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trotamundos

Lágrimas en el McDonald's

Al bloguero Popy Blasco le gusta decir que es “gato, gato” cuando desvela las facetas de Madrid

El bloguero Popy Blasco.
El bloguero Popy Blasco.

A Popy Blasco le apasiona Madrid. Al bloguero, que acaba de publicar el libro Yo fui teen en los 90 (La esfera de los Libros), le gusta decir que es “gato, gato” cuando desvela las facetas de la capital.

Madrid es…

Un desastre. Corroboro la decadencia, que empezó con el incendio de la Torre Windsor en 2005. La verdad es que es una urbe que nunca ha estado en pleno apogeo, pero tiene mucha energía creativa.

¿A qué se debe?

Casi todo el mundo es de fuera, lo que hace que la gente esté abierta al despiporre. En esta ciudad, el azar juega sus cartas al nivel de Nueva York. Madrid es una mini-NY, una sucursal pequeñita. La cultura oficialista es bastante pobre, pero existe una escena underground muy interesante y bastante contestataria.

¿Dónde se encuentra esa escena?

En lugares como Watdafac Gallery, muy centrada en el arte urbano; en Coconut, el bar tiki de moda, o en Cazador. Este último, muy hipster y muy tumblr, es el bar go generation de Madrid.

¡¿Go generation?!

Esas personas que mueven proyectos de manera colectiva sin perder su entidad como individuo y sin esperar subvenciones ni dinero público. Madrid siempre ha tenido ese carácter y un espíritu luchador. Por ejemplo, siempre ha peleado los cierres de discotecas. Aquí cierra todo y vuelve a abrir en los lugares más inesperados.

¿Qué es lo más raro que le ha pasado en la ciudad?

Una tarde, tomando una hamburguesa con unos amigos en el McDonald’s de Sol, de repente me empezó a picar mucho la nariz y los ojos. Cuando miré a mi alrededor, no solo mis acompañantes estaban tosiendo sino, toda la gente que estaba allí.

¿Qué había pasado?

Un cliente se había enfadado con una dependienta y decidió soltar gases lacrimógenos. Salimos corriendo y se nos pasó.

¿Su lugar preferido de la ciudad?

Era la terraza de El Corte Inglés de Callao. Ahí estaba la antigua cafetería del lujoso hotel Florida. Ahora han hecho una remodelación. Aunque sigue teniendo unas vistas espectaculares, el encanto de las señoras merendando tortitas se ha perdido un poco. Otro que me gustaba era el Manila de Callao, que ahora es un Benetton en el que no entra nadie. Y para cenar me iría a Federal, donde se come de miedo.

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