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Un atractivo ‘collage’ urbano

Con casi 260.000 habitantes, la segunda ciudad más poblada de Cataluña, limítrofe con Barcelona, ofrece al visitante desde frescos grafiteros a edificios de Toyo Ito y Jean Nouvel

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La verdad es que L’Hospitalet de Llobregat no es Beverly Hills. No tiene fama ni de bonita, ni de lujosa, ni mucho menos de monumental. Construida a trompicones, creció exponencialmente en el siglo XX según llegaron las oleadas de inmigrantes atraídos por la riqueza industrial de la limítrofe Barcelona. La mancha urbana se fue extendiendo sin reparar en las vías del tren, que atraviesan el municipio en forma de “Y”, quedando dividida en barrios separados y mal comunicados entre sí. Es cierto que hoy en día muchos de esos males se han paliado o corregido, aunque parece que solo lo saben sus habitantes. Ahora bien, no hay que olvidar que es la segunda ciudad más poblada de Cataluña. Con casi 260.000 habitantes —es más grande que Vitoria o Granada—, guarda unos cuantos secretos. Por eso hay que descubrir este collageurbano. Con una mentalidad abierta y el mapa del metro en mano, el visitante no resultará decepcionado.

09.00 Desayuno con ‘bikini’

Nada más empezar el día es agradable sumergirse en el ajetreo comercial del mercado de Santa Eulàlia (1) y la peatonal calle de Pareto. Pero primero hay que desayunar. La cafetería La Nostra Granja (2) (Muns, 8) sirve un delicioso bikini (el sándwich mixto de toda la vida) en pan de barra. Luego ya se puede ver el aerodinámico edificio modernista Olis Regàs (3) (Buenos Aires, 13).

10.00 Rudi y House

La Ciudad de la Justicia de Cataluña, de David Chipperfield.
La Ciudad de la Justicia de Cataluña, de David Chipperfield.

Caminando hacia el centro por la calle de Santa Eulàlia se llega al templo neorrománico de Santa Eulàlia de Provençana (4), de arquitectura confusa. En realidad la sorpresa está en el interior. Los murales que decoran el ábside fueron realizados con aerosoles por dos grafiteros en 2012. ¿Algo no cuadra? El párroco de la iglesia decidió decorarlo y eligió a los artistas urbanos Rudi y House. Todo un ejercicio de contemporaneidad que contrasta con la capilla románica original del siglo XI, situada en la parte trasera de la iglesia.

11.00 Doble dosis de arte contemporáneo

Buena hora para visitar el Tecla Sala (5) (avenida de Josep Tarradellas, 44), la institución cultural por excelencia de la ciudad, dedicada al arte contemporáneo. Edward Burtynsky, Ouka Leele y El Roto han sido algunas de sus últimas apuestas. En la actualidad exponen la obra escultórica de Antoni Marqués. Justo detrás del Tecla está la Fundación Arranz Bravo, donde se exponen las obras del artista y otros jóvenes talentos. Por si fuera poco, los dos museos son gratuitos.

12.00 Viaje al pasado

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Ya en el centro de L’Hospi nos topamos con la preciosa calle del Xipreret (6). Hay que destacar los edificios de Can Riera (siglos XVI-XVII), Ca N’Espanya (1563) y L’Harmonia (1595), que alojan diversas dependencias del también gratuito Museu d’Història de l’Hospitalet. En este último hay que ver el pintoresco retablo de Sant Roc, atribuido a dos Jaume Huguet, padre e hijo. Otros edificios significativos son la casa dels Finestrals Gòtics, La Talaia y Ca N’Oliver. Muy cerquita de aquí están la masía Can Sumarro (1580) y la calle de Santa Bàrbara (7), con sus casas unifamiliares multicolores del siglo XIX.

