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rutas urbanas

Voces latinas en el East Harlem

La conservadora jefa de El Museo del Barrio, Chus Martínez, nos guía por esta zona de Manhattan donde la comunidad hispana ha creado un vibrante microcosmos

Chus Martínez es la conservadora jefa del centro de arte de El Museo del Barrio, en Nueva York. Ampliar foto
Chus Martínez es la conservadora jefa del centro de arte de El Museo del Barrio, en Nueva York.

Yo lo tuve claro: cuando me mudé a Nueva York a vivir hace unos meses, quería hacerlo en East Harlem, tenía que estar cerca de mi lugar de trabajo y de muchos de los artistas que forman el museo”. El lugar al que se refiere Chus Martínez es El Museo del Barrio (1230, Quinta Avenida), el centro de arte para el que trabaja como conservadora jefa desde principios de 2013. Chus Martínez (A Coruña, 1972) es una de las comisarias españolas más interesantes del arte contemporáneo actual: Sala Rekalde de Bilbao, MACBA y Fundación La Caixa en Barcelona, Frankfurter Kunstverein y Documenta de Kassel en Alemania, las bienales de Venecia y São Paulo… y así hasta llegar a este museo en Nueva York, tras cuyo nombramiento se situó en el puesto número 45 de la lista de personas más poderosas del arte según la revista ArtReview, siendo la única española en aparecer. Ahora, desde Harlem, se esfuerza en la labor de dar voz a la comunidad de artistas latinos y latinoamericanos en Estados Unidos.

'Welcome to Paradise', instalación del puertorriqueño Héctor Arce, en El Museo del Barrio. ampliar foto
'Welcome to Paradise', instalación del puertorriqueño Héctor Arce, en El Museo del Barrio.

Chus Martínez va cada día andando hasta la privilegiada entrada de El Museo del Barrio, frente a Central Park. Allí, en un museo en el que es la única trabajadora española, visualiza una de las zonas más bonitas del parque, el Conservatory Garden (calle 105, este, con la Quinta Avenida), un lugar para el paseo y las sesiones de fotos de moda que asemeja a un jardín italiano y a otro inglés y que es lugar predilecto para tomar el sándwich de pavo y manzana a la hora de la comida en Nueva York. “Es un lugar especial, íntimo y muy poco conocido por los turistas”, dice Chus Martínez. Pero ella no sale mucho de su espacio de trabajo, situado en la planta baja de un colegio de El Barrio (así llaman aquí al East Harlem) y que es un espacio de bullicio y trasiego continuo, entre niños, profesores, artistas y personal del museo, que lo hace único. “Este museo es una institución artística que tiene como misión principal fomentar el conocimiento del arte puertorriqueño, latino y latinoamericano desde Nueva York. Una comunidad artística e intelectual muy importante, muy activa… Es un reto plantearse de qué modo esta institución ha de contribuir a permanecer fiel a las ideas políticas y estéticas que le dieron origen y, al tiempo, estar atenta a nuevas formas de inclusión de los artistas en la sociedad y en el mundo del arte. Darle un futuro próspero es el reto”, afirma.

El Barrio, el lugar por el que se pasea a menudo Chus Martínez, es un barrio cosmopolita, que en su origen recibió a muchos inmigrantes puertorriqueños y hoy luce sus edificios señoriales, grandes avenidas, parques y niños por doquier. Quizá uno de los locales que mejor representa esto, y hasta donde nos lleva, es el Moustache (1621 de la avenida de Lexington, esquina con la calle 102). “Me gusta mucho este restaurante, su balcón es bastante peculiar, un auténtico placer relajarse aquí”, comenta. Luego nos acerca rauda a enseñarnos la carnicería Casablanca Meat Market (127 este, calle 110), y de ahí, a su pastelería favorita, Saboy Bakery (170 este, calle 110, entre las avenidas de Lexington y tercera). “De aquí me gusta mucho todo lo que tienen, pero su tarta Black Forest con cerezas es única”, nos comenta mientras salivamos.

Libros con sabor latino

Guía

Voces latinas en el East Harlem

Visitas

  • El Museo del Barrio (+121 28 31 72 72). 1230 5th Avenue. Nueva York. El museo abre de miércoles a sábado, de 11.00 a 18.00. Entrada adulto, 6,50 euros.

Información

El Museo del Barrio funciona como un dinamizador cultural del área y de ahí para el resto de la vida artística de Nueva York. “El museo debe funcionar como un gran nexo de unión y de reunión de los artistas latinos dentro y fuera de Nueva York; debe ser lugar de trabajo, de referencia, su casa”, nos cuenta de camino a La Casa Azul (143 este, calle 103). A esta librería, ella es asidua, un espacio donde encontrar volúmenes de cultura latina en torno al arte y la literatura. Por sus estanterías se mueve como en casa.

La gastronomía en el East Harlem es uno de sus valores en alza. La cocina es uno de los dinamizadores de la economía del barrio y son muchos los negocios que están surgiendo y fomentando el peregrinaje de muchos neoyorquinos hasta aquí. “Se come muy bien, me gusta mucho la cocina puertorriqueña”, habla Chus Martínez de La Fonda Boricua (169 este, calle 106), un local que lleva ya más de una década abierto y cuyo arroz con pollo se ha hecho famoso en todo Manhattan. “Donde me gusta estar por la noche, en su patio al aire libre, es en Sweet Jane [172 este, calle 106]”, nos cuenta sobre este local con más de 20 años en el barrio, música en vivo, cócteles y unos sillones de cuero desde donde contemplar a los demás y escuchar las conversaciones ajenas.

Jazz y espíritu ‘speakeasy’

Aunque venir a Harlem y no visitar Red Rooster es como no haber estado. En el número 310 de la avenida de Lenox, entre las calles 125 y 126, está este reciente y ya mítico local que recoge el espíritu, el ambiente y el mismo nombre del ya cerrado local speakeasy (clandestino) de Harlem en los años cincuenta. Por aquel entonces pasaron Nat King Cole o James Baldwin; hoy, el nuevo jazz y las grandes voces también desfilan por este establecimiento. “Vengo bastante aquí, es un local de moda, importante también para entender la cultura de Harlem hoy”, comenta. “Y lo que aquí te encuentras es cultura genuina del barrio, es autenticidad, no solo en el plato si decides cenar, también en la música, en el vestir y en las voces de los que aquí aparecen y desaparecen, en los camareros y hasta en las servilletas”.

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