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100 años de la primera guerra mundial

Moulin Rouge, 1914

El centenario de la I Guerra Mundial recorre trincheras, cementerios y monumentos

Pero también viaja al París de 1914 visitando los hoteles, restaurantes y cabarés donde los franceses se olvidaban del horror de la guerra

El centenario cabaré Moulin Rouge, en París. Ampliar foto
El centenario cabaré Moulin Rouge, en París.

El 28 junio de 1914 es asesinado Fran­­cisco Fernando, heredero del trono austrohúngaro, a manos de un nacionalista serbio. A mediados de agosto, toda Europa está en guerra. Rara es la región que no está surcada de trincheras y sufre el constante bombardeo. Austria, Serbia, Rusia, Alemania, Francia, Bélgica, Gran Bretaña… España, que solo tiene treinta proyectiles para cada uno de sus cañones, se declara neutral.

Un local centenario de París, el restaurante Tour d'Argent. ampliar foto
Un local centenario de París, el restaurante Tour d'Argent.

París es la perla que los alemanes buscan para acabar con los franceses: si toman la capital, el país es suyo. El frente se encuentra a menos de 70 kilómetros. Allí, las tropas británicas y francesas consiguen parar a los germanos a orillas del río Marne, la última barrera para impedir que entren en París; los taxistas de la capital se han organizado para llevar a las tropas al frente.

Las trincheras, los campos de batalla, las iglesias y los cementerios de la zona se engalanan en 2014 para conmemorar el centenario del conflicto, que se extenderá hasta 2018 por toda Francia (y también en los demás países involucrados). En Meaux, donde se defendió París en aquella batalla del Marne, existe un Museo de la Gran Guerra cuya misión es no olvidar. Para lo mismo se ha creado una web (http://centenaire.org) que reúne los actos conmemorativos que tendrán lugar en Francia y los destinos más señalados del llamado “turisme de mémoire”.

El restaurante Maxim's de París. ampliar foto
El restaurante Maxim's de París.

Pero si volvemos al París asediado de 1914, la ciudad vive más cerca de la vida que de la guerra, por muy próxima que se encuentre esta. Los museos siguen abiertos, y los palacios, ocupados. Los parisienses se divierten en los cabarés –el Moulin Rouge o el Follies-Bergère eran ya clásicos de la ciudad– y siguen alojándose en los grandes hoteles –el Ritz o el Crillon estaban entre los mejores del mundo–. Se puede dibujar así otro turismo (quizá de la desmemoria) que viaja a los lugares centenarios donde los parisienses se olvidaban de la guerra. En 2014 podremos comer en los mismos lujosos restaurantes en los que se comía en 1914: el Tour d’Argent o el Maxim’s llevaban años en las guías. En los cafés teatro la es­­trella era Mistinguett, y Mata Hari, después fusilada por espía, escandalizaba con sus strip-teases. Había más de cien establecimientos abiertos para homosexuales; salas de baile, recintos de espectáculos, bares o baños públicos en los que se juntaban los locales con los soldados de todas las partes del mundo para hacer el amor y no la guerra.

Jorge Díaz publicará en 2014 Cartas a palacio (Plaza & Janés), una novela sobre la Primera Guerra Mundial.

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