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Un café centerario en El Cairo

El Riche es un local histórico donde comer el shish taouk, el fatta o la riquísima musaka

La puerta del Café Richie, en la calle Sharia Talaat Harb.
La puerta del Café Richie, en la calle Sharia Talaat Harb.

Entrar en el Café Riche (17 Sharia Talaat Harb; +20 2 23918873) es como adentrarse de golpe en el Egipto de principios del siglo pasado. Un local con solera donde se dan cita intelectuales, políticos y liberales egipcios siempre dispuestos a compartir con cualquier extranjero una buena conversación acerca de la actualidad del país, tan revuelta desde hace dos años y medio. La cerveza abunda en las mesas de los clientes, por algo el propietario del histórico local, Magdi, es cristiano (la población del país es mayoritariamente musulmana). "Éste no es el Egipto de antes. En los años 50 o 60 había más libertad que ahora", explica el septuagenario, siempre sentado cerca de la entrada del Riche, mientras muestra un puñado de fotos en blanco y negro. En una de ellas aparece la Plaza Tahrir (o Plaza de la liberación) situada cerca del Puente Qasr al-Nil, que cruza el Río Nilo, y hoy referente de la llamada revolución egipcia. En los años 50 solo era la plaza pública más grande del centro urbano de El Cairo.

Magdi habla con añoranza de "los viejos tiempos", aquellos en los que Gamal Abdel Nasser era el presidente de Egipto (gobernó entre 1956 y 1970). El dueño del café muestra orgulloso una foto en la que se le ve retratado junto al que describe como el "único líder de verdad" que ha gobernado el país. Durante décadas corrió el rumor de que fue precisamente en el Riche donde Nasser planeó, junto a Anwar el-Sadat y otros militares del llamado Movimiento de Oficiales Libres, el golpe de Estado que acabaría con el reinado del rey Faruq I, conocido como el Rey excesivo, déspota y cleptómano. Poco después, en 1953, fue proclamada oficialmente la República de Egipto con Abdel Nasser como Presidente.

Magdi cuenta uno de los muchos capítulos de la nutrida historia de este local, donde hasta las paredes parece que dan cuenta de todo lo vivido, mientras a pocos metros desfilan, metódicos bajo una hilera de ventiladores que cuelgan del techo, los camareros ataviados con trajes tradicionales en azul aguamarina y bordados dorados. Cargan con platos típicos de comida árabe como el shish taouk, el fatta, la riquísima musaka o sus reconocidas ensaladas. Un menú variado aunque ligeramente caro (cuesta alrededor de 90 libras egipcias por persona, unos 10 euros) si se compara con otros establecimientos cairotas situados en la concurrida calle de Talaat Harb, a un paso de la Plaza Tahrir y del Museo Egipcio. Sin embargo estos elevados precios no disuaden a locales y visitantes que entran a menudo a disfrutar del ambiente cálido y amistoso del Richie, espejo de la otrora rica vida cultural cairota.

El murmullo es otra seña de identidad del Café Richie. En sus mesas decoradas con manteles en rojo y blanco es frecuente escuchar animadas conversaciones sobre política —de la que siempre gustan hablar los cairotas— o las risas de los encuentros desenfadados entre amigos. También es fácil toparse con algún lector solitario abstraído en las páginas de un libro o de un periódico. Una atmósfera que induce al viajero a imbuirse en el Cairo más romántico, el que añoran muchos egipcios que recuerdan con melancolía aquello de "cualquier tiempo pasado fue mejor".

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