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Ir a surfear en Metro

De una escuela a un club 'after-surf'. Pistas para disfrutar de la costa vizcaína entre ola y ola

A la playa de Barinatxe (Sopelana) se llega en metro, en la estación de Larrabasterra. Ampliar foto
A la playa de Barinatxe (Sopelana) se llega en metro, en la estación de Larrabasterra.

La Costa Vasca, tallada por el bravío mar Cantábrico, es un destino bien conocido por los amantes del surf. Allí está Mundaka, con su famosa ola izquierda, spot ineludible en los más destacados circuitos internacionales. Pero también otras muchas playas más cercanas a la capital vizcaína, accesibles desde Bilbao incluso en metro, como la de Azkorri/Gorrondatxe en Santa María de Getxo o La Salvaje/Barinatxe, en la localidad de Sopelana (estación de metro de Larrabasterra). Con sus impresionantes acantilados y sus prados verdes, proponemos aquí otra manera de conocer este paisaje a través de sus olas, apta igualmente para los menos deportistas.

Y es que, en torno al surfing, muchas de estas poblaciones costeras han desarrollado un mundo de ocio y cultura que busca promover el turismo activo. En la playa de La Arena, por ejemplo (localidad de Muskiz, último enclave surfero al oeste de la provincia, en la frontera con Cantabria) acaba de inaugurarse el primer Centro de Surf de Bizkaia: unas enormes instalaciones que cuentan con escuela de surf, aula de aprendizaje, gimnasio, guardatablas, vestuarios con duchas y cafetería.

También en Sopelana, en la playa La Salvaje cuyas arenas bañan olas de nombre tan evocador como la Triangular, la Corriente o la Batidora, se alza un nuevo edificio multiusos que alberga dos clubs de surf, distintas escuelas locales así como duchas y vestuarios. Y para el momento after-surf y disfrute de los no iniciados con la tabla, encontramos también aquí, a apenas 200 metros de la playa, el Indian Sopelana, un bar de ambiente motero con una bien surtida barra de pintxos, varias terrazas y fiestas House un sábado al mes; y el no menos conocido La Triangu, con amplias zonas al aire libre, un ambiente indiscutiblemente surfero y música en directo (preferentemente rock) todos los jueves de verano (ambos locales se encuentran en la Avenida Arrietara).

En la otra playa de Sopelana, la más familiar Atxabiribil, podemos disfrutar de una buena copa con vistas al mar en otras dos direcciones más que recomendables: el Sunset, un bar con aspecto de saloon del far west y dj residente todos los fines de semana, y el bar El Peñón, un Café del Mar en su versión norteña y en primera línea de playa, una construcción de piedra que cuenta con tres terrazas escalonadas, amplios ventanales para los días en los que el viento sopla con más fuerza y espacio chill-out donde repantigarse en sus sofás picando algo o disfrutando de un mojito generoso mientras suena buena música (ambos locales se encuentran en la Avenida Atxabiribil). Chiringuitos de alta gama todos ellos que han contribuido a que la vida en la playa continúe incluso después de que se ponga el sol.

Unos pocos kilómetros más allá, en la carretera entre Sopelana y Plentzia, encontramos los arenales menos tumultuosos y alejados de cualquier núcleo urbano de Barrika y Meñakoz, ocultas en los pliegues de los acantilados, rodeadas de verdor y en un entorno rural de gran belleza. Meñakoz cuenta con una gran ola derecha de fama mundial solo apta para expertos y Barrika (en el municipio del mismo nombre) es una playa rocosa a la que se accede por unas vertiginosas escaleras y en la que hay que tener cuidado porque prácticamente desaparece con la marea alta. En los campos de hierba de su entorno encontramos mesas para picnic con increíbles vistas, y el Barrika SurfCamp (Urbanización Garramune 39), un caserío del siglo XVI restaurado que ofrece alojamiento, clases y campamentos semanales para niños y adultos, específicos para mujeres o en inglés, en los que el surf se combina con otras actividades como snorkling, yoga, barbacoas…

En lo alto del acantilado de Barrika encontramos, aislado y dominando el paisaje, el último local inexcusable: El Golfo Norte, una cabaña de madera rodeada de terrazas, jardines y palmeras, con barra interior y exterior, snacks y comida tex-mex, donde relajarse y tomarse una copa después de un día cogiendo olas y disfrutando de la que es, para muchos, la mejor puesta del sol en Bizkaia. No hace falta ni que te guste el surf para disfrutar del entorno y su ambiente que se prolonga hasta la madrugada.

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