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Trotamundos

Lecciones de Madrid

La dibujante Raquel Córcoles, creadora del personaje de cómic Moderna de Pueblo, frecuenta la bohemia madrileña

La dibujante catalana Raquel Córcoles. Ampliar foto
La dibujante catalana Raquel Córcoles.

Raquel Córcoles tiene una relación compleja con Madrid. Llegó a la ciudad desde Reus, hace cinco años, y, basándose en su experiencia capitalina, creó el personaje de cómic Moderna de Pueblo. La dibujante y guionista, que acaba de publicar el segundo volumen, Los capullos no regalan flores (Editorial Glenat), frecuenta la bohemia madrileña. Al principio salía por Huertas, una zona que ahora ya casi no pisa.

¿Tribunal es más cool?

Tribunal nos gusta a los modernos de pueblo porque es como el hogar; lo haces tuyo, conoces a la gente y todo el mundo habla. Si vinieran unos amigos, les llevaría por Malasaña y les iría explicando quién es quién: pasaría por la calle del Pez para que conocieran el Zombie Bar, el local donde empezó una de las fiestas más famosas de la capital, y me iría a bailar al Diamante, moderneo absoluto.

¿No agota tanta tendencia?

Cuando los modernos se saturan de tanto moderno, se meten a un bar de viejos como El Palentino y lo ponen de moda. Cualquiera que venga de fuera no entiende cómo mola un sitio con baldosa, tan castizo, ruidoso y atestado.

¿Cuándo se ha sentido más de pueblo?

Cuando entré en un local donde había revistas de tendencias tipo El Duende, Calle 20, Vice… Las estuve mirando, elegí una y fui a la barra a pagarla. Al llegar, me dijeron que eran gratuitas. Me sentí boba. Otro día estaba paseando con un chico por Preciados y apareció un montón de gente corriendo. No entendía nada, cogí al chico del brazo y le grité: “¡Corre!”. Mi acompañante se quedó parado, me miró extrañado, y en ese momento me di cuenta de que los que corrían eran un montón de vendedores del top manta perseguidos por la policía.

¿Qué ha cambiado en la ciudad en este lustro?

Antes parecía todo más casual. Ahora el estilo Berlín ha llegado a Madrid: si abre un bar nuevo tiene que tener todas las sillas diferentes, una estética industrial, como descuidada, pero, eso sí, con todos los detalles pensados.

¿Un ejemplo?

Cazador, el último bar de moda, medio escondido en una callecita de Malasaña, Pozas. Aunque ahora, con el buen tiempo, vivo en modo terraza y salgo por Dos de Mayo, La Latina o la plaza de San Ildefonso. Para conseguir un sitio hay que presionar con la mirada y esperar un rato de pie; eso también lo aprendí en Madrid.

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