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24 horas en... nueva york y nyack

Hopper y la luz de Nueva York

Visita al estudio del pintor en Washington Square y paseo por calles y puentes que le marcaron hasta llegar a Nyack, su pueblo natal, al norte de Manhattan. Allí están las casas que inspiraron ‘Psicosis’

Esquina de la 11ª Avenida con la Calle 51 de Nueva York. Ampliar foto
Esquina de la 11ª Avenida con la Calle 51 de Nueva York.

Para Edward Hopper, Nueva York era su hogar, su mundo, su pesadilla. Era la ciudad que conocía mejor y que más amaba, y eso que había estado tres veces en París. En sus pinturas, Nueva York es un barrio de esquinados puentes de acero, edificios de ladrillo bañados por la luz de la mañana, calles y tejados vacíos. Una urbe horizontal sin multitudes, sin autos ni estrés, sorda y muda. Llena de sol y de ventanas. De figuras quietas, detenidas en silencios eternos. Y esa es la ciudad mental que de la mano fría, tensa, de Hopper vamos a explorar hoy.

8.00 Roosevelt Island

Hopper tuvo en la calle East 59th un estudio que ya no existe. Estaba muy cerca del puente Queensboro (1), el mismo que Woody Allen retrató en Manhattan y del que Scott Fitzgerald escribió que la vista sobre él es como la primera promesa de todo el misterio y la belleza del mundo. Antes que ellos, allí iba el pintor para dibujar ese puente que conecta Manhattan y Queens pasando por la isla Roosevelt (2), que se llamó primero Blackwell’s y albergó una prisión. No le interesaban las postales. Nunca pintó el puente de Brooklyn ni rascacielos alguno, ni siquiera un taxi amarillo, ni el Woolworth o el Flatiron. Subo al funicular y me bajo en la isla. Camino hacia el otro lado del East River. Un remanso de silencio, quietud. La luz de la mañana es aquí prodigiosa. Esa luz que era la obsesión de Hopper, la razón de su vida.

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9.30 Washington Square

 En Washington Square, frente al número 3 del costado norte de la plaza (3). Una hilera de casas neoclásicas (ver Washington Square, de Henry James). Aquí, en el ático, el joven Edward alquiló un estudio en el que acabó viviendo con su mujer, Josephine, también artista. Sus vecinos eran Edmund Wilson, John Dos Passos y E. E. Cummings. Amanda, de la Universidad de Nueva York (NYU), me muestra la sala con chimenea. Corro las cortinas, abro las ventanas de guillotina. Una luz dorada atraviesa la plaza e inunda el estudio, la tarima de roble, el caballete. Otra luz, cenital, viene de la alta claraboya. Aquí pintó Edward Hopper casi todas sus telas, excepto las de Cape Cod. Desde la ventana reconstruyó la vista, suprimiendo los árboles del parque, convirtiendo la animación de la plaza en sombras solitarias. Aunque el estudio era mayor que algunos apartamentos actuales, Hopper se sentía aquí una fiera enjaulada y a veces se iba a caminar sin rumbo mientras Jo se quedaba en casa. Decía que vivir con una mujer era como vivir con dos o tres tigres.

11.00 Inicios en una pequeña villa

Mi hija y su novio, hoy neoyorquinos, me recogen en auto y pasamos el puente George Washington (4) en Harlem. Contemplamos desde las rocas el Hudson, antiguo glaciar, un mar plácido que entra en la ciudad. A lo lejos, Manhattan parece un cartón fosco recortado con tijeras. Nos detenemos en el Lamont-Doherty Earth Observatory, donde trabaja mi hija mayor. Llegamos a Nyack (unos 7.000 habitantes). La calle en la que nació Hopper (82, North Broadway) (5) está flanqueada por casas de madera pintadas de azules pálidos, cremas, sienas. Su casa se conserva intacta. La habitación de Edward mira al Hudson. El sol penetra por las dos ventanas a la vez. Cuando se fue a estudiar arte a Manhattan volvía muy a menudo a esta habitación, donde también dio clases de pintura. Hay algunas obras primerizas y dibujos.

13.00 Huellas de una vida interior

Una de las mansiones de Nyack que pintó Hopper. ampliar foto
Una de las mansiones de Nyack que pintó Hopper.

Las calles de Nyack están llenas de tenderetes, este día hay mercado y mucha animación. Comemos en el River Club (6), un restaurante al borde del agua que sirve buenos scallops fritos (vieiras). Y seguimos luego las huellas de Hopper en Nyack. Los porches frontales de sus casas le inspiraron varios cuadros, como Summer evening (Tarde de verano), y la casa Pretty Penny, que se encuentra en la misma calle donde vivió. Más adelante está la esquina pintada, 7 AM (Las siete de la mañana), un escaparate ahora vacío, antesala del limbo que fue para él Nyack. Debemos trepar por la colina del cementerio (7) abierto para dar con su tumba, en la que reposa junto a Jo. Edward Hopper (1882-1967). El que cinceló las fechas en la lápida se equivocó y tuvo que rectificar el 3, pues era un 2, queda esa huella. Desde la tumba se divisa el Hudson y el Tappan Zee Bridge.

17.00 La casa de Norman Bates

Vamos a Haverstraw (8), un pueblo cercano donde está la casa de House by the railroad (Casa junto a la vía del tren), hoy en el MOMA (9), aunque es el Whitney (10) el museo que tiene más obra suya. Hopper no era un pintor realista. Esa casa siniestra en la que algo va a ocurrir la construyó en el estudio a su manera, sólida y enigmática como una pirámide. Hitchcock se inspiró en el cuadro para su película, y diseñó la casa del crimen a su imagen y semejanza. Vemos la mansión original para intentar ver qué vio Hopper en ella que ya no está o quizá nunca estuvo. Al salir del pueblo topamos con otra muy parecida y nos preguntamos si la de Hopper es una mezcla de las dos.

19.00 Habitación en NY

El parque High Line (con el hotel The Standard), en Manhattan (Nueva York). ampliar foto
El parque High Line (con el hotel The Standard), en Manhattan (Nueva York).

Chelsea, Manhattan. Hopper era alto, delgado, un caminante. Tomaba su sombrero, musitaba una excusa y se perdía en cualquier dirección. Lo retenía todo, sus cuadros eran pura síntesis. El nuevo parque elevado que recorre la High Line (11), las vías de los viejos trenes, es en realidad un homenaje a Hopper. Desde fuera entramos en todas las ventanas como en uno de sus cuadros. Y seguimos caminando, mirando. La noche aviva las calles, puebla las sombras. Una slice (porción) de pizza en Joe’s (12).

22.00 Halcones nocturnos

Edward cazaba por las noches en su propio barrio, Greenwich Village. ¿Dónde cobró su obra maestra, Nighthawks (Halcones de la noche o Noctámbulos)? Algunos dicen que el coto de caza estaba en una esquina de Greenwich Avenue, donde la calle 11 encuentra la Séptima Avenida (13). Yo creo que ese bar lo formó en su imaginación, que iba más allá de las cosas, a base de rojos, azules, negros y blancos. Misterio urbano, en ese cuadro y tantos otros suyos está el Nueva York oculto, tan real como el que ahora se transforma cada mañana.

» José Luis de Juan es autor de la novela Sobre ascuas.

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