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La bodega de Foster en Burgos

Visita a la edificación proyectada por el arquitecto británico para Portia

Las bodegas creadas por Foster destacan por su forma de estrella. Ampliar foto
Las bodegas creadas por Foster destacan por su forma de estrella.

Entre los viñedos de la Ribera del Duero se alza una moderna construcción de hormigón, vidrio, madera y acero, obra de Norman Foster. Se trata de las Bodegas Portia, que se encuentran en la localidad burgalesa de Gumiel de Izán.

Esta peculiar bodega nace de la predilección del grupo Faustino por esta comarca vitivinícola. Los bodegueros alaveses comenzaron aquí su andadura en los años 90, tras la adquisición de terrenos para el cultivo. Su empeño se vio recompensado en 2003 con el nacimiento del primer Ribera del Grupo Faustino, el vino Portia, que cuenta con el galardón de oro al Mejor Tempranillo del Mundo que otorga la Organización Internacional del Vino.

Siguiendo a otras bodegas de diseño, como las de Marqués de Riscal en la Rioja alavesa, de Frank Gehry; las de Ysios en Laguardia, de Calatrava; o las bodegas Protos en Peñafiel, de Richad Rogers (socio del propio Foster en los años 60), el grupo Faustino confió al premio Priztker la construcción de su bodega, fascinados por su estilo funcional, sobrio y práctico que caracteriza su trabajo.

El espectacular diseño de Foster tiene forma de estrella de tres puntas que emerge de la tierra en torno a un núcleo central que articula el conjunto. La elección del terreno donde se ubica la bodega es totalmente estratégica, ya que el propio edificio está situado en una pequeña loma, accesible desde la Nacional I, de modo que las puntas aparecen parcialmente enterradas de forma natural.

Cada una de las alas del edificio se destina a un paso del proceso de creación del vino; la fermentación (que tiene lugar en depósitos de acero); la crianza, en barricas de roble americano y francés, y finalmente el envejecimiento en botellas. Las alas que contienen las barricas y los botelleros están parcialmente enterradas para favorecer el envejecimiento del vino, mientras que el ala de fermentación se encuentra expuesta, para favorecer la liberación de dióxido de carbono.

En el núcleo central está la tolva que es receptora de las uvas recolectadas. Foster añadió una particularidad en el exterior; la carretera que sube hasta la parte superior de la tolva para poder descargar las uvas recolectadas directamente en ella. Este núcleo central alberga además la tienda, la sala de cata, un auditorio, las salas de reuniones y el restaurante.

Las visitas guiadas son todo un éxito. La bodega abre todos los días del año, “salvo en Navidad y Año nuevo”, informa Juan de Burgos, su gerente. “El visitante que es protagonista de todas las fases de producción del vino”. Muy recomendable también es el restaurante de la bodega, que está especializado en platos típicos ribereños, como el cordero asado de Aranda o lechazo. En los meses de verano hay incluso unas jornadas en torno a este exquisito plato. En total 12.500 metros de arquitectura, gastronomía, diseño y vino.

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