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Un ovni aterriza en Glasgow

El auditorio proyectado por Foster, el Hydro, descrito como un cruce entre el Coliseo de Roma y un teatro victoriano británico, se estrena en septiembre con un concierto de Rod Stewart

Recreación del nuevo auditorio (en el centro), junto a una grúa portuaria y el Clyde Auditorium. Ampliar foto
Recreación del nuevo auditorio (en el centro), junto a una grúa portuaria y el Clyde Auditorium.

El paisaje urbano de Glasgow se transforma con el Scottish Hydro Arena, un auditorio con forma de platillo volante de 45 metros de altura y 120 de diámetro que ha aterrizado junto al río Clyde de la mano de Sir Norman Foster.

El futurista aspecto externo de este inmenso auditorio circular de elevación inclinada emula a una nave espacial varada junto al río. Una capa traslucida de EFTE (el plástico usado en la industria espacial) recubre todo su perímetro, coronado por una cúpula que se posa sutilmente ladeada siguiendo el sesgo del edificio. El Hydro, que se diluye en los días nublados debido a su homogéneo color gris, resplandece en los (raros) días de sol; y gracias a la multitud de colores de su iluminación nocturna, centellea todas las noches como un ovni.

Su estructura interna, por contra, sigue los cánones clásicos de los anfiteatros romanos, con las gradas circundando el ruedo central. Esta disposición permite que los 12.500 espectadores tengan una visión diáfana de todo el entorno. La cara interior de la bóveda, con su claraboya central semejante a un gran ojo que todo lo ve, parece maravillosamente ligera. Es por eso que pese a sus gigantescas dimensiones, el Hydro (nombre derivado de la compañía energética que lo patrocina) ha sido descrito como acogedor e intimista, un cruce entre el Coliseo de Roma y un teatro victoriano británico.

Este nuevo auditorio se añade al proyecto de regeneración de las riberas del río Clyde. Tras el cese de la actividad de los astilleros (que proporcionaron grandes riquezas a la ciudad y cuyo cierre trajo igual cantidad de miseria) esta zona quedó desolada y triste. Pero Glasgow, que durante años huyó de ella como si estuviese infectada o maldita, ha roto el maleficio engalanándola con la arquitectura e ingeniería más actuales. Ha sido conservada una de las grúas portuarias como recuerdo de las antiguas glorias de la construcción naval. Junto a ella, modernos puentes cruzan las dos orillas, de forma que las nuevas sedes de ITV y la BBC, así como el futurista Science Centre (en la ribera sur), quedan cómodamente conectados con el Riverside Museum, el vanguardista museo del transporte diseñado por Zaha Hadid, y con el Scottish Exhibition and Conference Centre, el complejo donde se sitúa el Hydro.

Este coloso, que se inaugura el 30 de septiembre con un concierto de Rod Stewart, complementará las funciones del Clyde Auditorium, la emblemática sala de conciertos también proyectada por Foster en los años 90 que por su aspecto de animal con escamas es conocida como el Armadillo. El nuevo anfiteatro (que acogerá eventos musicales, teatrales y deportivos) se sitúa ya al mismo nivel que el O2 Arena de Londres o el Madison Square Garden. Pero lo que sin duda lo hará grandioso no será su raro diseño extraterrestre, sino el público de Glasgow, que bajo los sempiternos cielos grises consigue destilar esa alegría vital sin pretensiones, imprescindible para montar los mejores espectáculos.

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