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Breve guía para volar en China

Casi todas las aerolíneas pertenecen al Estado y ofrecen un pésimo servicio, pero hay algunas mejores que otras

Aviones en un aeropuerto de Pekín. Ampliar foto
Aviones en un aeropuerto de Pekín.

Volar en China es tan agradable como cualquiera de sus antiguas torturas. Retrasos, cancelaciones, y un servicio abominable han trascendido la excepción para convertirse en la norma. De hecho, abundan episodios bien documentados en vídeo en los que, hartos de ser tratados peor que animales, pasajeros enfurecidos han arremetido contra cualquier objeto del aeropuerto que lleve el logotipo de la aerolínea en cuestión, provocando en ocasiones importantes daños materiales, e incluso han protagonizado violentas trifulcas con sus empleados.

Quizá por esa merecida mala fama, y después de haber sufrido los rigores de la aviación comercial china, muchos de quienes viajan por el país me preguntan cuál es la mejor aerolínea para volar dentro del país más poblado del mundo. A juzgar por la lista que publica anualmente Skytrax después de haber realizado miles de encuestas entre pasajeros, la respuesta debería ser muy sencilla. Porque sólo hay una aerolínea china que consigue las cinco estrellas: Hainan Airlines.

Sí, la empresa que tiene su principal base en la isla de Hainan, conocida por las playas tropicales de Sanya, sobresale por la calidad de su servicio. Pero únicamente en sus vuelos internacionales, porque en los domésticos es como cualquier otra. De hecho, la mayoría de las aerolíneas chinas son propiedad del Estado, y solo un par de ellas -Juneyao Ailines y Spring Airlines- tienen cierta independencia de lo que dictan las autoridades en Pekín, que tienen mucha culpa en el caos que se vive en los cielos chinos: casi el 80% del espacio aéreo está destinado a uso militar, y el resto vive un embotellamiento perpetuo.

Por eso, a la hora de adquirir un billete, además de las variables obvias -el precio y el horario-, es importante tener en cuenta otros factores. Para el viajero internacional, quizá el más relevante es que la compañía que escoja forme parte de un gran grupo global y permita acumular millas en su cuenta de viajero frecuente. China Eastern, China Southern y Xiamen Air pertenecen a Skyteam, la misma alianza en la que están Air Europa o Air France, y tanto Air China como Shenzhen Airlines forman parte de Star Alliance, el grupo que incluye a Lufthansa, SAS o Turkish Airlines. No hay ninguna asociada con One World, la alianza de Iberia.

Luego, es importante elegir una aerolínea que tenga varios vuelos en la ruta escogida. Las cancelaciones siempre se sobrellevan mejor si hay una alternativa varias horas después y no hay que esperar al día siguiente tirado en un banco del aeropuerto o en la cama de un hotel propio de película de terror. Por eso, merece la pena prestar atención a cuáles son los hubs (centros de distribución de tráfico) de las aerolíneas. China Eastern reina en Shanghái -Shanghai Airlines también le pertenece-, Air China es fuerte en Pekín y Chengdu, y China Southern es imbatible en Guangzhou.

En caso de trasbordo hay que poner especial atención en Shanghái, donde existen dos aeropuertos muy distantes entre sí. Después de casi 200 vuelos internos en los últimos 14 años, puedo asegurar que las aerolíneas más pequeñas, esas que llevan nombres de provincias o de ciudades, suelen ser las menos recomendables. Aunque generalmente los precios suelen ser similares, merece la pena pagar unos euros de más en la hipótesis de que las grandes resulten más caras.

Con todo, hay prácticas muy desagradables que se han extendido a todas las compañías. La más repetida consiste en embarcar al pasaje a la hora indicada y tenerlo esperando a despegar durante horas y horas. Como la información que se ofrece suele brillar por su ausencia, uno es consciente de que va a estar mucho tiempo encajonado en tierra cuando los tripulantes de cabina comienzan a dar de comer con el avión parado. Y es ese el momento en el que suele saltar la chispa del motín. Lo mejor en esos casos es ver y callar. Al fin y al cabo, el espectáculo puede resultar más entretenido que los anuncios de productos de lujo que se proyectan en las pantallas de la aeronave.

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