio Sempere).

¿A quién demonios se le ocurriría edificar una ciudad en un peñasco de semejante calibre? Pues se les ocurrió a los musulmanes, cuando dominaban gran parte de la Península, y ahí sigue Cuenca, aupada a esta roca escarpada y abismal entre las profundas hoces de los ríos Júcar y Huécar. Dicen los libros que esta es una ubicación inverosímil, pero igual de inverosímiles, por su belleza, son sus paisajes oníricos. Y también resulta inverosímil que esta vieja ciudad castellano-manchega se convirtiera en los pasados años sesenta en un centro del arte abstracto y contemporáneo.

10.00 El último ‘ready made’

Una pieza del Museo del Objeto Encontrado. ampliar foto
Una pieza del Museo del Objeto Encontrado.

Antonio Pérez fue uno de los fundadores de la editorial Ruedo Ibérico en el exilio español, vivió la bohemia parisiense rodeado de artistas y ayudando a refugiar a camaradas comunistas. Vendió libros a Foucault o Sartre en la librería La Joie de Lire. Le sugirió a su amigo Juan Marsé el nombre de Pijoaparte para su personaje más célebre y es padrino de Manu Chao. Acabó recalando en Cuenca, con su amigo el pintor Antonio Saura (hermano de Carlos, el cineasta). Y aquí sigue, tras esta agitada existencia, con fundación y todo. Antonio no es un artista al uso: más que crear objetos, se los encuentra: los ready mades de Duchamp, los objects trouvées. En el nuevo centro cultural La Casa Gris (1) está su Museo del Objeto Encontrado (La Casa Gris; Severo Catalina, 11-13), donde Pérez muestra cómo un hierro, un trozo de hormigón o un colorido juguete comprado en un bazar puede metamorfosearse, aplicándole una capa de humor, en una fascinante pieza artística. La fundación (2) (Ronda de Julián Romero, 20; precio de la entrada, 3 euros) que lleva su nombre muestra en su museo B (antiguo convento de las carmelitas descalzas) una nutrida colección (cedida por Pérez) de obras contemporáneas, en las que se encuentran piezas de Chillida, Canogar, Saura, Torner o Warhol.

12.00 Cuenca ‘mainstream’

Ojo, colgadas, que no colgantes. Estas casas, que no cuelgan, sino que más bien se levantan temerarias al borde del precipicio para aprovechar el poco espacio disponible, son el símbolo universal de la ciudad. Las mejores vistas se obtienen cruzando el puente de San Pablo (3), de aspecto industrial y hierro rojo, al gusto de la época en la que fue construido, 1902. No muy lejos está el skyline de rascacielos de Cuenca. Un momento, ¿rascacielos? Bueno, sí, al menos para la época: 12 pisos en el siglo XVI no eran cosa usual. El truco es que, debido a los grandes desniveles entre calles, por un lado del edificio se entra por el bajo y por el otro se accede en la quinta planta, donde Pío Baroja vio asomado un burro y pensó que los nativos estaban locos. La catedral de Santa María y San Julián (4), en una irregular plaza Mayor de edificios coloreados (en recuerdo a los tintes de la extinta industria textil conquense), también tiene sus curiosidades: está a medio construir (es una especie de gótico castrado, sin torres) y muchas de las vidrieras, cambiadas en el siglo XX, muestran motivos abstractos. Antes de comer se puede bajar a la ciudad moderna a conocer el bar La Ponderosa (5) (San Francisco, 20), donde, entre el bullicio, se tapean zarajos, perdices estofadas o revuelto de boletus.

15.00 Almuerzo velazqueño

Una casa colgada de Cuenca. ampliar foto
Una casa colgada de Cuenca.

La canadiense Jenny Morter, recién galardonada por la Confederación de Empresarios de Cuenca, llegó a España hace tres décadas cuando aquí no se tenía mucho cuidado con el patrimonio: “Llegué a tocar El entierro del conde de Orgaz con la mano y a sentarme en el Patio de los Leones de la Alhambra”, cuenta. “Me enamoré del paisaje de Cuenca”, añade, y hoy sigue disfrutando de la ciudad mientras regenta la Posada de San José (6) (ronda de Julián Romero, 4). Este edificio histórico perteneció al yerno de Velázquez y dice la leyenda que el pintor se inspiró en uno de sus salones para la composición espacial de Las Meninas. Lo que sí es cierto es que aquí se puede probar la gastronomía tradicional (ajo arriero, morteruelo, pisto…) disfrutando de unas impresionantes vistas a la rocosa hoz del río Huécar (7). Nunca se sabe dónde mirar, si al paisaje o al plato.

17.00 Colgada abstracción

El Museo del Arte Abstracto Español (8) (Casas Colgadas. Canónigos, s/n) fue abierto en 1966 por iniciativa del artista Fernando Zóbel (ahora lo gestiona la Fundación Juan March) y ocupa el inmueble de las Casas Colgadas, cuyo interior fue rediseñado expresamente para albergar la colección: un museo hecho a medida de la obra. Se pueden ver obras de Torner, Saura, Millares, Rueda, Antonio Lorenzo, Sempere y José Guerrero, que en la época se trasladaron a vivir a Cuenca, creando este caldo de cultivo artístico que aún burbujea. Buena muestra de la actividad cultural actual se congrega en Lamosa (9) (San Lázaro A, 25), un espacio que describen como Laboratorio Modulable Artístico y que está abierto a las últimas propuestas en forma de exposiciones, talleres o eventos.

20.00 A salvo de las bombas

Por la tarde se realiza una visita guiada al túnel de Alfonso VIII (10) (una pequeña parte de la vasta Cuenca subterránea), refugio antiaéreo de la Guerra Civil donde los conquenses se ponían a salvo de los bombardeos (fueron cuatro) del bando fascista: son 90 metros de cueva que se visitan con un colorido casco amarillo a modo de minero. Y para tomar aire, los artículos más modernillos pueden encontrarse en pleno casco viejo: la recoleta tienda Yoko Banana (11) (Colegio San José, 1) contiene un montón de fanzines, postales, espráis, gorros, chapas, jabones, cremas, imanes surrealistas o pequeños robots retro.

22.00 El Secreto y copas

En el rascacielos de San Martín está el restaurante El Secreto (12) (Alfonso VIII, 81), que fusiona la modernidad con la cocina tradicional conquense en un espacio que también rezuma arte. La especialidad: el ciervo, concretamente en forma de albóndiga rellena de queso y crema de patata. El arte también se hace presente, a modo de carteles, pinturas, o artistas de carne y hueso, en las paredes y en las barras de muchos de los garitos nocturnos del casco viejo, como son Los Elefantes (13) (en la plaza Mayor) o el Rothus (14) (San Miguel, 1-7). El pub Los Clásicos (15) (Severino Catalina) ofrece actuaciones musicales gratuitas con frecuencia. Y para alternar en la edad de la elegancia, con paredes forradas de madera y camareros con pajarita, está la Taberna Jovi (16) (Colmillo, 10), de estilo inglés, en la que asomarse, esta vez, al borde de un gin-tonic.

Encuentra inspiración para tus próximos viajes en nuestro Facebook y Twitter e Instragram o suscríbete aquí a la Newsletter de El Viajero.