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trotamundos

Con yelmo en Miami Beach

Yayo Cáceres y el resto de integrantes de la compañía teatral Ron Lalá aterrizaron en la ciudad estadounidense con motivo de una representación

Yayo Cáceres, primero por la derecha, y el resto de integrantes de la compañía de teatro Ron Lalá. Ampliar foto
Yayo Cáceres, primero por la derecha, y el resto de integrantes de la compañía de teatro Ron Lalá.

Un premio de teatro catapultó al grupo Ron Lalá a cruzar el Atlántico. Los seis componentes de la compañía teatral, especializada en humor y música y que tiene en cartel Siglo de Oro, siglo de ahora(Teatro Poliorama de Barcelona; hasta el 13 de octubre), aterrizaron en Miami. Nos lo cuenta Yayo Cáceres.

¿Cómo fue el viaje?

Todo bien hasta que llegamos a la frontera. En las maletas llevábamos el vestuario de la obra que representamos actualmente, que se desarrolla en el Siglo de Oro. Nos hicieron abrirlas y aparecieron cinco morriones.

Eso es malo, ¿no?

El morrión es la parte del yelmo que cubría la cabeza y que usaban los tercios de Flandes. Los utilizábamos en uno de los numeritos. Ante la mirada atónita, les explicamos lo que eran. Uno de los agentes se lo probó para comprobar que no era nada peligroso. Con un poco de ayuda diplomática, salimos del paso y nos presentamos en Miami Beach.

A lucir tipito…

Disfrutamos el topicazo de la playa: nos tiramos en la arena y empezamos a mirar; pasaban cadillacs de película y seres humanos de vídeo musical. La ciudad es muy compleja, un lugar entre Estados Unidos y Sudamérica cargado de resonancias y donde todo el mundo habla español. Nos sentíamos como en el Caribe.

¿Por el ritmo?

Estuvimos en una fiesta de salsa en Little Havana. Nos sentíamos como sardinas encajonadas. El ritmo era frenético, los mojitos no paraban de pasar y la gente no dejaba de bailar y de rozarse. Mientras tanto, nosotros nos sentíamos las caderas más rígidas del mundo.

¿Y tras la resaca?

Visitamos el Centro Cultural Español, en el que había una exposición sobre fotos dedicada a la latinidad. También visitamos Microteatro Miami, que es maravilloso. Las obras se interpretan en contenedores de carga y descarga de colores y llenos de grafitis. Al parecer, los actores que actuaban allí eran conocidísimos: lo más granado del mundo de los culebrones.

¿Qué vieron?

Varios montajes, entre ellos Sexo 10.0, una obra nuestra de la que hacían la versión latina. Tras la actuación fui a saludar al tipo que hacía mi personaje.

¿Qué le dijo?

Charlamos un rato y nos fuimos a cenar a un restaurante cerca del aeropuerto. Estaba regentado por cubanos, por supuesto. Disfrutamos de un pescado fresco increíble y servían unas langostas más grandes que tu cabeza.

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