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24 horas en... Alicante

Andenes muy pintones

La rehabilitación de la antigua estación de Benalúa y otros destacables ejemplos de arquitectura contemporánea. Delicias gastronómicas en el mercado central, playas y el arte de Eusebio Sempere

Parada de tren Sergio Cardell, obra del estudio Subarquitectura. Ampliar foto
Parada de tren Sergio Cardell, obra del estudio Subarquitectura.

Alicante es una ciudad cómoda —cuenta con unos 350.000 habitantes— y con un clima excepcional, con inviernos y veranos suaves. Quien se acerque a ella aprovechando la recién estrenada conexión del AVE desde Madrid desembarcará en la zona del ensanche urbano, cerca de la principal arteria comercial, la avenida de Maisonnave. Alicante vive un interesante renacimiento arquitectónico. Un buen ejemplo es la recién rehabilitada estación de Benalúa, que alberga la nueva sede de Casa Mediterráneo, proyecto de Manuel Ocaña en el que destaca la luz y el azul del Mediterráneo de su tejado.

8.00 A la playa en TRAM

Estación de la plaza de los Luceros, proyectada por el arquitecto Javier García Solera. ampliar foto
Estación de la plaza de los Luceros, proyectada por el arquitecto Javier García Solera.

Si el viajero llega en tren, lo mejor es dar un paseo por la avenida de la Estación y detenerse ante la Diputación de Alicante (1), un palacete neoclásico con elementos decorativos barrocos que se inauguró en 1931. A pocos metros, la plaza de los Luceros, cuyo subsuelo alberga una sorprendente estación del TRAM Metropolitano de Alicante proyectada por el arquitecto Javier García Solera. El tranvía nos puede llevar a las playas de San Juan, El Campello, Benidorm o Dénia. En la línea 4, la parada de Sergio Cardell, más conocida como la del queso de gruyere, es también un interesante exponente de la nueva apuesta arquitectónica de Alicante. El estudio Subarquitectura fue galardonado por esta obra con el premio de Arquitectura Joven en la IX Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo de 2007.

9.00 Toca mojama

En el mercado central (2), al final de la avenida de Alfonso X El Sabio, destacan los puestos de pescado fresco y los de salazones. Es el lugar ideal para aprovisionarse de mojama de atún, hueva o pulpo seco. La Rambla (3) divide la ciudad moderna de la antigua, y en los bajos del edificio Prop de la Generalitat se encuentra la oficina de turismo. Al final, la Explanada (4).

10.30 Puertas azules

El ayuntamiento (5), construido sobre la antigua muralla, destaca por su fachada con elementos barrocos. La referencia para medir la altitud sobre el nivel del mar en España es una señal de la fachada del consistorio que se considera el punto cero sobre el nivel del mar. De espaldas al ayuntamiento está la concatedral de San Nicolás de Bari (6). Por la calle de los Labradores se sube hacia el barrio de Santa Cruz, característico por sus casas blancas con puertas y ventanas azules. Desde arriba se divisa toda la bahía, la isla de Tabarca y el cabo de Santa Pola.

13.00 Las olas del Postiguet

La renovada estación de Benalúa, proyecto de Manuel Ocaña. ampliar foto
La renovada estación de Benalúa, proyecto de Manuel Ocaña.

Llega la hora del baño o de la cerveza. Bajamos a la Explanada, el paseo frente al puerto deportivo con sus palmeras y un pavimento que simula las olas del mar dibujadas con miles de teselas de color rojo, blanco y azul. La playa del Postiguet (7) está repleta. Al final de la Explanada se levanta, imponente, la Casa Carbonell (8), de inicios del siglo XX, que recuerda el poderío económico de los industriales alcoyanos. Paseando hacia el muelle de Poniente nos encontraremos el embarcadero de los Kontiki (9), desde donde zarpan los barcos hacia la isla de Tabarca, y al lado está el moderno café-bar Noray. A mitad del paseo de la Explanada, justo detrás del casino, a la altura de La Concha, se esconde una de las plazas más bellas, la de Gabriel Miró (10), conocida como la de Correos. La fuente central, el recientemente rehabilitado edificio modernista de correos y los gigantes árboles tropicales (unos ficus) la convierten en un lugar fresco y encantador. A pocos metros está el Portal de Elche (11), otra plaza con ficus en la que destaca el local 26 Lounge Bar, proyecto del estudio Cor&Asociados

14.00 Calles de San Francisco y de Castaños

Hora del almuerzo. Los arroces de Alicante no defraudan. Siguiendo el paseo del puerto hacia el muelle de Poniente, en la primera planta de la sede del Club de Regatas, está el restaurante Aldebarán (12), una de las mejores opciones para probar, por ejemplo, un arroz del senyoret, con marisco pelado, o un arroz a banda. Si preferimos quedarnos por el centro, las calles de San Francisco y de Castaños reúnen restaurantes interesantes. Después de comer se impone un helado de turrón de Xixona en cualquier heladería autóctona; las más famosas son Azul (13) (Calderón de la Barca, 38) y Espí (Alfonso X El Sabio, 4, junto al mercado central).

17.00 Zona de pescadores

Si nos situamos en la plaza de la Santísima Faz, por la calle Villavieja llegamos a la plaza de la basílica de Santa María (14), que se construyó sobre la antigua mezquita, con portada barroca y, en su interior, un altar mayor de estilo rococó. En la misma plaza está el Museo de Arte Contemporáneo de Alicante (MACA) o de La Asegurada, que atesora los fondos de Eusebio Sempere, uno de los maestros del arte geométrico, y la colección personal de Juana Francés. Muy cerca, en la calle de Gravina, encontramos el Museo de Bellas Artes Gravina (MUBAG) (15), con colecciones de arte alicantino del siglo XIX.

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A través del barrio del Raval Roig, una antigua zona de pescadores, llegaremos, bordeando el Benacantil, al Museo Arqueológico (MARQ) (16), donde descubrimos los orígenes prehistóricos de la zona. Y queda visitar el castillo de Santa Bárbara (17), la fortaleza que domina la ciudad y a la que se accede a través del ascensor desde la playa del Postiguet o en coche.

21.00 Tomates y bacalao

Llega la noche. El barrio antiguo, en los alrededores de la Rambla, cuenta con terrazas muy animadas. En la plaza de San Cristóbal está La Nyora (18), un bar que ofrece productos autóctonos alicantinos (embutidos, salazones, tomates de Mutxamel con capellán, bacalao seco y vinos de Alicante). A partir de ahí se abre todo un abanico de posibilidades gastronómicas. La barra del Monastrell, en el hotel Amérigo (19) (Altamira, 7), tiene un menú degustación por 35 euros que fusiona la nueva cocina con los alimentos tradicionales. Una pista para una cena tranquila: La Sastrería, en la plaza de Gabriel Miró. En el barrio hay terrazas y locales con música, pero si queremos más fiesta quedan los discobares del puerto hasta la madrugada.

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