13.30 El ‘cor de la ciutat’

Se aproxima la hora de comer. Las terrazas de la animada rambla de Just Oliveras (8) son el lugar ideal para el aperitivo. Durante el paseo, hay que fijarse en diversos edificios modernistas: las Cases Barates (números 71-79), la Casa Josep Oliveras (31) y la Casa Joan Batllé (29). Y, por supuesto, no debe olvidarse la escultura de l’Acollidora (la acogedora), de Arranz Bravo, un símbolo local. El nombre lo dice todo.Al final de la rambla y girando hacia la derecha por el Carrer Major se llega a la plaza del Ayuntamiento (9), donde destacan dos moles de ladrillo, el edificio de La Caixa y la iglesia parroquial de Santa Eulàlia de Mèrida. Además, hay dos caprichos modernistas, La Botiga Nova y el Estanc del Carrer Major (Major, 54), de reminiscencias de la Secesión, el primero, y mudéjar, el segundo.

Can Colom.
Can Colom.

La oferta culinaria más interesante de la ciudad se sitúa en los alrededores. El Casino (10) (Enric Prat de la Riba, 337) ofrece un menú elegante a un precio más que razonable. Otras buenas opciones son 25 Roselles (11) (Roselles, 25), con sabrosa cocina de mercado; Ca Les Noies (12) (Rossend Arús, 2), de aire más innovador y desenfadado, y el Mug (Roselles, 14), con una cocina moderna y elaborada.

Los golosos disfrutaran con las elitistas pastelería Luquín (plaza de l’Ajuntament, 3) y pastelería Roca (Rossend Arús, 8), dos apuestas seguras. Por lo que respecta al café, el del Porto Rico (plaza de l’Ajuntament, 9), debe ser bueno. Lo frecuenta la clase política local y media ciudad.

16.00 Una isla verde

Nada mejor para bajar la comida que volver sobre nuestros pasos rambla arriba, cruzar el paso de las vías de tren y pasear por el parque de Can Boixeres (13). Sus jardines mediterráneos cuentan con elegantes terrazas, el palacete de la Casa Alta, señorial edificio reformado a principios del siglo XX en estilo clasicista, con esculturas novecentistas, un templete modernista y una torre neomudéjar. Entre el parque y el camino de la Fonteta (14), todavía pueden contemplarse las casas con huertos casi centenarias construidas junto a lo que fue la antigua Riera de la Creu, hoy afectadas por la ampliación del parque.

18.00 La torre roja

La torre roja de Toyo Ito en la plaza de Europa.
La torre roja de Toyo Ito en la plaza de Europa.

Más tarde se impone una buena ración de urbanismo moderno. Nos dirigimos a la plaza Europa y aledaños, conocidos también como la City d’Hospitalet (15), la gran apuesta posindustrial de la ciudad, unos Docklands metropolitanos. Es una lástima que la crisis económica haya ralentizado su consolidación y que ofrezca un aspecto árido. Hay varias propuestas de arquitectos famosos, como el tropical Hotel Catalonia Fira, de Jean Nouvel; la Porta Nord de la Fira de Barcelona y las Torres Fira, de Toyo Ito, con su fascinante atalaya roja, y el prisma invertido del Edificio Copisa, de Óscar Tusquets. Lejos, hacia el suroeste, se avista el bizarro bloque de hormigón y vidrio con ovni del hotel Hesperia (16), de Richard Rogers. En dirección contraria, hacia la capital, se puede seguir por la Gran Vía para contemplar la mastodóntica Ciutat de la Justícia(17), de David Chipperfield: enormes cajas de cerillas con barrotes en tonos pastel de subyugante plasticidad.

21.00 Cócteles en otra dimensión

Acabar esta ruta merece un premio especial. La Coctelería Tirsa (18) (Rafael de Campalans, 174) es una insospechada embajada del refinamiento por el encanto del lugar, las buenas maneras de sus camareros y la factura excelente de sus cócteles. Y si quedan fuerzas para rematar la noche, se puede cenar en el centro y acabar bailando en la sala Salamandra (19) (avenida del Carrilet, 235), una institución en la ciudad cuya fama llega hasta Barcelona. Ofrece una sólida y ecléctica agenda musical, con conciertos de pop, rock y sesiones de DJ.

 

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