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Trotamundos

Personajes de manga

Como la estética, la gastronomía y la cultura japonesa le llamaban mucho la atención, la actriz Laia Marull se embarcó rumbo a Tokio.

La actriz Laia Marull. Ampliar foto
La actriz Laia Marull.

Laia Marull se quería ir muy lejos. “A un sitio en Asia”. Como la estética, la gastronomía y la cultura japonesa le llamaban mucho la atención, la actriz, que tiene en cartel Roberto Zucco (hasta el 20 de octubre en las Naves del Español en Matadero Madrid), se embarcó rumbo a Tokio.

Un consejo para recién llegados.

Estar atento a las colas; en Japón se hace cola por todo. Hacen filas incluso para cruzar la calle. ¡Nunca hay que pasarse una!

¿No osaría hacerlo?

No, no. Donde fueres, haz lo que vieres. Recorrí el barrio de Shibuya y me metí en Harajuku, epicentro de chicas cosplayers: vestidas como personajes de manga, juegos de rol, series o películas.

¿Copió el estilo?

Con mirarlas me bastaba. Me sentí en una película en el barrio de Ueno. En esa zona se encuentran algunos de los espacios culturales más importantes de la capital, como el Museo de Tokio, el de Arte Occidental o el de Ciencia, y también el mercado de Ameyoko, un lugar sacado de otro mundo.

¿Por qué?

Se sitúa debajo de la estación de trenes de Yamanote y evoca un escenario de Blade Runner: lleno de bares, puestos que venden casi cualquier mercancía y puestos de comida donde se puede encontrar todo tipo de alimentos.

¿Qué probó?

Además de los típicos pinchos de pollo, preparan unos con el cartílago del ave. Decidí arriesgarme y me quedé con una sensación rara. Luego me dediqué a las conservas de berenjenas o pepinillos que hacen con una salmuera de soja. Todo tiene un gusto muy particular.

Con tanta actividad, ¿logró salir de la ciudad?

Visitamos Kagoshima, una ciudad en la isla de Kyushu, la Nápoles de Oriente. Sobre la ciudad se erige el volcán Sakurajima, que expulsa ceniza todo el día; las calles son grises y la gente convive con el volcán. Cuando llegamos a la isla eran las fiestas y lo celebraban con fuegos artificiales. Fue muy impactante: la gente en la calle, música, el cielo lleno de colores y el volcán rugiendo.

¿Durmió tranquila?

Me relajé en un onsen, uno de los baños termales de origen volcánico que hay en la isla. Forman parte de la tradición nipona y aparecen por todo el país. Cuando entré y me vieron tan turista, me empezaron a indicar, con gestos porque no me enteraba de nada de japonés, el orden en el que me tenía que bañar; las aguas calientes, templadas y las frías. En general, son personas muy amables y hospitalarias.

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